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De las escuelas y del juego del gorrión, al mundo

Miércoles 26 de Junio de 2019

Además de ser el deporte donde más alto ha llegado Paraná en todos los niveles, por infraestructura, éxitos deportivos, promoción de jugadores y organización de citas internacionales, el sóftbol tiene otro gran mérito: no rivaliza con otros deportes, no se envuelve en polémicas, grietas ni disputas menores, tan características y comunes entre los aficionados al fútbol, el rugby, el automovilismo o el básquet.

El deporte del bate goza de un reconocimiento y simpatía unánimes. Muchos años atrás, hablando con Eduardo Sabaté, me relató los orígenes de esta tradición, que comenzó con la práctica en los establecimientos educativos, en la década del 50, al ser incorporada en la currícula escolar durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1951-1955). Allí fueron importantes los profesores Vera, Malmierca, Godoy, Benmelej y Romero, que tuvieron a su cargo la enseñanza en los colegios Nacional, Industrial, Normal y Comercio, había recordado el histórico entrenador local, con una vasta trayectoria ligada a ese deporte.

En ese proceso gestado desde entonces, determinados hechos suelen torcer la historia y son claves para el inicio de una nueva etapa. Son emblemáticos y con el tiempo constituyen la base de una mística.

Paraná es considerada la Capital Nacional del Sóftbol, y para llegar a esa cúspide muchas cosas debieron ocurrir. Si bien no había sido la primera localidad en el país en desarrollar la actividad (de la que fueron pioneros Bahía Blanca y Capital Federal), fueron las ganas, el entusiasmo y la dedicación de aquellos alumnos de nivel Primario y Secundario de las décadas del 50 y 60 (que luego serían las grandes figuras de ese deporte local) las que empujaron su crecimiento. También acompañó esta evolución la difusión del “juego del gorrión” –sóftbol en las calles de la ciudad, con un palo de escoba como bate y una pelota de trapo- en los barrios– y luego, el esfuerzo asociativo en clubes.

Hasta que en 1968 llegó la organización del V Campeonato Argentino de la disciplina, la primera en la capital provincial. Aquel plantel lo integraron Roque Heiss (capitán), Conrado Cargnel, Jorge Godoy, Juan Acebal, Juan Livrizzi, Miguel y Jorge Pressenda, Enrique Acuña, Horacio San Román, Carlos Ribles, Ricardo Sáenz, Andrés Meglio, Juan Pérez, Rubén Galeano y Víctor Busón.

Ese acontecimiento, contó Sabaté, provocó una verdadera “explosión” con la proliferación de nuevos clubes y más adeptos. Y finalmente, la mística triunfadora en todas las categorías y niveles a partir del certamen de 1971 en Bahía Blanca. Desde entonces, el mote de Capital Nacional de Sóftbol tiene sólidos argumentos refrendados cada año en éxitos deportivos y calidad y cantidad de jugadores.

El posterior egreso escolar de aquellos estudiantes llevó a que los clubes abrieran sus puertas al nuevo deporte. Sóftbol Play dio el puntapié por los años 1962 y 1963, lo siguieron La Pluma, Tecnológica (de la UTN), Centro de Estudiantes de Ingeniería de Paraná (CEIP), El Ceibo y Estudiantes. Ya en los 70 se sumaron Belgrano, Don Bosco, Echagüe, Patronato y posteriormente, mientras algunos desaparecían otros asomaron, como Talleres, ATSA o Paracao.

El “amplio predicamento” de este deporte se fortaleció con la organización del V certamen nacional, en 1968, donde Bahía Blanca ratificó su supremacía al obtener el cetro, y Paraná alcanzó la sexta ubicación. Pero el quiebre de la hegemonía del sur bonaerense, según testimonian, se produjo justamente cuando se organizó en aquella localidad el campeonato argentino de 1971. Allí, dicen, se gesta la mística paranaense, con la obtención del primer título.

Conformaban el plantel ganador, entre otros, Armando Montero, Eduardo Jatón, César Montero, Daniel Yañez, Antonio Medrano, Juan Livrizzi, Roque Heiss, Gustavo Piérola, Daniel Macorig.

Ahora, a esos y tantos otros nombres que hicieron historia para la ciudad, se suman Santiago Carril, Federico Eder, Gustavo Godoy, Manuel Godoy, Román Godoy Herbel, Ladislao Malarczuk, Pablo Migliavacca, Teo Migliavacca, Mariano Montero, Bruno Motroni, Gonzalo Ojeda, Gian Scialacomo, y el cuerpo técnico encabezado por Julio Gamarci. Todos ellos siguen nutriendo una tradición.

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