Hoy por Hoy
Lunes 29 de Abril de 2019

La era del escrache virtual

En la era de la comunicación por las redes sociales parece que se rompieron todos los límites. Lo que antes formaba parte de la esfera de lo privado trascendió a lo público a través de las pantallas. Pero de una forma brutal, descarnada, sin filtros. Tanta información circulando no equivale a veracidad en lo que se transmite, se comparte en Facebook, Twitter, Instagram, y podemos seguir con la lista. Puede ocurrir que en esa inmediatez un posteo cualquiera se transforme en un hecho periodístico, pero adaptado a la interpretación de cada medio en cuestión, y suele ser frecuente que a veces se pase por alto el grado de corroboración necesario que ello requiere. Periodismo ciudadano es el nombre que se le suele asignar a la nueva forma de participación que instauraron los medios digitales para lograr una mayor empatía con sus lectores.
Con esta introducción pretendo contextualizar lo que ocurrió con el caso del jardín de infantes que gracias a un posteo de una persona en su perfil de Facebook, primero se volvió viral en las redes, y luego a fuerza de tanta repetición, captó la atención de los principales portales de noticias de la ciudad de Paraná. "Ahí está el nene, en la lluvia, llorando. Hace dos horas y media que no lo atienden. Sigue llorando y se está cayendo de la sillita. No hay nadie... no hay nadie. Está en el medio de la lluvia. Nadie lo atiende y el nene se está cayendo", describe con celular en mano el testigo ocasional de la escena, al parecer desde una casa vecina al jardín. Y retoma su relato: "No para de llorar desde hace dos horas y media, y ninguna de las profesoras lo atiende. Así las cuidan a las criaturas. Sigue llorando, está prácticamente en la lluvia, y nadie viene a atenderlo".
Cualquiera que haya visto el registro fílmico, habrá sacado sus propias conclusiones. Pero nunca ser un observador imparcial de una situación que involucra a un menor de edad. En el video se muestra a un niño, al parecer de más de 1 año, al que apenas se le ven las piernas mientras está sentado en un sillita de comer y en forma imperceptible, se escucha cada tanto un llanto. Claramente se puede advertir que no está acompañado por ningún adulto, pero si bien está lloviendo en ese momento el chico está cubierto por una galería que da un patio interior de la institución. El vecino-denunciante de esa situación también plantea que el niño hace dos horas que está llorando, pero el video apenas tiene una duración de 1' 29". Son solo algunos elementos que permiten demostrar que se está faltando a la verdad, o en todo caso, tergiversando una situación sin tener la acabada certeza de lo que verdaderamente está ocurriendo.
Y aquí es donde surgen varias preguntas para ejercitar las buenas prácticas periodísticas, sin dejarse llevar tanto por el mandato de ampliar las audiencias. ¿El vecino que filmó el video, o la persona que después lo compartió, no pudieron haber dado aviso antes a la Policía o a las autoridades del jardín maternal? ¿Se pensó en qué se estaba vulnerando alguno de los derechos fundamentales de los niños, establecidos en la Convención sobre los Derechos del Niño? Claramente se quiso igualar este caso con otros donde fueron denunciados supuestos maltratos en guarderías de diferentes ciudades del país. Es recordado el escalofriante episodio ocurrido en el Jardín Tribilín, en la bonaerense localidad de San Isidro, donde dos docentes y tres auxiliares fueron encontradas culpables de los gritos, insultos y supuestos golpes a 40 nenes de entre 3 y 5 años, en 2013. Por lo pronto, la directora del establecimiento educativo salió a desmentir lo difundido en el video casero, afirmando que el bebé no estaba solo y no estaba bajo la lluvia. "Nos han hecho un gran perjuicio. Soy maestra jardinera desde 1999 y estoy a cargo de este jardín desde 2006, nunca tuvimos problemas, porque acá somos una gran familia. Chicos de 13 años que crecieron acá aún pasan por la calle y tocan el timbre para saludarnos, esa es nuestra mayor satisfacción", dijo dando cuenta de la trayectoria y buena reputación con la que cuenta la entidad.
"No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño", señala uno de los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño. Siguiendo los lineamientos de esta declaración, en este caso será prioridad del Estado investigar realmente lo que sucedió, de las autoridades educativas en garantizar los derechos básicos de la niñez, y de toda la sociedad de asumir una mayor responsabilidad cuando se difundan actos de la esfera privada.

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