Hoy por hoy
Martes 03 de Abril de 2018

El enemigo tiene corona, no gorrita

Uno de los aspectos de la campaña desmalvinizadora a la que somos sometidos por parte de todos los gobiernos de los últimos 36 años, consiste en borrar al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte como usurpador de nuestro territorio, y simultáneamente construir un enemigo interno, del que más debemos aterrorizarnos. Sobre lo primero, sobran ejemplos desde el ocultamiento y abandono de los héroes combatientes, pasando por los Acuerdos de Madrid firmados por Menem, sostenidos por sus sucesores, hasta la abierta claudicación del gobierno de Macri. Sobre lo segundo, basta mencionar la doctrina Chocobar instaurada por el Presidente mediante la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que vino a oficializar una política represiva, de creciente gatillo fácil hacia los pobres.

Viajar a Europa para ofertar nuestra soberanía, en detrimento del trabajo y la industria nacional, y soltarle la mano (así lo definió la ministra) a los policías que gusten asesinar pobres. Aplaudir la base militar china en la Patagonia, y ejecutar por la espalda a un trabajador solidario con la causa de un pueblo originario, que pelea por reconocimiento territorial en los latifundios de Benetton y Lewis, ambos vinculados a la corona británica.

Bullrich acordó con funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU., el Congreso estadounidense, el FBI, la DEA y Homeland Security (Seguridad Interior), la instalación de una base militar en Posadas (Misiones) similar a la que ya actúa en Salta, bajo el vulgar argumento de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. El terrorista sería, por lo demostrado, Facundo Ferreyra, el chico de 12 años que fue asesinado en Tucumán por un balazo policial en la nuca.

Las autoridades argentinas niegan un conflicto con Inglaterra y hablan de negociar por la vía de la paz para no decir que no les interesa ni se atreverían a reclamar nuestra soberanía sobre las islas. En tanto, Gran Bretaña instaló una poderosa base militar en Malvinas, y la reforzó recientemente con un sofisticado sistema de misiles. Según señala la revista Cuadernos N° 54, extendió su control militar en Georgias, y desde allí proyecta su capacidad militar hacia la Antártida Argentina. Ahí mismo operan sus submarinos provistos con misiles nucleares intercontinentales. Bautizaron con el nombre de Tierras de la Reina Isabel a más de un millón de kilómetros cuadrados del Sector Antártico Argentino. Todos los ejercicios militares que el Reino Unido realiza en el Atlántico Sudoccidental, tienen como hipótesis una guerra contra la Argentina. Mientras, para el gobierno de Macri las fuerzas de seguridad argentinas deben tener como hipótesis un conflicto interno, donde el enemigo viste gorrita con visera plana.

Puestos sobre la mesa, los problemas parecen no tener comparación. Sin embargo, insisten en mostrar que el robo de un celular merece pena de muerte sin juicio previo; pero la colonización de un territorio nacional ubicado en una zona estratégica por la confluencia de los océanos Atlántico y Pacífico y la proyección antártica, con el consiguiente saqueo de los recursos naturales (petroleros, pesqueros y el agua dulce, principalmente), se traduce en una exitosa relación diplomática.

Estas semanas las Malvinas y los héroes que la recuperaron durante 74 días estarán presentes en muchos discursos, en las escuelas, en algunos medios de comunicación, al menos un rato. La palabra soberanía será pronunciada como la políticamente correcta hasta que pase lo que para tantos funcionarios es una la efeméride, y encima molesta.

Malvinas es el más claro exponente de la pérdida de nuestra soberanía. Le puede seguir el vergonzoso endeudamiento, la destrucción de la industria nacional, los latifundios en manos de extranjeros, la dependencia como "supermercado del mundo", etcétera. La consecuencia es el atraso y el empobrecimiento del país. El hundimiento de millones de argentinos en la pobreza, la destrucción del futuro de los jóvenes a los que criminalizan.

Por esto, no es inocente el plan que de forma efectiva han implementado los cómplices del colonialismo inglés desde el 14 de junio de 1982. Que nadie se entere de que el enemigo tiene corona, en lugar de gorrita.

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