Miradas
Martes 12 de Febrero de 2019

El derecho a soltar la pala

Retomo las ideas de José Amado en su columna publicada el sábado en este mismo espacio, con el título: "La locura es vivir para trabajar", donde reflexiona acerca de la necesidad de reducir la jornada laboral. Allí, nuestro compañero pone en crisis ese sentido común –antiguo pero muy vigente en estos días– según el cual la dignidad de las personas será mayor cuanto más trabajen. Y ese sentido común se condensa en expresiones de uso frecuente, tales como: "Acá el que no trabaja es porque no quiere"; "nuestros ancestros construyeron este país trabajando a sangre, sudor y lágrimas"; "hay que quejarse menos y trabajar más". Agregaría una frase que particularmente me gusta que es: "Nunca agarró una pala", la cual funciona como crítica furibunda hacia quienes no cumplen con el mandato social y cultural de deslomarse para ganarse el pan de cada día o bien dedican tiempo a la solidaridad, al arte, a la militancia u otras actividades que no tienen que ver con lo económico, o cometen ambos pecados a la vez.
Renzo Nervi es un personaje de ficción que encarna el actor Luis Brandoni en la película Mi obra maestra (2018). Es un artista plástico que fue exitoso en su pasado, pero que ahora está en decadencia, hace 10 años que no vende un cuadro, su arte está pasado de moda y vive en una casa inmunda con tres perros y un gato. Allí pasa todo el día pintando y lo están por desalojar por acumulación de alquileres impagos. Nervi se niega a modernizar sus obras y a hacer trabajos por encargue. Hay una escena en donde se lo escucha decir que la esclavitud no se acabó y que ahora se llama trabajo. La película parece amagar con una crítica al capitalismo para luego reivindicar el culto al dinero; pero lo interesante aquí es ese fragmento donde el guión cuestiona el orden del trabajo.
Aunque el libreto presenta al artista como un lumpen, marginal y antisocial, que es como el neoliberalismo construye a quienes rechazan la idea de vivir para trabajar, esa escena exhibe una gran verdad. Organizamos nuestra vida en función del trabajo: horarios, estudios y capacitaciones, consumos culturales, el tiempo que nos queda para dedicarle al ocio y al descanso e incluso muchas de nuestras relaciones sociales están condicionadas por el empleo que tenemos. La mayoría de las veces no tenemos el trabajo que tendríamos si tuviéramos la posibilidad de elegir, ya sea por la tarea, por la remuneración o por las características de los hombres y mujeres con quienes compartimos el horario laboral. Los consultorios de los psicólogos están repletos de personas a las que esta situación les provoca angustia y estrés y los afecta en sus relaciones (y además pueden pagar la terapia).
Odiamos nuestro trabajo, nos revuelve el estómago, pero lo seguimos haciendo. Cumplimos a diario con la rutina de levantarnos de la cama contra nuestra voluntad, subir al colectivo y poner a andar la máquina que, como en una línea de producción, termina con el cobro del sueldo que nos permite subsistir a duras penas, para luego volver a comenzar. Pero no renunciamos. No lo hacemos porque estamos esclavizados, porque dependemos de esa maquinaria para comer, pagar las cuentas y comprar los remedios para que no duela tanto este modo de vida. Pero también estamos esclavizados porque no soportamos el terror de no tener trabajo, que es la otra cara de la misma moneda. Parece no haber opción: o esclavizados o desocupados.
Soltar la pala es un derecho. Sucede que solo lo ejercen los que esclavizan a otros para que la agarren en su lugar. Casi siempre es así.
Hay otros Renzo Nervi que no son personajes de ficción, sino de carne y hueso. Y no son parias sociales. Uno de ellos llegó a ser presidente de Uruguay. En Argentina muchos lo ponían como ejemplo, pero ahora que son gobierno ya ni se acuerdan. "Tengo que tener tiempo para la libertad", dijo Pepe Mujica en una conferencia en Madrid que se puede ver en Internet. "Soy libre cuando hago con mi vida lo que se me antoja. Y no soy libre cuando estoy atado a la ley de la necesidad. Pero si multiplico las necesidades al infinito, se me fue la libertad".

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