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El lunes de descanso es sagrado

Martes 14 de Enero de 2020

La peluquería fue su pasión. No solamente la profesión que ejerció durante 25 años. Se formó desde muy joven, a mediados de la década del 70. En ese entonces todavía no había edificado su familia, su gran debilidad.

Comenzó a llevar adelante su proyecto varios años después. Las políticas neoliberales de la nefasta década de 1990 destruyeron la economía de varios hogares. Mi padre fue una de las víctimas de las miserables decisiones económicas que el Poder Ejecutivo adoptó al privatizar los casinos nacionales. Ahí resurgió con fuerza la profesión de Magui, mi mamá.

Como no tenía el carné habilitante que le permitía ejercer la profesión volvió a capacitarse. Realizó el curso de rigor durante todo el año 1991, período que regresamos desde Mar del Plata para instalarnos definitivamente en la capital entrerriana.

A fines de ese año se graduó. Con el carné habilitante instaló su propio emprendimiento. No era un local lujoso ni mucho menos. Su peluquería fue bien modesta y humilde. Esa era su principal característica.

El local estuvo instalado en el mismo domicilio de su casa. En el mismo espacio donde anteriormente se utilizó como garaje abrió su peluquería. De a poco fue formando su clientela, que fue fiel hasta el último día que permaneció abierta.

Magui nunca tuvo espíritu comercial. Jamás dejó de atender a una clienta si no tenía dinero para abonar su servicio. En más de una ocasión perdió dinero. En realidad, dejó de tener un mayor ingreso económico ya que ese ejercicio le permitió, durante varios años, ser el principal sostén económico de su casa hasta que mi papá volvió a reinsertarse en el mercado laboral.

El lunes era su jornada de descanso. Ese día era sagrado para ella. Por más urgencias las puertas de la peluquería permanecían cerradas. Aprovechaba la cercanía de su casa para salir a pasear por la peatonal. Casi todas esas mañanas se cruzó con más de una de sus amigas que forjó en su peluquería.

En septiembre de 2014 la salud de mi mamá comenzó a debilitarse. Durante un tiempo le permitió continuar con la peluquería, aunque poco a poco comenzó a realizar trabajos más distanciados. El deterioro de su enfermedad comenzó a manifestarse en los primeros meses de 2016. Eso la llevó a retirarse de su profesión. ¨Seguro que es el túnel carpiano¨, intentaba convencerse ella, haciendo alusión al síndrome que provoca entumecimiento o daño muscular en las manos o dedos.

Magui se tuvo que retirar en forma anticipada de su lugar laboral. En el mismo tiempo su enfermedad comenzó a manifestarse lentamente de distintas maneras. Probablemente quienes la observaron en forma distanciada no visualizaron su deterioro. En cambio quienes estuvimos cerca de ella tuvimos que adaptarnos y a ocuparnos de su realidad.

El 31 de diciembre pasado ella fue internada. El mismo momento que fue trasladada al centro de salud me di cuenta de que iba a ser difícil que regresara con nosotros. Los médicos realizaron todo lo que tenían al alcance de la mano, pero la salud de mamá era muy frágil y su enfermedad estaba muy avanzada.

El viernes 3 de enero mi jornada laboral estaba culminando cuando recibí un llamado de mi hermano. Me comunicó que ya no había nada por hacer. Mamá ya no respondía a ninguno de los tratamientos. Era solo cuestión de esperar. A partir de ahí nacieron un sinfín de preguntas a las que no encontraba respuestas. “No me siento preparado para vivir sin su presencia”, reiteré en más de una oportunidad, más allá de que siempre tuve en claro su estado.

El primer lunes de este año el corazón de mamá dejó de latir. Dejó atrás más de cinco años de sufrimiento producto de una hepatopatía crónica. Más allá del dolor desgarrador y de la angustia, en ese momento sentí mucha tranquilidad y sobre todas las cosas, paz. Entendí que tenía que soltar porque era lo mejor para ella.

Ahora estoy aprendiendo a convivir con su ausencia física, más allá de que estará siempre en los recuerdos, pero principalmente en mi corazón. Ahora está descansando. Su descanso comenzó un lunes, como ella lo adoptó durante 25 años en su profesión.

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