Hoy por hoy
Jueves 14 de Diciembre de 2017

Jubilaciones: unos y otros se pasan la pelota

Es la sociedad toda la responsable de lo que viene pasando y del nuevo golpe que está por sufrir el sector pasivo. En los últimos 30 años, dirigentes de un signo y del otro, con similares discursos en distintos contextos, han tenido a los jubilados como variables de ajuste y de necesidades. ¿Yo señor? No señor.

Siempre, todos, encuentran algún motivo para enrostrarles a los viejos, que ya no sirven a la sociedad, que no son tenidos en cuenta, que casi no tienen derechos. Empezó en los 90, con Carlos Menem, Domingo Cavallo y dirigentes que aún hoy todavía dominan y se mueven en la escena pública: sueldos de miserias, congelados, junto a la vergonzosa instrumentación de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), sistema aprobado por el Congreso, que obligó a todos los trabajadores a adherir a un sistema especulativo, sin libre opción.

Vendría después la Alianza, con el famoso recorte del 13% de los salarios. "No nos queda otra alternativa", repetía la por entonces ministra de Trabajo Patricia Bullrich, hoy también ministra, 16 años después, de un nuevo gobierno. En la política, ganan los obedientes al poder de turno, y nadie paga las culpas por incumplir y cercenar derechos.

En la era K, en 2008, se consagró la ley de movilidad jubilatoria. Entonces, vale la pena ir a los archivos para ver que hubo protestas y reclamos de militantes y jubilados, por la fórmula de cálculo. Tiempo después, también se vetó una ley sobre el 82% móvil para los jubilados.

En 2017, otra vez la soga se corta por lo más débil, indefenso, vulnerable y silenciado; otra vez, no hay otra posibilidad, porque el sistema no es sustentable, aducen los defensores de la nueva reforma previsional.

Cada cuatro u ocho años, o lo que dure un gobierno, se cambian las reglas. Se invoca la falta de seguridad jurídica, de reglas claras de juego, y cada uno de los que llega al Gobierno lo hace. Políticas de estado que faltan, porque cada gobierno decide a su antojo, sin consensos y a las apuradas –como ahora– qué es lo mejor para sus intereses y necesidades, y no para la población.

La quita en los haberes, es inobjetable y ni el oficialismo lo niega: con la nueva ley, el aumento en marzo será de 5,7%; los jubilados perderán un 9% de aumento. Poca creatividad o voluntad, facilísimo, para sacarles fondos a los que menos tienen, y no meter el bisturí en aquellos otros sectores que podrían hacer un esfuerzo patriota.

¡No podrían ser considerados traidores a la patria, quienes se meten con los más débiles, ayer y hoy? ¿Por qué motivo, en pocos días y rápido tratamiento, se pretende demostrar que la nueva fórmula de cálculo, a la larga, beneficiará a los jubilados? ¿Por qué deben aceptarlo quienes votaron por candidatos del gobernador Bordet, que iban a enfrentar las políticas sociales y económicas de Mauricio Macri?

Sofistas, de un lado y del otro. Como en la antigua Grecia, discursos con argumentos falaces pugnan por crear una realidad inexistente; ayer, hoy y siempre. El último ensayo con ese estilo lo hizo el actual titular de Anses, Emilio Basavilbaso, cuando dijo que las jubilaciones en Argentina son mejores que en Finlandia, mamarracho discursivo que tuvo que negar el embajador argentino en ese país.

"Quieren pedir por la guita, vamos a Ezeiza y Marcos Paz y pidamos por la guita", dijo el presidente del bloque de diputados del PRO Nicolás Massot. Ajena a esas responsabilidades compartidas de la dirigencia política de los últimos años, la legisladora Victoria Donda retrucó: "La corrupción es un delito, y los responsables tienen que estar presos, pero la evasión fiscal también es un delito. Yo no tengo miedo de ir a Marcos Paz, tampoco a Ezeiza ni a Panamá, o donde haya paraísos fiscales", aseveró.

Desde Roma, y a través de un video, el Papa expresó su intención de oración para diciembre: "Un pueblo que no cuida a los abuelos y no los trata bien es un pueblo que ¡no tiene futuro!

Si alguien no quiere ver más allá, si es indiferente a lo sucedido en las últimas tres décadas, vale le pena recordar que más tarde o temprano, todos somos jubilados.

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