Miradas
Domingo 17 de Febrero de 2019

Dejar de ser ciudad dormitorio

"...En la ciudad dormitorio ... mucha gente no se siente parte de la comunidad, es como que están obligados a permanecer allí, pero a su vida la hacen en Paraná..."

Cada localidad de la provincia tendrá una discusión electoral ajustada a su realidad. Las habrá previsibles, creativas, monótonas; pero de lo que no caben dudas es que en Colonia Avellaneda esa discusión pasa por el eje de la vida de la gente.
Seguramente esto no es nuevo para los ¿avellanedenses?, pero parece haberse perdido de vista durante años no solo para este periodista –acostumbrado a que en estas épocas de cierres de listas, la política sea más la rosca que la mirada de lo social– sino también para las planificaciones de los gobiernos.
En los últimos años se construyeron en la localidad 1.200 viviendas y se produjo un fenomenal traslado de habitantes desde la ciudad de Paraná. Los nombres de los nuevos barrios ni siquiera son creativos se llaman 200 Viviendas Este, 200 Viviendas Oeste, 400 Viviendas Norte y 400 Viviendas Sur.
En 2001 se habían censado 2.049 personas en Colonia, y en 2010 se contabilizaron 3.084 residentes. El último operativo censal fue cuestionado porque se calculaba que en ese momento la población superaba los 10.000 habitantes. Ahora, mucho más por supuesto. La cifra es una incógnita. El padrón de electores de 2017 era de 5.312 votantes, porque muchos habitantes todavía tienen su domicilio en la ciudad de Paraná, que es donde trabajan, estudian, tienen parientes, hacen las compras o salen a pasear.
La incipiente campaña electoral, que marcará el fin de la gestión de Edgardo Dellizotti, que comenzó en 2001 cuando todavía Colonia era junta de gobierno, ha puesto sobre el tapete varias cuestiones que tienen que ver con la calidad de vida de las personas.
Hoy se contabiliza una docena de aspirantes a la Intendencia, y es muy probable que el justicialismo y Cambiemos tengan más de un postulante en las elecciones primarias. Aunque la multiplicidad de candidatos suele ser criticada en los medios, donde es habitual ver títulos que relacionan la cantidad de habitantes con la cantidad de postulantes a intendentes y concejales; tal vez una mirada un poco menos prejuiciosa pueda llevar a la conclusión de que existe un positivo interés de varios ciudadanos por mejorar su localidad.
No hace falta contarle a la gente de la zona que cuando se fueron a vivir allá debieron enfrentarse con déficits elementales. No había escuelas, poca o ninguna cobertura de salud, calles intransitables y varios otros problemas.
Hoy, según se discute en la campaña, o al menos intentan plantearlo algunos candidatos, no solamente persisten problemas relacionados con la infraestructura, sino también con la contención social.
En el plano sanitario es conocido el problema del agua, de dudosa potabilidad; y más allá de muchos informes favorables, las familias de la zona tienen un presupuesto extra en comprar agua para beber. Faltan espacios y personas capacitadas para que los jóvenes accedan a la práctica deportiva. Faltan instancias de capacitación laboral, tanto para los jóvenes como para los adultos que requieren reinsertarse en el mercado laboral, entre otros aspectos. La gestión municipal actual parece desgastada, pero no es intención de esta nota evaluarla, sino reflejar la cantidad de aspectos en los que deberá trabajar el próximo gobierno y la comunidad toda para corregir las consecuencias de un traslado masivo de población que se hizo sin haber tomado las previsiones necesarias para garantizarle a todos esos entrerrianos una calidad de vida aceptable.
Tal vez el dato más llamativo para este periodista en la incipiente campaña electoral que aporta la precandidata Irene Fuchs, quien asegura por ejemplo que algunos desbordes en la conducta de los jóvenes son, en parte, producto de años de estar muchas horas solos, sin contacto con sus padres, porque ellos tienen que seguir con muchos aspectos de su vida, especialmente el laboral, en Paraná. No tan lejos en kilómetros, pero a una hora o más de viaje en colectivo, lo que tampoco es barato.
"En la ciudad dormitorio se potencia la disgresión social, mucha gente no se siente parte de la comunidad, es como que están obligados a permanecer allí, pero a su vida (compras, esparcimiento) la hacen en Paraná", describe Fuchs.
Gran tarea para la política, la de intentar reparar tanta imprevisión.

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