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La castigada educación pública

Miércoles 06 de Marzo de 2019

Este miércoles, un año más, se vive una de las clásicas injusticias argentinas. Los chicos cuyos padres pueden pagar una cuota tendrán su primer día de clases tal y como lo indica el calendario escolar. Los demás, los que "cayeron" en la escuela pública (una expresión tomada del mismísmo presidente Mauricio Macri) se quedarán "mirando la fiambrera", probablemente deberán esperar hasta el lunes siguiente, 11 de marzo, para acceder al derecho de vivenciar su primer día de clases.
El año escolar, en este electoral 2019, empieza con un paro nacional docente contra el ajuste educativo, una medida de fuerza convocada por Ctera que abarca también el 7 y 8 de marzo, el viernes incluso con movilización. El reclamo es la vuelta de la paritaria a nivel nacional y más inversión.
En tres años de la gestión de Cambiemos cayó un 9% la inversión educativa nacional, el poder adquisitivo del salario docente retrocedió 14%, se profundizaron las disparidades salariales provinciales y se clausuró la Paritaria Nacional docente. Concretamente, la inversión en Educación es uno de los puntos más bajos de Cambiemos. Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad determinó que la inversión educativa nacional cayó 9% entre 2016 y 2018 y que si se cumple el Presupuesto 2019, el retroceso alcanzará el 19%. El escenario es preocupante y vuelve a golpear a la castigada educación pública, acrecentando la brecha con las escuelas del sector privado. A muchas familias ni siquiera les importa si la educación privada es mejor o peor. Lo que prevalece es la percepción de que al mandar allí a sus hijos se olvidan de los paros que suelen causar estragos en la rutina familiar. Mantenerse en una escuela privada tampoco es tan fácil. La crisis funciona como una especie de marea que, en cada oleaje, se lleva a unos. Para otros, la caída es constante. Los padres resisten, recortan ingresos, se privan de otras cuestiones, pero la pérdida de poder adquisitivo hace que muchos de ellos, sobre todo si tienen dos o más hijos en edad escolar, hagan malabares para mantener a sus chicos en dichas instituciones. El reclamo docente es de un salario digno. Bregan también por escuelas en condiciones edilicias. Por tizas, bancos, por servicios de transporte que garanticen que docentes y alumnos lleguen a las aulas, por espacios cómodos para los estudiantes, por mayor seguridad. La estrategia del gobierno pareciera ser desprestigiar a la escuela pública y dividir a los educadores que trabajan en la enseñanza privada de aquellos que trabajan en la pública mediante operativos de evaluación, por ejemplo, cuando la pelea los incluye a todos, porque lo que se pide es presupuesto y educación de calidad.
Una lágrima que se seca con un abrazo, una palabra de aliento, un buen reto que demuestra que le importa valen tanto como una prueba bien resuelta, nunca puede dejarse de lado el trabajo de contención que se realiza desde las aulas, en instituciones educativas inmersas en barrios carenciados y zonas vulnerables. La castigada educación pública necesita una defensa, porque a pesar de esos malabares que muchos padres realizan para que sus hijos asistan a escuelas privadas, las matrículas en estas últimas no dejan de crecer. Salario justo, infraestructura adecuada y elementos necesarios para que los chicos puedan aprender, como para empezar.

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