Miradas

La modesta utopía de los consensos

La voluntad de arribar a consensos más allá de las diferencias, una pequeña, modesta, endeble, poco ambiciosa, pero necesaria utopía.

Miércoles 27 de Julio de 2022

La dirigencia política argentina debe inventar una nueva utopía; la de construir consensos. En el actual escenario, tener esa utopía en el horizonte sería algo bueno, según se desprende de la segunda acepción del diccionario: “Proyecto, deseo o plan ideal, atrayente y beneficioso, generalmente para la comunidad, que es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable”.

Desde hace años, es muy improbable que exista un consenso entre las principales fuerzas políticas del país que permita adoptar medidas que sean efectivas para hacer frente a la crisis económica que golpea a la mayoría de la población. De hecho, el Estado nacional carece de Presupuesto porque la oposición parlamentaria no lo hizo posible, por ejemplo. Tampoco se observa hasta ahora que desde el oficialismo exista voluntad de diálogo que posibilite arribar a acuerdos. Se suelen escuchar voces que desde el Frente de Todos reclaman que en vez de tantas críticas haya propuestas, pero no se generan espacios para el intercambio y la escucha.

Lo peor de todo es que el consenso tampoco existe en el interior de la coalición gobernante. La autolimitación de Cristina Fernández de Kirchner al decidir ser candidata a vicepresidenta y designar a Alberto Fernández como cabeza de fórmula fue una jugada efectiva que, con la consolidación del Frente de Todos incorporando al massismo y movimientos sociales, fue útil para ganar la elección en 2019. Pero no viene sirviendo para gobernar. Tampoco tuvo envión suficiente en el terreno electoral y en 2021 la mayor parte del electorado votó en contra. Los últimos meses, como todo el mundo sabe, fueron tumultuosos en el seno del Frente, con un nivel de enfrentamiento pocas veces visto puertas adentro de un gobierno.

El consenso puede darse no solo entre fuerzas políticas sino entre éstas y las empresas, los sindicatos, los credos, las organizaciones sociales, las universidades. Existe el Consejo Económico y Social, es cierto, que se autopercibe como “un órgano colegiado y de participación ciudadana creado por el Poder Ejecutivo nacional para el debate informado y la búsqueda de consensos sobre prioridades estratégicas para la Argentina querida”. De este ámbito, que preside Gustavo Beliz, no han surgido acuerdos para políticas de Estado necesarias en esta coyuntura.

No hay que olvidar que el principal consenso que debe poseer un gobierno es el que construye con la sociedad y que se expresa cada vez que hay elecciones, con la voluntad de la ciudadanía depositada en una urna. El Frente de Todos fue gobierno prometiendo que empezaría por los últimos, que entre los bancos y los jubilados optaría por los jubilados, que recompondría el salario seriamente deteriorado durante el macrismo. En síntesis, el voto por la fórmula Fernández-Fernández fue un voto para que mejorara la economía, y no solo la de los indicadores macroeconómicos, sino fundamentalmente la llamada “economía real”, la del changuito del supermercado. Comer, vestirse, curarse. A dos años y medio, esto no se está cumpliendo.

El voto es muy distinto a un cheque en blanco. El contrato electoral debe respetarse, de lo contrario la legitimidad se erosiona y la imagen de un Presidente puede transfigurarse: de docente de Derecho Penal que sin dejar de lado sus responsabilidades institucionales sigue dando clases y tomando examen, a un festival de memes.

La historia reciente muestra ejemplos de pactos políticos y sociales, como los que impulsaron Eduardo Duhalde en 2002 y Juan Perón en 1973. Pueden tenerse en cuenta para entender que es posible saltar grietas y, por supuesto, para no repetir errores y no celebrar acuerdos en los que quienes más pierdan sean los trabajadores y los pobres.

Lograr consensos es por ahora imposible. Esa es una condición para que haya utopía. La otra es que haya voluntad de llevar adelante el diálogo más allá de las diferencias. Si eso ocurre habrá una pequeña, modesta, endeble, poco ambiciosa utopía. Pero necesaria para avanzar.

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