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El VAR mata emoción y relatores

El VAR reduce el error arbitral a nada. Pero le saca "eso" que también tenía el fútbol, que convivía con los errores de los hombres de negro como un jugador más.

Lunes 01 de Julio de 2019

La Copa América domina el escenario del fútbol por estos días. Y nosotros, argentinos al fin, le damos entrada al living desde la pantalla de la TV, siguiendo los partidos, todos, porque este juego es más que eso, es nuestra razón de ser, el único deporte que nos une y nos separa a la vez. Por eso es mágico, convocante, emocionante desde cualquier rincón en donde se lo ve.

Ahora bien. Con la Copa rodando en las tierras cariocas apareció el ya tristemente célebre VAR. El videoarbitraje que vino a amargarnos la existencia, a pegarnos un cachetazo y tumbarnos la belleza del fútbol de un solo saque. Nos saca de quicio, nos quita la polémica, nos roba minutos de juego, de puteadas, de todo. El muy maldito es el auténtico “refutador de leyendas” del que hablaba el entrañable Dolina.

El VAR reduce el error arbitral a nada. Pero le saca “eso” que también tenía el fútbol, que convivía con los errores de los hombres de negro como un jugador más. A veces para una camiseta, otras veces para la otra, dejando abierta las polémicas hasta el próximo encuentro. Esos errores, siempre desde la buena fe de los árbitros, también contribuyeron a que el fútbol sea hoy el mayor espectáculo mundial. Y estos tipos, pulcros, de palcos lujosos a los que llegan desde ascensores privados, no quieren ver eso, obsesionados por cuestiones de justicia que son para otras disciplinas. Los errores, tanto de los jugadores como de los DT y los árbitros, son parte esencial del juego. Hoy están destruyendo una de ellas.

“No se debe tomar ninguna decisión de un hecho invisible a la percepción humana” alcancé a leer en el grupo de WhatsApp de amigos tras una catarata de mensajes carajeando contra el VAR. Y es más que acertado. Si el hombre de negro, sus líneas o el cuarto árbitro, no ven, siga. ¿Para qué ir a una pantalla y ver la jugada varias veces, desde distintos ángulos, en diferentes velocidades? Si no se tomó la decisión ahí, en caliente, siguiendo a la misma altura de los jugadores, deje que siga, no le roben minutos al juego. La jugada es válida y a seguir jugando. Además, nos cortan el placer del gol, el grito sublime, instantáneo, el abrazo con el desconocido de al lado en la tribuna o con tus hijos en casa. Porque ahora, para festejar, tenés que esperar a ver si el tipo señala para el medio de la cancha o se queda ahí, castigándote y diciendo que no grites, no fue gol. El VAR dice que no fue.

Y junto con nosotros, con los hinchas, también andan tristes los relatores. Porque ellos, junto con los goleadores, han sido castigado por los señores de escritorios. Los magos del micrófono ahora dudan si estirar la oooooo cuando la redonda ya duerme en la red. No saben qué contar, qué decir, qué relatar. O, en el mejor de los casos, hacerlo en el mismo instante que el 9 derrota al arquero o esperar a que el VAR lo de por válido. Y ahí andan los relatores. Algunos con la garganta a la miseria, cansada de gritar goles que no son o gritarlos dos veces; y otros, cada vez en más cantidad, con su gola tranquila y serena, porque la ooooo del gol aparece cuando el VAR les da el visto bueno.

Llegó el VAR. Nació una nueva manera de ver y sentir el fútbol. Como todos los avances de la modernidad, levanta polémica. Pero esta vez, llegó para licuar de emociones a un deporte que vivió y creció por ellas.

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