Hoy por hoy
Miércoles 15 de Noviembre de 2017

Descalificar al otro

Mucho odio, mucho desprecio, mucho agravio, mucho resentimiento, mucha agresión y burlas leí en los comentarios de las notas que reflejaban la última marcha pidiendo Justicia por Santiago Maldonado. Es increíble la falta de respeto, tanto hacia la familia de Santiago como para los que creen que Gendarmería Nacional asesinó al joven chubutense. Atacan a los Mapuches pero no dicen nada de los grupos extranjeros que se adueñaron de la Patagonia con la venia de los gobernantes de turno, que miraron para otro lado.

El grupo italiano Benetton, se adueñó de 900.000 hectáreas entre 1991 y 1997. En esos campos crían ovejas para producir la lana de su firma. Por años expoliaron los recursos sin pagar cargas impositivas, no registrando las edificaciones que realizaban en sus tierras. A cualquier argentino le llega una boleta, con una foto satelital intimándolo a que informe sobre ampliaciones en su casa. Parecería que a los extranjeros no los comprende esa herramienta. Otro que nadie toca es el magnate inglés, Joe Lewis, dueño y señor de todas las tierras que rodean el Lago Escondido, y anfitrión de la visita al sur que hicieron juntos Barak Obama y Mauricio Macri, el año pasado. Los grandes medios no exponen a los empresarios extranjeros, pero a los Mapuches los tratan de terroristas y piden que se les aplique la impresentable y vergonzosa Ley Antiterrorista, votada durante el gobierno kirchnerista.

El mismo medio de comunicación que mentía diciendo que iba a desaparecer con la Ley de Medios –una Ley emblemática de la Democracia, construida durante décadas con el aporte de centenares de organizaciones sociales, comunicadores y pensadores de todo el país–, hoy tergiversa la realidad de un caso con el solo fin de favorecer al gobierno. Inventó la declaración de un testigo con el solo fin de ensuciar a un joven. Los grandes medios describen peyorativamente a Santiago. Claro, la decisión de vivir una vida ejerciendo la solidaridad, asumiendo las causas de los pobres, humildes y postergados, la elección de vivir por fuera de la sociedad de consumo, se paga caro en la actualidad. Se paga con la propia vida.

La descalificación del otro está a la orden del día, en especial en las redes sociales. Si alguien se moviliza, de inmediato lo agravian, sea que cual fuera el motivo de la movilización. Siempre tratan de cuestionar o desviar la atención. De ensuciar la demanda, de trasladar responsabilidades, inventadas, a las víctimas. Un remedo vergonzoso y deplorable del "algo habrán hecho" que atravesó la conciencia de los argentinos medio pelo.

El 2 de enero se cumplen 16 años de la desaparición de la familia Gil. Leyendo los comentarios en las redes sociales me imagino que el próximo año la marcha contará con una multitud de entrerrianos, ya que todos se preguntan, para desacreditar con desafortunada ironía las multitudinarias marchas que piden el esclarecimiento del crimen de Santiago: "¿por qué no marchan por los Gil o Fernanda Aguirre?" Otros dicen "¡Hay desaparecidos de primera y segunda!" Todas las marchas convocadas por la familia Aguirre contaron solo con un minúsculo grupo de vecinos, en especial de San Benito. La de los Gil no tuvieron respaldo.

Bien, es un buen momento para que abandonés tu cómodo sillón frente a la televisión o le quités unos minutos de descanso a tu familia o salgas corriendo del trabajo o la facultad para pedir por otro. Por un ser humano. Basta de agredir a los que se movilizan y movete vos. Les molesta que marchen las mujeres, les molesta que marchen los obreros, les molesta que marchen los que no tienen trabajo. Lo único que no les molesta, pareciera, es su propia dulce muerte en vida. Y muchos argentinos y argentinas prefieren vivir. Vivir como dice una hermosa y poderosa frase de los colectivos feministas y de mujeres que se multiplica en las multitudinarias marchas: "Vivas nos queremos". Para luchar por más derechos, por más equidad, por más justicia, por más inclusión.

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