Hoy por Hoy
Viernes 18 de Mayo de 2018

Engaño a los jubilados

Pensaba abordar la falta de señalización en los ingresos a la ciudad de Paraná porque es un déficit que se repite gobierno tras gobierno. Durante la gestión de Blanca Osuna, en esta misma sección, marqué la falta de señalización adecuada en el Acceso Norte, pero ahora debo agregar el Acceso Sur, porque ambos están igual de inseguros. Los dos accesos están a oscuras. Muy distinto a lo que sucede en otras ciudades donde las obras viales están bien señalizadas con el fin de evitar siniestros. En Rosario, Córdoba, Posadas o Salta, por citar cuatro lugares que he visitado, se observa que las empresas cumplen con la cartelería adecuada para evitar que se pierda una vida.
Sin embargo, en los últimos días una situación familiar me hizo cambiar de tema porque tomé conocimiento de que hay muchas personas mayores de edad que son víctimas de bancos, tarjetas de créditos y abogados. Obviamente que nadie hace nada ante estos atropellos y engaños; o lo que se hace no es suficiente para salvar a un jubilado o una jubilada de terminar pagando por un servicio que no recibió.
Lo que voy a contar le ocurrió a una familiar que fue al banco Bersa a pedir ayuda y terminó gastando 6.000 pesos en efectivo y con el peligro latente de tener que seguir pagando. Esta persona acudió a la entidad financiera a solicitar que le dieran de baja la tarjeta de crédito porque no la usaba y abonaba mantenimiento inútilmente. La simpática joven que la atendió en el segundo piso del edificio ubicado en calle La Rioja de la ciudad de Paraná le explicó que por un poco más de 40 pesos por mes se iba a perder de tener una tarjeta para cuando la necesitara. Hasta acá todo bien, porque uno sabe las presiones que reciben los trabajadores para vender un producto. Sin embargo, lo llamativo o preocupante es lo que pasó después. De vuelta en su casa esta familiar recibió un llamado en su teléfono fijo, de un supuesto estudio jurídico porteño, a través del cual le informaron que la iban a ayudar a solucionar el problema con el banco. ¿Cómo? Sí, tal cual lo está leyendo. Le explicaron que la iban a ayudar, pero la "ayuda" significó desembolsar 6.000 pesos ahí nomás por "honorarios". Pero todo no terminó ahí. El jueves regresó al banco y todavía tenía una deuda de un poco más de 980 pesos.
Obviamente esta jubilada nacional no va a recuperar jamás la plata por más que haya realizado una denuncia en Defensa al Consumidor de la Municipalidad de Paraná. El estudio jurídico de Buenos Aires no se presentó a la audiencia de mediación que se solicitó. Es más, nadie sabe dónde queda la dirección que aparece como domicilio legal del bufette. Llama la atención la falta de resguardo que tienen los ciudadanos ante este tipo de capitalismo salvaje que nos está consumiendo. Todos los trámites que se realizaron para no pagar algo que no se quiso contratar fueron en vano. Lo único que los moviliza es el dinero. "Pague y después proteste", repiten las personas que amablemente y con una sonrisa simpática te atienden.
Acompañando a mi familiar me enteré que muchas personas, en especial mayores de edad, son víctimas a diario de las ventas telefónicas de distintos tipos de productos financieros. Terminan pagando "servicios" que jamás utilizaron o consumieron, pero nadie los defiende.
El sistema desgasta al denunciante, que se ve mortificado por las nulas respuestas que recibe. Así, termina haciéndose mala sangre por una situación injusta que en la mayoría de los casos se genera por desconocimiento y falta de escrúpulos de aquellos "vendedores" y "facilitadores". Es hora de que alguien se preocupe por los más desprotegidos. No puede ser que los trámites sean tan engorrosos. Hablando con distintas personas me explicaban que las víctimas son siempre las mismas: jubilados, pensionados y personas mayores, siempre de medios o bajos recursos, a los que apenas les alcanzan sus ingresos para pagar sus remedios y servicios. En los últimos días con el tema del aumento del dólar muchas personas corrieron a los bancos a retirar sus ahorros por temor a un nuevo corralito. A varios les terminaron robando, en el mejor de los casos, bajo la modalidad de cuento del tío. Si bien la Policía en estas tierras se encarga de ocultar estos hechos de inseguridad, que no son muchos pero suceden, a la sociedad hay que decirle la verdad para que esté alerta y sepa cómo defenderse ante estos ladrones que se aprovechan de los que menos tienen.

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