Miradas
Miércoles 03 de Octubre de 2018

Los que sí luchan contra las drogas

El flagelo de la droga atrapa a gente de todas las edades y estratos sociales. Es una realidad que duele y nadie está exento de verse afectado directa o indirectamente en sus consecuencias. Es desesperante para los padres que conocen de cerca esta realidad porque alguno de sus hijos consume estupefacientes de algún tipo y no es fácil encontrar una salida.
Quienes pueden pagar un tratamiento, ambulatorio o por internación, quizás tienen más chances. Pero aquellos que no cuentan con recursos y atraviesan una situación económica y social vulnerable, ven con lejanía la posibilidad de que ese familiar que padece esta enfermedad se recupere.
Hasta ahora el Estado entrerriano no cuenta con un centro asistencial que propicie la contención necesaria para que quien atraviesa esta problemática situación pueda salir adelante. Solo apoya de alguna forma u otra a las instituciones que nacieron al albor de la voluntad de organizaciones sociales preocupadas por esta cruenta realidad que se roba numerosas vidas cada año, y que a pesar de no contar con un presupuesto preciso tomaron el compromiso de asistir a jóvenes y adultos que cayeron en la droga, con un proyecto de vida que los invite a confiar en el porvenir, a soñar con superarse y con la esperanza de un futuro más promisorio.
Así comenzó la Fundación Lázaro, por iniciativa de un grupo de sacerdotes y laicos católicos conmovidos por la crudeza de los testimonios de quienes padecen la dependencia a diferentes sustancias. Con apoyo del Arzobispado, que los avala y les cedió un espacio en calle Caputto 1153, en Paraná, emprendieron hace menos de tres años la titánica tarea de ofrecer a personas sin recursos un tratamiento, brindándoles capacitación para que tengan una salida laboral, procurando que puedan tener un acercamiento a una realidad distinta a la que venían viviendo a diario para que puedan transitar un camino de fe y ganarle la batalla a las drogas.
Cuando empezaron con esta iniciativa lo hicieron contando con la misericordia de la gente que con donaciones se propuso ayudar. Si bien en la actualidad reciben algún apoyo gubernamental, siguen sosteniéndose gracias a la colaboración de la comunidad y además hoy en día administran los recursos que producen en su propia granja y en los talleres que funcionan en el lugar, donde los jóvenes aprenden a transformar con sus manos la materia prima y el entorno.
Emprendedores, en un local del lugar montaron una verdulería y la venta al público de lo que ellos mismos siembran y cosechan es una fuente de ingresos y de inclusión social. También desde hace un mes lavan autos, camionetas, motos y camiones. "Es para enfrentar la crisis", explican en su página de Facebook promocionando el servicio, mientras buscan la manera de seguir adelante sin bajar los brazos.
A principios de agosto lograron abrir una filial en Santa Elena, en una vieja casa parroquial que quedó en desuso. Jorge Achor, responsable de la Fundación Lázaro, contó a UNO: "Para nosotros es muy importante contar con esta filial, debido a la gran necesidad y demanda que hay".
Los proyectos en la institución se siguen multiplicando, y la semana pasada impulsaron una serie de charlas de la mano del investigador y documentalista colombiano Frank Zapata, para concientizar sobre las consecuencias de la droga en localidades como Santa Elena, Feliciano, La Paz, Paraná, Bovril y Colón.
Cuando algo se emprende con convencimiento, compromiso y generosidad, seguro da sus frutos. En este marco, la expansión de esta loable obra tomó un impulso irrefrenable y ya piensan en promover más espacios a quienes la sociedad y el Estado muchas veces les dan la espalda.
Que se abran más puertas es una muestra de que existe un compromiso genuino, que se solventa con la solidaridad. Quien desee extender una mano y colaborar también, puede llamar al (0343) 4364694 o 154637380; todo es bienvenido para seguir alentando una obra necesaria, que nació desde la ganas de ayudar. Porque, tal como lo canta el gran músico cubano Silvio Rodríguez, "no hacen falta alas para hacer un sueño, basta con las manos, basta con el pecho, basta con las piernas y con el empeño".

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