El año electoral
Miércoles 18 de Enero de 2017
El afán por encontrar una idea que se refiera al año electoral, una idea sola que me permita desarrollar este breve comentario, me lleva a pensar que tal vez lo que unifica la expectativa electoral en Entre Ríos -frente a la renovación de cinco bancas de diputados nacionales- es la percepción de que para buena parte del espectro político provincial estas elecciones resultan incómodas, es decir que si las elecciones no se hicieran sería mejor, porque todos tienen más para perder que para ganar en esta instancia.
El oficialismo provincial tendrá que afinar la creatividad para encarar una campaña crítica de la administración nacional de Cambiemos. Le sobran los motivos para la crítica, pero sucede que es a ese gobierno al que tiene que ir a pedirle todo, desde el adelanto de coparticipación que permita pagar los sueldos más o menos en tiempo y forma, hasta obras de infraestructura de escasa envergadura; y se sabe que la administración macrista aprieta y castiga a los gobernadores peronistas con tal rigor que estos ni se atreven a decirlo.
De poco vale que esos mandatarios se declaren no kirchneristas, o que salgan a bancar al macrismo en desmedro de su propio capital político. Nada de eso sirve demasiado, y para colmo el presunto candidato a gobernador de Cambiemos en 2019, el sobrino nieto de Don Rogelio Frigerio, utilizará obra pública para la campaña. (No es una novedad, pero no queda bien decirlo). Y no lo digo yo, lo dice el diario La Nación. Y por si eso fuera poco, lanzó la discusión por la nueva ley de coparticipación. Siendo realistas, el margen del oficialismo entrerriano para hacer campaña es ínfimo.
El kirchnerismo, que a nivel nacional se entusiasma con algunas encuestas, no tiene hoy mayor peso como tal en la estructura política provincial, salvo uno o dos dirigentes puntuales.
Sin embargo el brete en el que está el peronismo no significa un alivio para Cambiemos. Se estima que en la elección se plebiscitará la gestión nacional, y a un año de gobierno de Mauricio Macri el balance no es demasiado positivo. Seguramente el escudo mediático anclado en el grupo Clarín volverá a la carga con los casos de corrupción del kirchnerismo (mientras los ciudadanos siguen esperando fallos judiciales concretos); pero mientras tanto la inflación no está controlada y el empleo sigue en caída, entre otras variantes que poco contribuyen a la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.
Los macristas decían, tal vez con razón, que a la elección de 2015 la ganó el exalcalde porteño; y lo más probable es que ahora él sea el evaluado y no los intendentes de su sector, o los legisladores. Nadie garantiza que el ánimo del votante sea el del 25 de octubre, cuando Macri alcanzó la segunda vuelta. Tampoco hay garantía de que se repita lo del 21 de noviembre, cuando consiguió el 51,3% de los votos en el balotaje. Obligado el macrismo a buscar las mayorías parlamentarias nacionales que hoy no tiene, pondrá toda la carne en el asador, pero la situación económica es uno de los escollos más claros con los que se enfrenta.
Los radicales, que sostienen que ellos fueron los que ganaron las intendencias entrerrianas pese al candidato a gobernador macrista (Alfredo De Ángeli, que perdió frente a Bordet), van ahora del desvelo por conocer si podrán mojar en la lista de candidatos -que claramente no confeccionarán- a la especulación sobre cuándo despegarse del macrismo.
El massismo entrerriano, dividido, avanza a alianzas con el PJ o acercamientos al macrismo que no lo dejan lejos de aspirar a una elección que evidencie el crecimiento del sector.