Opinión
Domingo 03 de Diciembre de 2017

La Argentina de la indiferencia



Por Mauro Meyer
mmeyer@uno.com.ar




Pasó y seguirá pasando. Muchos ciudadanos argentinos hemos crecido escuchando una frase que suena triste: "No te metás". Así, la falta de compromiso siempre estuvo a la orden del día, nos ganó la indiferencia. Hace rato. Y solo tenemos reacción cuando algo nos golpea de cerca. "A mí nunca me va a pasar", decimos a veces. ¿Y cuando pasa? Es ahí donde nos acordamos de Dios y pedimos que nos dé una mano. Porque es así, vivimos en la Argentina de la indiferencia y a pocos les importó lo que pasó con Santiago Maldonado o cómo murió Rafael Nahuel. Y por estos días, un submarino desapareció con 44 almas argentinas en su interior y estamos en la chiquita: si son militares qué importa. No importa a qué se dedicaban, son padres, son hijos... son seres humanos.
Santiago y Rafael también eran hijos... como así también todos los ciudadanos argentinos que han fallecido en circunstancias donde lo delictivo está presente. En donde la corrupción terminó con la vida de alguien. La corrupción mata y lamentablemente en nuestra Argentina es moneda corriente.
Escuché muchas teorías respecto a lo que sucedió con el ARA San Juan y la mayoría son poco creíbles. Pocos respetan el dolor que deben sentir sus familiares y muchos se animan a realizar conjeturas sin fundamentos, haciendo política otra vez con una tragedia de por medio. Ese es el nivel de dirigentes que tenemos en nuestro país. La culpa siempre es ajena y nadie hace hincapié en la ineficacia de las autoridades que tenemos, aplicable a cualquier órgano del Gobierno.
Mientras tanto, la vida para nosotros sigue. Como si nada. Cada uno en lo suyo y en sus preocupaciones. Metidos en un mundo que nos lleva a puro vértigo y donde solo metemos una pausa cuando algo nos toca de cerca. El resto es solo más de lo mismo. Enfrascados en las redes sociales, mirando en la televisión cómo nos mienten y nos siguen hablando de la existencia de dos bandos. De dos extremos que son bien opuestos y donde en el medio estamos nosotros.
Santiago Maldonado y la lucha de los Mapuches, los empresarios que nos roban la Patagonia, los negociados que permite el gobierno de turno, el glifosato, la minería a cielo abierto, las subas de la nafta, el gas y la luz, los temas cotidianos que en mayor o menor medida nos preocupan. Hoy, y desde hace más de dos semanas, nos toca el ARA San Juan y no debemos mirar para otro lado. Si tenemos dos dedos de frente podemos ponernos un segundo en la piel de los familiares de los 44 tripulantes, de los cuales hoy no sabemos qué suerte corrieron.
Hoy, los allegados de los submarinistas realizarán una caminata desde la Base Naval de Mar del Plata hasta el Casino Central en reclamo a la Armada Argentina para que continúe con el rescate del submarino desaparecidos hace 17 días en aguas del Atlántico sur. Seguro marcharan solos, porque su pedido de justicia parece ser así, solitario. No debería ser así. Me gustaría que haya gente que también "figure" y aparezca para este tipo de reclamos. Pero no será así. Para los demás, la vida sigue.
Cada uno, en sus problemas cotidianos, ni siquiera es capaz de tomarse un minuto para reflexionar que pasó con Santiago, quién mató a Rafael o qué es de la suerte del ARA San Juan. Más atrás en el tiempo hay más ejemplos. Pero estamos en la Argentina de la indiferencia. Lo sabemos y no hacemos nada para cambiarlo.

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