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El día después de mañana

Lunes 25 de Noviembre de 2019

El 10 de diciembre, cuando asuma Alberto Fernández, se abrirá una etapa envuelta en una serie de interrogantes. En lo social, está claro que buscará hacer frente de modo urgente al flagelo del hambre. En lo económico, se esperan definiciones en el mismo sentido, con el desafío que representan los grandes problemas que deja el macrismo: deuda, recesión, inflación, desempleo. En el terreno de la política es donde aparecen más incertidumbres: ¿cómo hará Fernández para asegurarse la gobernabilidad y hasta la paz social?

El gran acierto electoral del Frente de Todos fue la unidad. La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de no postularse a la Presidencia fue clave para conseguir esa concertación que sumó al kirchnerismo, la estructura del Partido Justicialista, los gobernadores, el Frente Renovador y demás aliados. Cristina era la dirigente peronista con más intención de voto, pero a la vez era alto el nivel de rechazo hacia ella, luego de 12 años en el seno del poder político. Ahora Alberto busca conformar un gabinete representativo de esa unidad, donde cada sector tenga una participación tal que le permita a él sostener alineadas las filas durante el mayor tiempo posible. Una vez en funciones, hay que ver también qué apoyos internos cosecharán sus medidas de gobierno y si ante las diferencias ideológicas –que las habrá, dado que siendo oposición hubo posturas disímiles– buscará hacer equilibrio o imponer sus decisiones, o alternar las dos cosas.

El día después de la asunción empezará Fernández, entonces, a jugar su partido en el terreno interno. Indefectiblemente, pretenderá fortalecer el albertismo y dotar a su gestión de una identidad propia. Su imagen de dialoguista es uno de sus principales capitales, pero: ¿alcanzará eso para construir su liderazgo como presidente en ejercicio?

Otra pregunta que surge con fuerza es el rol que desempeñará lo que hasta ahora se denominó “el macrismo”, una vez que abandone la Casa Rosada. Se ha dicho que el 40% que obtuvo Mauricio Macri en las elecciones generales lo reposicionó como conductor de Juntos por el Cambio, luego de que la mala experiencia de las primarias lo dejara al borde del nocaut. Esto hizo que la Unión Cívica Radical pusiera en suspenso el quiebre con la coalición que gobernó durante cuatro años.

Los hechos demuestran que el macrismo en campaña puede obtener buenos resultados. De otro modo no se explica ese 40% con los pésimos indicadores económicos que provocó su gobierno. En esa línea, el actual presidente convocó a una ¿despedida? en Plaza de Mayo el 7 de diciembre, donde aspira a continuar con la serie de actos masivos que consiguió en la semana previa a los últimos comicios.

Entre los ejes de esa campaña, que continuará luego del 10 desde la oposición, se destaca la acentuación de la derechización. Ideas como la mano dura contra la delincuencia, la oposición a la legalización del aborto y la omisión de denunciar el golpe de Estado en Bolivia, son algunos ejemplos de ese posicionamiento con el cual el otrora Cambiemos apunta a mantener el voto cautivo de los sectores sociales más conservadores, antiderechos, antiperonistas y antiizquierdistas. Es este un electorado fiel, que en gran medida se agrupa bajo la etiqueta “El Campo” y que a través de las redes sociales ya ha llamado a resistir al gobierno peronista. Este mismo electorado es el que en 2008 demostró que, con ayuda de medios masivos de comunicación, tiene capacidad para presionar y hacer daño.

El tercer desafío político para Alberto será el contexto regional. Su clara postura a favor de la unidad de la Patria Grande a la usanza del bloque que supieron conformar Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula Da Silva hace casi 15 años, está en las antípodas de la política internacional que impulsó Macri y que prevalece en países como Brasil, Chile, Colombia y ahora Bolivia, con el visto bueno de Estados Unidos. La expansión del neoliberalismo en la región, que puede echar mano incluso de golpes de Estado, es una alarma encendida.

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