Lunes 31 de Julio de 2023
En medio de la campaña electoral, los dirigentes políticos salen a la calle a pedir el voto, y algunos parece que no se dan cuenta de la grave situación económica, financiera y social que vive la Argentina. Tal vez lo bueno de todo esto, es que casi que no tienen margen para poder prometer o mentir lo que ya saben que no podrán hacer.
Lo que tambien saben es que gane quién gane, llegará con importantes condicionamientos ‘logrados’ por el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, como también de Mauricio Macri.
Las nuevas autoridades nacionales que sean ungidas, podrán de una buena vez por todas priorizar las verdades urgencias del país, y apuntar primero a lo necesario, y luego al resto. Por decir, tal como indicó hace poco tiempo, la actual vicepresidenta ,este gobierno justicialista se dio el lujo de crear una nueva clase social, la de los trabajadores pobres. Y si a eso se le suma el número impactante de pobres e indigentes, la Argentina cuenta con millones de personas que cobran mucho menos de lo que establece la canasta básica.
El mérito de la nueva gestión, no solo será que haya menos pobres, para lo cual se deberá crear mayor trabajo, saliendo de la visión del actual gobierno de contar con un salario no digno, y del denominado planerismo para todos y todas.
El trabajo deberá ser con un emolumento suficiente para vivir, como ocurrió hasta hace no mucho tiempo, y no como pasa ahora.
En un país en crisis y en emergencia, se debería apostar a que el poco dinero que exista, se lo destine quirúrgicamente a los sectores más necesitados, y luego disponer para el resto de los que estén en la cola.
Primero los jubilados, los trabajadores públicos y privados, distribuyendo de mejor manera la torta de recursos de un país.
En la misma sintonía, sería necesario un gran acuerdo básico de gobernabilidad, donde los que hoy se encuentran muy callados siendo circunstanciales espectadores de semejante crisis, se despierten misteriosamente y empiecen a reclamar al gobierno recién llegado, tratando de mover la calle.
No sería ‘legítimo’ ver lo que se observó en Jujuy, tratando de destruir una Legislatura que sesionaba por amplia mayoría por los votos de Juntos por el Cambio y el Peronismo. El ajuste que se debería implementar, sería al gasto innecesario, reduciendo los beneficios de los que durante años vivieron de las relaciones con el poder, y por sobre todo: terminando con las distorsiones de bancar desde el interior subsidios y otros servicios de la provincia de Buenos Aires y Capital Federal.
Un ajuste no significaría despedir a nadir del Estado, por el contrario, dignificarlo con un sueldo justo y que se lo considere como un empleado público necesario para la sociedad.
Un ajuste debería ser lo que se está haciendo en la actualidad, avanzar con una devaluación mensual, y que si bien es encubierta, busca regularizar el mercado de cambio.
El ajuste, es tal como lo está haciendo el gobierno actual, tratando de equilibrar el valor real de los servicios, y dejar de “inventar” subsidios que terminan acomplejando y castigando a la sociedad.
El ajuste sería el dejar de emitir, y crear nuevos impuestos, golpeando sobre todo a los sectores más productivos. El ajuste sería, poner topes al gasto políticos y de funcionarios, para que no se repita que un embajador de Argentina en Brasil, se pueda dar el lujo de estar 10 días en los lugares más caros de Italia, bancado por el presupuesto nacional, es decir el de la población.
Ajuste, sería el de reducir la estructura de funcionarios y ministerios.
Que se diferencie bien un ajuste racional, al que pretendió hacer el gobierno de Mauricio Macri, que en su torpeza pretendió achicar gastos, desjerarquizando el Ministerio de Salud, para transformarlo en una secretaría.
El otro ejemplo para no imitar como ajuste, fue el de Fernando de la Rúa y Patricia Bullrich, que redujeron un 13% el sueldo de los jubilados.
Hoy el ajuste lo viene padeciendo la gran población, jubilados, beneficiarios de planes sociales, que reciben sueldos de miseria.
El próximo ajuste que se quiera aplicar debería empezar por los que más ganan en la parte privada y pública, y con el gesto, luego sí se podrían tomar medidas de control para priorizar, siempre a los que menos tienen y los trabajadores pobres.