Miradas
Viernes 24 de Agosto de 2018

La noticia previsible

Ayer una de las noticias que alteraron la oferta previsible de títulos periodísticos fue que en el volcadero municipal de Paraná un camión recolector pisó a un chico de 16 años que dormía tapado con cartones.
En la página 7 de la edición de hoy se publica una buena nota sobre el tema y tal vez lo que escriba en este espacio sea repetitivo, y de anteriores notas; pero siento que después de más de cuarto siglo trabajando como periodista en esta ciudad no puedo dejar de señalar que este accidente es el tema más importante del día, y a la vez la noticia más previsible.
Admito que puede tratarse de la reacción culposa de una persona a la que cuando le hablan de la problemática de los residuos sólidos urbanos, en lo primero que piensa es en la recolección; o que se acuerda de la problemática del volcadero a cielo abierto cuando el viento trae el humo para el lado del centro. Y pienso también que tal vez esa sea una de las muchas razones por las que las demandas que los paranaenses le planteamos a los diferentes gobiernos no hacen especial hincapié en el tema del basural.
Dicho esto, supongo que lo ocurrido tiene lógica. La gente come y duerme entre la basura para estar más cerca del camión que llega a descargar los residuos y así poder agarrar lo mejor. Tal vez el pibe tuvo un mal día, estaba cansado, y se durmió. Tal vez pensó que era imposible no despertarse con el ruido del motor.
Pobre el trabajador municipal que manejaba y le tocó vivir esta situación. Obviamente no advirtió su presencia, como tampoco lo advirtieron otros camioneros que han provocado heridas, amputaciones, y hasta la muerte de personas en esa circunstancia en la cual los más pobres de todos corren detrás del camión municipal, se cuelgan del vehículo, se atropellan para llegar primeros con el mismo entusiasmo que lo hace el perro mascota cuando le damos de comer. Pero con mucho más hambre, con hambre de días, semanas y meses. Y sin demasiadas certezas tampoco de encontrar ese alimento, o aquellas cosas que luego vendidas a acopiadores de dura lógica comercial, les permitan parar la olla.
Este gurí no fue noticia porque logró superar esa situación de extrema pobreza, aún sabiendo que a veces las historias de superación individual son la excepción que confirma la regla de las postergaciones colectivas. No. Fue noticia porque estaba ahí, como aquel al que le quedó el pie atrapado en la compactadora, y le pasó lo que tenía que pasar, en algún momento.
El que se pincha con cualquier cosa, se corta, se intoxica, o muere a los 40 años a fuerza de respirar el humo de la quema, tal vez no será nunca una noticia. ¿Qué le espera a este pibe cuando salga de hospital? ¿Nada? ¿Volver al basural, ahora rengo? Posiblemente.
Y si no fuera así. Si a raíz del accidente algunos corazones solidarios (y hay muchos trabajando en la zona) o el Estado Presente Tardío le brindaran contención y alguna oportunidad mejor que lo ha sido hasta ahora su vida, sería justo con los otros pibes. Sería justo con las otras personas que viven allí, de la basura. Alguno pensará incluso que tuvo la suerte de que lo pisara el camión.
La pobreza creció en estos últimos años. Yo lo verifico –por ejemplo– cuando me voy de la Redacción a la noche y veo gente haciendo cola para revolver los contenedores de basura. La política económica es excluyente, pero esa no es la única explicación; ni del tema del volcadero ni de la pobreza.
Diferentes gobiernos municipales han intentado algunas modificaciones, al menos a la forma en que se trabaja en el volcadero, pero las cosas no cambiaron demasiado. Es posible que tampoco cambien a corto plazo, y a veces el largo plazo nos desanima, y preferimos la postergación indefinida. De lo contrario, deberíamos ser más exigentes con las políticas públicas relativas al sector.
Allá por el año 2002 o 2003 un camión aplastó a un gurisito de 7 años, le decían Laucha. Recuerdo que me tocó hacerle una nota a su mamá, que lloraba las lágrimas amargas de lo inevitable, si no era ese gurí hubiera sido otro. La crisis social y económica de entonces dificultaba pensar en que la situación fuese a mejorar rápidamente. Pasó aquella crisis, pasaron las años, y las cosas no cambian.

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