El paredón bobo

Lunes 23 de Enero de 2017

Cada vez que hay más de un hombre mirando un mismo celular, a las mujeres se nos delinea la puerta de un universo al que preferimos no entrar. Cuando vemos esas cabezas amontonadas mirando una pantallita de cinco pulgadas nosotras sabemos de qué se trata, lo que no entendemos es de qué carajo se ríen. Y no queremos saber.

Son las 11 de la mañana de un miércoles, Pedro todavía no pudo moverse de la silla de su oficina pero a través de uno de sus grupos de whatsapp, ya recibió la foto de una mujer lavando un auto desnuda, un meme en el que aparece una mujer cocinando y un video en el que una mujer practica sexo oral. No tiene cara de actriz porno. Se ríe, lo reenvía a otro grupo, sigue trabajando.

Misoginia disfrazada de humor, un recurso viejo, pero vigente. Hay una sobremesa eterna en los grupos de whatsapp formados por hombres, es como si Olmedo y Porcel estuvieran arrojando fotos de tetas y chistes de suegras contra las pantallas, agónicos y desgraciados, pidiendo que no los olviden.

Imágenes, videos, mensajes que ubican a las mujeres en lugares que creíamos superados hace tiempo se reproducen en esa relativa privacidad de los grupos de whatsapp. La aplicación cuenta con 800 millones usuarios activos y se ha convertido en una poderosa herramienta de comunicación; en ella, el sistema patriarcal ha encontrado un aliado en materia de reproducción y perpetuación de prácticas sexistas.

Mientras escribo esta columna, consulto a los hombres que tengo cerca. "Yo no mando videos, pero tengo que estar en el grupo porque sino no me entero de nada", me dice uno. El otro, que sabe hacia dónde voy, directamente me acusa de "feminazi". Que es solo humor, que hacer un chiste machista no significa ser machista. El argumento me resulta absurdo como proclamarse en contra de la pedofilia, pero hacer chistes sobre pedófilos. Ese sentido del humor que defienden a ultranza es un paredón bobo en la lucha por la equidad. Los fundamentalistas del humor parecen ignorar que sexo, humor y machismo pueden ser una combinación letal, una expresión de la apología más brutal y explícita de la violencia sexista. Ese contenido hipersexualizado que circula de teléfono en teléfono es otra expresión de ese machismo silencioso, asimilado, invisible. Sin embargo, algo parece estar cambiando.

Durante años las mujeres fuimos espectadoras forzosas de un humor que no nos hablaba a nosotras. Hoy, los discursos feministas que lentamente se hacen lugar en los medios masivos de comunicación comienzan a desplazar algunas de las muestras más grotescas de ese humor tradicional, patriarcal y hétero-normativo aceptado y normalizado por la sociedad. De alguna forma es reconfortante que se pongan colorados cuando les preguntamos de qué se ríen, que se les caiga el teléfono cuando aparecemos de sorpresa. Les da vergüenza, y está bien. No dejemos de hacerlo, lo tienen que entender de una vez: el humor machista empodera a los agresores, reproducirlo, es ser cómplice.