Hoy por hoy
Domingo 05 de Noviembre de 2017

El legado del "Cabezón" Oscar Chapino

En la Costanera, paseando y conociendo el río y las barrancas de Paraná, en los hoteles, en los restaurantes o en un bar tomando algo por la tarde noche, en la Peatonal San Martín comprando regalos para sus seres queridos o solo para un gusto personal. En cada rincón de la capital entrerriana te los cruzabas. Todos en banda, disfrutando de un nuevo Campeonato Argentino de Fútbol. Son ellos, son los veteranos, esos que con la pasión intacta por el deporte más lindo del mundo llegan año a año a la capital para jugar al fútbol, conocer más amigos y dejar dinero en las arcas de la ciudad.
El movimiento cultural, económico y turístico que se genera con esta cita es realmente importante y merece la pena ser valorado una vez más. Paraná pudo nuevamente gozar de la presencia de estos inoxidables jugadores de fútbol.
Este año no fue la excepción, se vivió y se sintió como siempre, pero hubo un inmenso detalle que lo hizo distinto porque el certamen no tuvo, por primera vez, a su prócer, a su creador, a su emblema.
Esta edición fue seguida desde el cielo por el gran Cabezón Oscar Chapino, quien seguramente se estará dando la razón una vez más.
Todo lo que alguna vez soñó, lo cumplió. En lo deportivo dejó un complejo modelo en el país, la envidia de muchos clubes, y una competencia inmejorable, por nivel y pasión por sobre todas las cosas, en la que los veteranos son los abanderados. Miles de hombres que viajan cientos de kilómetros para pasar unos días inolvidables juntos a amigos. Chapino logró que a la ciudad la visiten desde ignotos hombres que solo les gusta el fútbol hasta tipos consagrados que supieron dar vueltas olímpicas e integraron grandes planteles consagrados.
El Cabezón ya no está entre nosotros. Se fue, como los grandes, de gira, pero su marca quedó en la tierra para siempre. Su huella será indeleble porque hizo mucho por un certamen que cada año crece un poco más. Ahora es responsabilidad de los sucesores que esa marca no se borre nunca más. De ese modo se homenajeará a un grande de verdad. ¡Grande Cabezón!

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