Viernes 30 de Junio de 2023
Observar las fórmulas que se proponen para las elecciones PASO permite –a vuelo de pájaro– extraer algunas pequeñas, aunque importantes conclusiones. En primer lugar, podríamos decir que Javier Milei ya ganó, aunque no llegue a ser presidente. Cualquiera sea el resultado de las urnas, tanto sea en las primarias como las generales y una eventual segunda vuelta, el discurso altivo, procaz y a menudo insultante del candidato dizque libertario, inundó todos los discursos de campaña. Desde aquel día en que la actual vicepresidenta caracterizó el escenario como segmentado en tres tercios, uno de ellos propiedad del autopercibido león, parece haberse generado un corrimiento de la agenda de campaña hacia la derecha en formas nunca vistas en los últimos años de democracia.
Así las cosas, es entendible que, contra todos los pronósticos, la fórmula del variopinto oficialismo tenga en primer lugar a Sergio Massa, supuestamente político de pensamiento antagónico con el de Cristina Fernández de Kirchner. Aunque los usos y costumbres de la política argentina marquen que pocos, por no decir nadie, resista un archivo, es bueno recordar que los orígenes del dirigente del Frente Renovador estaban en las antípodas de cualquier pensamiento progresista. De hecho, militaba en el desaparecido partido UCD (Unión de Centro Democrático), capitaneado por el ingeniero Álvaro Alsogaray, asesor en materia de neoliberalismo en los 90, y antes embajador en Washington de la dictadura de Onganía, entre otros cargos.
Más cercano en el tiempo, creció al amparo de Luis Barrionuevo, dirigente sindical célebre por quemar urnas en una elección de Catamarca donde se sentía proscripto, y por proponer “dejar de robar por dos años”. De la mano del líder gastronómico conoció a su actual suegro Fernando Pato Galmarini, entonces secretario de Deportes de la Nación. En su sueño de escalar en la política continuó como ladero de Ramón Palito Ortega en su (trunco) sueño presidencial.
Camaleónicamente alternó sentimientos encontrados con el kirchnerismo, según la ocasión. Administró la Anses, fue jefe de gabinete de CFK, para luego impedir –según sus propias palabras– que Cristina se eternice en el poder en 2015 vía reforma constitucional. El pico de enemistad llegaría ese mismo año, en la campaña presidencial en que se postulaba como candidato y prometía “barrer a todos los ñoquis de La Cámpora”, tal parece que hoy por hoy la escoba seguirá guardada.
De sólidos e históricos contactos con la embajada y funcionarios norteamericanos (se abrazó con Wendy Sherman subsecretaria de Estado), es impensable que Massa pueda ser definido como una opción de izquierda o progresista.
Por el lado de Juntos por el Cambio, parecen forcejear por quién se corre más hacia la derecha, entre un Gerardo Morales que se abre paso hacia una candidatura vicepresidencial a fuerza de palos, piedras y represión policial contra trabajadores y pueblos originarios. En ese preciso acto, Horacio Rodríguez Larreta tomó la opción más reaccionaria posible, obviamente, eligiendo como compañero de fórmula al gobernador apaleador.
Patricia Bullrich, por su parte, eleva honrosamente su adscripción de cuasi extrema derecha, y no duda en explicitarlo a quien quiera escucharla, a pesar de su pasado setentista, ostensiblemente opuesto. No pocos recuerdan las operaciones guerrilleras de Carolina Serrano o Cali, su nombre de guerra en la organización Montoneros; presuntamente participando en el secuestro de un empresario estadounidense en 1976, entre otras misiones (según el libro Patricia, de la lucha armada a la seguridad, de Ricardo Ragendorfer). Vueltas de la vida, y de la política.
En fin, tal parece que la gravedad de la situación, con una inflación descontrolada, un acuerdo tan quimérico como desfavorable con el FMI, una pobreza que no tiene techo, la inseguridad creciente, el flagelo de la droga y más, llevó a que la agenda sea la de una ideología reaccionaria y recalcitrante que, con escuetas y poco probables soluciones, corrió el debate a esa zona incómoda en que la extrema derecha parece estar muy cerca.