Jueves 28 de Septiembre de 2023
El 4 de septiembre de 2014 falleció Gustavo Cerati. Y si bien las fechas no coinciden, el mes sí. O tal vez, solamente buscaba la excusa perfecta para recordarlo. Ya que septiembre, siempre será ceratista.
Partiendo de la base, la relación del artista con Entre Ríos es un tanto particular, ya que se presentó en 1986 junto a Soda Stereo en el Atlético Echagüe Club de Paraná y luego lo hizo en Concordia, ciudad natal de su padre, Juan José Cerati, para cerrar una de sus tantas giras en los años 80.
Además, en el barrio Empleados de Comercio de Paraná hay una calle en su honor. Que lamentablemente, por la inacción estatal, hoy no se encuentra en las mejores condiciones. Por eso, desde aquí, mi pequeño recuerdo a un cantante que trascendió fronteras.
Durante esos cuatro años de coma, anhelamos desde lo más profundo que su frase “me verás volver”, se convirtiera en profecía. Pero lamentablemente tuvimos que entender que la misma no se cumpliría.
Recuerdo que en la televisión se podía ver cómo grandes y chicos se acercaban a la Legislatura porteña para despedirlo. Porque fue, es y seguirá siendo amado por todos y cada uno de los argentinos.
Beto, DJ Clarke, o simplemente Gustavo, fue uno de los músicos más completos e influyentes del rock nacional argentino. Con esa actitud de rockstar atrevido y también algo sensible, el cantante se convirtió en un referente a nivel internacional.
A su vez era bastante peculiar. Distante, poco cariñoso, con un humor muy británico, muy consciente de lo que quería y con un talento inconmensurable, o por lo menos así lo definió Daniel Sais, extecladista de Soda Stereo hace ya unos años.
Posiblemente así fue, ya que si tomamos literalmente el significado de la palabra en inglés, un rockstar sería una estrella de rock. Pero no todo músico engreído tiene la posibilidad de titularse de esa manera.
Gustavo podía, ya que tuvo una personalidad apasionada por sus metas y enérgica para con el mundo en general. A la vez de que supo transmitir su música desde el corazón, la creatividad y el liderazgo.
La estrella argentina dejó un legado para toda la vida, de esos que ni el paso del tiempo ni las capas de polvo podrán tapar. Álbumes y canciones, que al escucharlas generan sensaciones, emociones y recuerdos únicos.
Lo expresado se sustenta en la canción que Cerati tocó esa fatídica noche del 15 de mayo de 2010, donde se produjo su lamentable accidente cerebrovascular. Se trata de Lago en el cielo, parte de su cuarto álbum de estudio Ahí Vamos, lanzado en 2006. Es de las más reconocidas de su catálogo como solista y era una muy especial para él.
En cuanto a la letra, el artista dijo alguna vez en una entrevista que se trataba de una canción de amor y representaba la necesidad de ir despacio en una relación, no querer forzar el destino o el rumbo de las cosas, sino dejar que fluyan naturalmente.
Haciendo énfasis en sus siempre enriquecedoras declaraciones, se puede relacionar esta misma con la imagen de un paisaje celestial o divino, un lugar paradisíaco donde todo es armonía y paz, y donde se refleja la grandeza del universo. O sea, representa un lugar de refugio o consuelo en medio de un ambiente hostil. En este lugar, donde se diluyen las preocupaciones y las tensiones, surge una nueva relación.
Como si hubiera sido alguna especie de Nostradamus, quizás Gustavo nos estaba dando indicios de lo que sucedería horas después. Nos alertó, o mejor dicho, nos despreocupó, ya que estaba seguro de que iría a un lugar mejor.
Pocos artistas tienen la posibilidad de salir a la calle y sentirse amados por propios y extraños. Gustavo era de esos, logró que hasta el ciudadano más inesperado lo mirara con ojos de admiración. Un filósofo con tintes amorosos. Un Hombre Alado al que la tierra todavía extraña.
Poder decir adiós es crecer, y claro que crecimos. Avanzamos, pero nunca lo olvidamos. Porque no se muere el que se va, solo se muere el que se olvida. Y Cerati trascendió distintas generaciones, e incluso en algún momento fui tocado por esa música.