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Desigualdad social reflejada en espacios verdes

"... la desigual situación queda evidente en la distribución de plazas y parques, concentrados muy generosamente en el casco céntrico, y escasas o casi inexistentes en los barrios..."

Miércoles 30 de Octubre de 2019

Poco, o más bien nada ha cambiado en los últimos años en relación a la disponibilidad de espacios verdes en Paraná, un componente clave no solo por su carácter ambiental, sino por su aporte para la calidad de vida y la sustentabilidad urbana.

Muy por debajo de los 10 a 15 metros cuadrados por habitante que determina como óptimo la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la capital provincial distintas estadísticas oficiales revelan que se ubica en torno a los 8 metros cuadrados.

Durante la última década, coincidente con una mayor explosión demográfica, la marca se ha detenido en el tiempo. Hay una deuda social –otra más, de las tantas– de las últimas administraciones municipales, que no lograron iniciar un proceso o desarrollar una política de recuperación y creación de espacios públicos que tiendan a dar sustentabilidad a la gran urbe en constante expansión.

A diferencia de otras localidades –Rosario es el ejemplo a seguir–, en la capital entrerriana nunca se logró afianzar una estrategia de desarrollo urbano que contenga en forma equilibrada las necesidades públicas o colectivas de la sociedad, con el válido interés privado. Ocurrió en los últimos años, que al negocio inmobiliario se le entregó las riendas de la urbanización, so pretexto de la generación de unos pocos puestos de trabajo temporarios.

Sin planificación y con el avance de privilegios sectoriales, la ciudad fue haciéndose cada vez más desigual, desde lo urbano, desde el acceso a los espacios públicos. Quienes viven en el centro disfrutan de áreas naturales privativas por su lejanía para miles de paranaenses que habitan casi encerrados en grandes conglomerados.

Esa desigual situación queda evidente en la distribución de plazas y parques, concentrados muy generosamente en el casco céntrico, y escasas o casi inexistentes en los barrios.

La aparición y habilitación de espacios verdes en Paraná tienen su origen, en general, hasta la primera mitad del siglo XX. Después, solo hubo una importante decisión política de Humberto Cayetano Varisco al incorporar el Parque Nuevo, a fines de los 90; también emergió una interesante idea que no logró prosperar plenamente durante la gestión de la Intendencia de Blanca Osuna, en torno a la ribera del río. Casi nada más.

Una prueba de la falta de definiciones en una ciudad que desde hace tiempo avanza solo en el día a día, sin perspectivas para las futuras generaciones, ocurre con el predio del exhipódromo Almafuerte.

Hace una década, una cadena comercial pretendía hacer un shopping, que ahora ya descartó. En ese estado de abandono, con proyectos elevados por ley provincial y hasta ordenanzas, tanto radicales y peronistas y hasta socialistas, propusieron expropiar para el uso público a esa gran manzana lindante a la plaza Mujeres Entrerrianas. El tema generó algo inédito o inusual en el ámbito político local: todas las fuerzas políticas coincidieron junto con una silenciosa mayoría social, en una idea que todavía no se cristaliza.

La valuación del terreno, aún en épocas de crisis, es ínfima si se considera su cuantía ambiental, social, recreativa. La zona este y sudeste de la ciudad, donde habita más de la mitad de la población y se extiende hasta la ruta 12 o avenida De las Américas, tiene allí un potencial espacio público, por su cercanía y fácil llegada. Ese sector urbano cuenta como último espacio libre anexado, al centenario Parque Gazzano.

Está comprobado que los espacios verdes reducen la temperatura, disminuyen la contaminación visual y auditiva, agregan valor patrimonial y resguardan una identidad colectiva ciudadana, que otrora identificaba a Paraná como la Ciudad Verde o Paisaje.

En estos últimos años la sociedad se movilizó en defensa del patrimonio urbano, en la lucha para salvaguardar a parte del Parque Botánico que se pretendía otorgar a la concesionaria del transporte urbano de pasajeros.

En las tensiones no resueltas entre el interés colectivo, que debe velar el Estado, y los privilegios sectoriales emerge una clara demanda cívica para que las venideras administraciones consensuen estrategias de planificación, creación y gestión de los espacios verdes.

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