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Dejen de robarle el tiempo a la gente

Lunes 01 de Julio de 2019

Cuando un colectivo no pasa a horario, hay muchas personas que llegan tarde a su lugar de trabajo, pibes que entran a la escuela con clases empezadas, gente que llega a su casa a última hora. Diez, quince o veinte minutos (que es, más o menos y según el día, la tardanza más frecuente de los colectivos en Paraná) pueden parecer un ratito nomás para los dueños de las empresas que prestan el servicio de transporte público de pasajeros; pero para un trabajador puede llegar a ser una sanción en la empresa donde se desempeña, o una mala cara del patrón, que a veces es peor; para un estudiante podría significar una media falta que se anota y se resta para el resto del calendario; para quienes regresan a sus hogares, es tiempo que se pierde para cocinar o para ver y preparar las cosas de la escuela de los chicos para el día siguiente; o simplemente diez, quince o veinte minutos que se pierden para el ocio, jugar con los hijos, leer o mirar una serie. Lo que sea. Es tiempo muy valioso expropiado por los dueños de las empresas, y los funcionarios municipales que deberían controlarlos, a las personas que hacen uso del derecho del transporte público para moverse en la ciudad.

Pero los responsables de este servicio público, elemental para cualquier urbe, en Paraná juegan con la paciencia de los usuarios, con el acostumbramiento a fuerza de décadas sin cambios sustanciales, con el poder de tener en sus manos la movilidad de decenas de miles de personas.

Nunca perdieron. Antes con subsidios, ahora con menos dinero del Estado pero con tarifas exorbitantes que pagan los pasajeros de sus bolsillos.

Es cierto que, tal como informó UNO en varias notas en los últimos meses, sigue cayendo el uso del colectivo en Paraná, hasta un 4% anual, y esto perjudica el negocio. Y es cierto que el desastre económico y social que provocó el gobierno de Macri deja margen para explicar lo mal que funcionan muchas cosas. Pero no todo.

Viajar ida y vuelta desde un barrio al centro de la ciudad cuesta alrededor de 45 pesos, casi lo mismo que el litro de nata súper, que es lo que aproximadamente consume un vehículo en el mismo trayecto. Si en el auto viaja más de una persona, el colectivo pasa a ser carísimo: una locura en tiempos que se debería fomentar el transporte público por razones de tránsito, de seguridad y de contaminación, entre otras.

No hay excusa para que las empresas no puedan respetar los horarios. Es lo elemental. Sin embargo, hacen lo que quieren. Y da la casualidad que deciden no transitar en aquellas frecuencias que tienen menos pasajeros. Cuando en un horario determinado el colectivo va con 15 o 20 personas a bordo en promedio, unos días después, mágicamente, se saltean ese horario, por lo cual el colectivo levanta esos 15 o 20 pasajeros más los de la frecuencia siguiente. El resultado es el que las personas viajan apiladas y en las paradas más cercanas al centro el colectivo ni siquiera se detiene, y muchos lo ven pasar, para seguir esperando.

Encima, cuando algunos tienen la osadía de quejarse o ir fustigando porque perdieron media hora en la parada o porque llegan tarde a un lugar, algunos de los choferes responden con malos tratos, insultos y otras faltas de respeto. “¡Basta de quejarse, señora, desde que subió la estoy escuchando! ¿por qué no se toma un remís por 22 pesos?”, le dijo un maleducado conductor a una mujer de la tercera edad.

En pocas ramas se observa una correlación entre sindicato y empresas como lo es en Paraná entre la UTA y ERSA. De repente surgen reclamos (justos y casi nunca resueltos) y paran justo en el momento que a los empresarios más les conviene que los colectivos no salgan de las paradas. Históricamente, cuando un gremio quiere conquistar un reclamo, utiliza el paro para hacer sentir su fuerza los días u horarios en que más va a repercutir la medida. Acá sucede lo contrario, y dudo que lo hagan pensando en los pasajeros.

En décadas, no hubo una gestión municipal que pueda resolver este derecho básico de los paranaenses en forma sostenida en el tiempo ¿Podrá hacerlo Adán Bahl?

Lo mínimo que deben cumplir es pasar al momento que un trabajador espera el colectivo en una garita (si tiene suerte de tenerla en la esquina). El resto, a veces, se podría perdonar o aguantar. Pero deberían empezar a dejar de robarle el valioso tiempo a la gente.

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