Hoy por hoy
Domingo 11 de Marzo de 2018

El colectivo es cosa de hombres

En Paraná no hay ninguna. En Concepción, Concordia y Gualeguaychú, las ciudades más importantes de la provincia y con desarrollo de transporte urbano local, tampoco. Las mujeres se han ido ganando su merecido y postergado lugar en muchísimos ámbitos que eran exclusivos de los hombres: taxis y remises, en el rubro de la construcción y a bordo de camiones; hay bomberas y repuesteras; se insertaron en la rama de la Ingeniería y en los estudios de formación técnica; y ya se destacan en deportes como el fútbol y el boxeo.


En la política, hasta los años 50 tenían vedada incluso la posibilidad de elegir a sus representantes. Hoy, suelen ser quienes mejor representan determinadas banderas o ideales: no es casual que Cristina Fernández, María Eugenia Vidal y Elisa Carrió sean las tres figuras dominantes a nivel nacional. Sin embargo, frente a estos notables avances, en Entre Ríos y gran parte del país, no hay mujeres al volante de los colectivos urbanos. Los motivos, aquí y allá, de mantener la exclusividad machista son disfrazados bajo argumentos como el supuesto desinterés de ellas para desempeñarse en el transporte público; y por debajo asoman otros aún más discriminatorios, que hacen referencia a lo que significa enfrentar a diario la compleja realidad de las calles por su deteriorado estado, febril movimiento y por ser escenario de exacerbados ánimos diarios de automovilistas.


En la trama vial se esconden secretos que solo los hombres conocen o pueden develar. En muchos casos, la obligatoriedad de un cupo permitió que las mujeres se vayan insertando, y más pronto que tarde, recuperen espacios. Pero el manejo de los colectivos parece seguir siendo un ghetto exclusivo de los hombres. Pese a la mayor presencia de mujeres en el ámbito legislativo local, no hubo intentos de torcer esa situación.

Hoy incluso una mujer preside el Concejo Deliberante de Paraná, y las dos vicepresidencias podrían ser ocupadas este año también por el sexo femenino. Sin embargo, no existen registros de proyecto de ordenanza, de resolución o hasta de comunicación –aunque sea por una mera expresión de deseos– para facilitar que las mujeres puedan estar al frente de los colectivos urbanos. Resulta llamativo también que en la extensa discusión que mereció primero, el nuevo marco regulatorio del transporte, y posteriormente el llamado a licitación del servicio del transporte urbano de Paraná, nadie haya contemplado esta realidad.

En el servicio interurbano, UNO testimonió hace varios años atrás el ejemplo de Marta Elizabeth Alva, oriunda de Diamante. De todos modos, la discriminación en este rubro no es privativa solo de Paraná. Días atrás, un juez laboral condenó al Estado y a las empresas de colectivos del área metropolitana porteña, por discriminación contra mujeres que buscan trabajar como choferes en el transporte urbano. Y ordenó a las empresas que diseñen un protocolo para la selección de personal, que contemple la cuestión de género.

En el país hay casos de mujeres colectiveras –Tucumán, Salta, Córdoba–, pero que mucho debieron batallar para poder ingresar. En Rosario, por ejemplo, mediante Ordenanza N° 7.981 de 2006, se creó el Programa Mujeres Choferes del Transporte Urbano de Pasajeros, para propiciar la gradual incorporación de mujeres, en aquellas empresas o líneas de carácter mixto –con capitales privados y estatales–.

En 2017, esa norma fue modificada para que todas las compañías tengan la obligación de incorporar un 50% de mujeres en los nuevos ingresos; y durante este verano accedieron siete para reemplazos. La pregunta, en Paraná y en gran parte del país, es la misma: ¿Por qué no hay mujeres colectiveras? Y la respuesta también es idéntica: lisa y llanamente, porque aunque estén calificadas para el puesto, no las contratan. Aunque también lo estereotipos culturales constituidos en el imaginario de la sociedad, en torno a ese ámbito como exclusivo para los hombres, desaniman cualquier mínimo interés de las mujeres para estar al mando de un cole.

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