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La gran esperanza

Lunes 21 de Octubre de 2019

Octubre es para las comunidades educativas franciscanas una oportunidad más de sembrar en los niños y adolescentes la semilla del respeto por la madre tierra, tal como San Francisco de Asís predicaba.

Con diferentes acciones se planta en el imaginario de los jóvenes el cuidado por la casa común: el planeta. Por ejemplo estrechar lazos y generar fraternidad para con los otros y de esa forma promover acciones conjuntas que puedan generar conciencia.

Si de la escuela llegan con una botella plástica para reciclar papeles y hacer ecoladrillos, hay que estimular ese concepto y colaborar. Y no sólo en la familia chica, sino extendiendo al resto del clan: abuelos, tíos, primos. Así los niños se dan cuenta de la importancia que tiene ese pequeño gesto de separar residuos para comenzar con el cambio.

El jueves el papa Francisco –que eligió el nombre y el carisma del patrono de la ecología– presentará su libro bajo el título Nuestra Madre Tierra y uno de sus capítulos se titula “La gran esperanza”. Así lo informó el diario italiano Corriere della Sera, que publicó un adelanto del mismo.

El texto es una recopilación de discursos, mensajes y homilías en los que el pontífice se pronunció en defensa del medio ambiente y de una vida digna para cada ser humano.

Allí el Papa argentino incluyó un escrito inédito en el que solicita pedir perdón por el daño causado al planeta. “La crisis ecológica que estamos experimentando es uno de los efectos de esta mirada enferma sobre nosotros, sobre los otros, en el mundo, con el paso del tiempo, una mirada enferma que no nos hace percibir todo como un regalo ofrecido por descubrirnos amados”, y puntualiza cómo ahora se sabe que la contaminación, el cambio climático, la desertificación, la migración ambiental, el consumo insostenible de los recursos del planeta, la acidificación de los océanos, la reducción de la biodiversidad, “son aspectos inseparables de la inequidad social”. Pero también se pronuncia sobre “la creciente concentración de poder y riqueza en manos de muy pocos y de las llamadas sociedades del bienestar, de los alocados gastos militares, de la cultura del descarte y de una falta de consideración del mundo desde el punto de vista de las periferias, de la falta de protección de niños y menores, de los ancianos vulnerables, de los niños no nacidos”.

Sin embargo, el título del capítulo reseña que hay esperanza en que la sociedad reaccione, y así lo expresó Jorge Bergoglio: “Sueño sinceramente con un crecimiento en la conciencia y un verdadero arrepentimiento por parte de todos nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, creyentes y no, por parte de nuestras sociedades, por dejarnos llevar por lógicas que dividen, crean hambre, aíslan y condenan. Sería bonito poder pedir perdón a los pobres, a los excluidos; entonces podríamos arrepentirnos sinceramente incluso del mal hecho a la tierra, el mar, el aire, los animales”.

Francisco también escribió que “se necesita mucho amor para dejar de lado el propio orgullo, darse cuenta de que estabas equivocado y para tener la esperanza de que son realmente posibles nuevos caminos”. Es por ello que para el papa Francisco, el arrepentimiento “es una gracia para ser humildemente implorada al Señor Jesucristo, para que en la historia, nuestra generación sea recordada, no por sus errores, sino por la humildad y la sabiduría de haber podido revertir la ruta”.

Seguramente no alcanzará con enseñarles a los chicos a no tirar los papeles en la vía pública, evitar derrochar agua lavando el auto o ahorrar energía apagando las luces encendidas innecesariamente, pero son ejemplos que ellos imitarán inconscientemente y que serán el puntapié para realizar un cambio cultural que proteja el hogar de todos.

El legado ecologista de San Francisco de Asís consiste en enseñar a repensar el lugar en el orden creado, de modo que el bienestar humano esté integrado en el bienestar de todas las cosas. La visión franciscana ayuda a ver la vida como un gran regalo.

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