Miradas
Viernes 12 de Octubre de 2018

Improvisación, especulación y oportunismo

La crisis aumenta. Cada vez son más los que menos tienen. Las postales de dolor se multiplican a simple vista. Niños, adolescentes y adultos revuelven contenedores para encontrar "algo" que les ayude a llenar la panza.
Las organizaciones que asisten a las personas con carencias piden permanentemente donaciones para "parar la olla".
No bajan los brazos y hacen malabares para satisfacer una demanda que crece del día a la noche. La realidad castiga, los números son elocuentes y sobrellevar lo cotidiano se torna traumático.
El malhumor social crispa a una sociedad que se pone violenta. Sobre todo en los sectores más vulnerables, en los cuales el hambre, la falta de oportunidades y expectativas generan una desidia que profundiza la problemática. Y los golpes no cesan. Arriba está el boxeador, cegado y en estado de furia, no le basta con ver a su oponente en el suelo. Allí contra las cuerdas, entumecido y sin ánimo para resistir recibe un golpe tras otro. Los despidos sin anestesia, el aumento de los combustibles, el pasaje de colectivo, la incontrolable inflación, la quita de las pensiones por discapacidad no lo dejan levantarse. Y es sistemático. Desde el primer día.
En la semana "amagó" con un nuevo golpe: el tarifazo. Anuncios, rechazos, especulación, marcha atrás y oportunismo político.
La historia comenzó el viernes de la semana pasada cuando salió el decreto de aumento. El lunes, en conferencia de prensa, el secretario de Energía, Javier Iguacel, anunció que las productoras de gas van a recibir una compensación por la variación del tipo de cambio.
Es decir que a partir del 1° de enero de 2019 las distribuidoras de gas natural podían cobrarles a los usuarios un importe "extra" en 24 cuotas mensuales.
El funcionario, lejos de la realidad de los trabajadores y los que menos tienen, minimizó el aumento como si se tratara de un "vuelto" cuando señaló: "No son 90 pesos para todos. Depende del consumo del usuario en el invierno pasado. Pero en general, el 70% de los usuarios recibe facturas por un valor de 700 pesos, por eso pagarían 90 pesos por mes".
El anuncio generó el rechazo de todos los sectores sociales y políticos y rápidamente movilizó a las defensorías del pueblo, organismos de defensa al consumidor y según los analistas generó divisiones internas en Cambiemos. Sobre todo a partir de las críticas de algunos espacios del radicalismo que finalmente iban a llevar una propuesta "superadora" para retroceder en la decisión.
En medio de las críticas, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, avaló el anuncio y dijo que "es el precio que vale". Y recomendó a la población que "hay que ajustarse para llegar a fin de mes".
Al mismo tiempo y en medio de un panorama convulsionado se reprodujeron innumerables ironías viralizadas en las redes. Tal vez una de las más ocurrentes haya sido esa que señala: "Estamos recolectando alimentos no perecederos y ropa para la empresas de gas que sufrieron la devaluación. Todo lo que puedan aportar será bienvenido".
Por otra parte el gremio aeronáutico pidió que se incorpore en el próximo acuerdo paritario un bono de 24 cuotas para pagar el aumento del gas. Y no faltó el modelo de amparo judicial para frenarlo.
Ante un escenario que agudizaba el malhumor social en víspera de un año electoral, apareció la solución "mágica" del partido centenario.
La Unión Cívica Radical, principal aliado político del Gobierno, presentó una propuesta que indica que "el 50% de esta suma sea absorbida por las empresas productoras de gas y que la suma restante de 10.000 millones de pesos sea afrontada por el gobierno nacional en calidad de subsidio a los usuarios". El Gobierno recogió el guante y tomó la propuesta. O sea, el Estado, todos, pagaremos la mitad de la compensación a las empresas. Rápidamente la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, celebró la medida. "El Gobierno escuchó a la gente", dijo la mandataria en un claro gesto de oportunismo político.
Una cátedra brillante de cómo hacer que una mala noticia se convierta en "buena" sin que deje de ser, al menos, preocupante.

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