Hoy por hoy
Viernes 02 de Marzo de 2018

¿Llegarán a tiempo?

Lo que más molesta de viajar en colectivo es la espera, ese es el reclamo principal y no es nuevo. Después está el precio que se paga por el servicio, si se va apretado, la demora en llegar a destino, la cantidad de cuadras que hay que caminar hasta la parada, la falta de un techo cuando hace calor, frío o llueve durante todo esos minutos en los que se aguarda la llegada de la línea.

En el municipio hablan de "un inédito proceso de participación y discusión pública" para todo un período que con certeza pudo haber sido histórico e importante para los usuarios del transporte público de la capital provincial. Y esos usuarios son jubilados, estudiantes, desocupados y trabajadores en general. Usan el colectivo los que no tienen otro vehículo, los que no saben manejar, los que no tienen para otras opciones. Hablan las estadísticas de que por lo menos un tercio de la población aguarda en la parada por su línea a diario. El colectivo es una necesidad, y habrá que reconocer –y que lo desmienta cualquiera– que si algo tiene de bueno viajar en el transporte público local, es en general la atención y predisposición de la mayoría de los choferes, tanto que con el paso del tiempo y la regularidad uno los va conociendo, se va haciendo amigo y llega una mañana cualquiera en que ese hombre espera, aunque el pasajero se haya quedado dormido y lo vea a las corridas a más de media cuadra de la parada.

El proceso hasta aquí para ese llamado "nuevo servicio" fue largo, más de lo anunciado y prometido. Fue presentado como un período de discusiones y sí las tuvo; de decisiones, con definiciones de un marco con lineamientos generales; también una audiencia criticada, pero en la que hubo lucha por la participación; y una licitación que en el fondo no trajo, en su resultado final, grandes sorpresas. Hoy, al estudiar un poco los nuevos recorridos que fueron presentados y que iban a iniciar en febrero, por lo menos en varios de ellos se advierte enseguida que simplemente achicaron las trazas a realizar, es decir que determinadas líneas –quizás con el fin de que el colectivo llegue más rápido– con el nuevo sistema tendrán menos cuadras para hacer. No hace falta ser un especialista, solo hay que revisar las cuadras por donde circulará la línea que uno habitualmente utiliza.

Ante esto, fueron varios los barrios y las zonas de la ciudad en donde hubo descontentos y algunos se hicieron notar más que otros con manifestaciones previas al inicio del nuevo servicio.

Alguien puede decir que quizás estaban impulsadas por opositores a la gestión, pero por ejemplo, entre Paraná XIII y Paraná XVI llegaron a prender fuego en la calle para que no se quite la cabecera de la Línea 7 de ese lugar. Y al recorrer el reclamo, quienes estaban ahí con la queja en la punta de la lengua eran mujeres, en su mayoría las mismas usuarias y las madres de los chicos que utilizan ese servicio desde hace años. Decían que el lugar y lo justificaban en concreto, que donde pretendían llevar el nuevo inicio del recorrido de esa misma línea quedaba a pocas cuadras, pero eran muy peligrosas sobre todo para hacerlas de madrugada o de noche.

Hubo cambios importantes: dos líneas nocturnas, aquellas pedidas por los intendentes de las ciudades vecinas, la tarjeta SUBE con sus beneficios y el boleto gratuito para estudiantes entre otras medidas similares que se deben reconocer. Pero hoy, tras la marcha atrás con la implementación del servicio, uno se puede preguntar: ¿qué van a cambiar del proyecto de aquí hasta mayo? Si ahora van a darle participación a los vecinos en la decisión de las trazas, ¿por qué no lo hicieron antes? Habían informado que dejaban para el mes cinco el inicio de la nueva concesión. Por ahora, en las paradas, y con solo preguntar, hay quienes ya no tienen tantas expectativas de una mejora sustancial; y a uno se le viene la idea de que quien planificó el cambio, sea quien sea, hace muchos años que ya no se toma ni un solo colectivo para llegar a tiempo y hacer bien su trabajo.


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