Hoy por hoy
Martes 31 de Octubre de 2017

Cuando la integración tiene un desaprobado

Vanina es la mamá de Santino. En la escuela pública de Paraná a la que concurre su niño dentro del nivel Primario ya le anunciaron que va a repetir de grado. Pero a su vez ya le comunicaron que no tendrán cupo para el ciclo 2018.
El caso en particular no escapa a la realidad de aquellos que forman parte del sistema educativo público. El tema es que Santino tiene TGD: Trastorno Generalizado del Desarrollo. El pequeño tiene 9 años y la mala noticia en materia de su nivel educativo fue comunicada hace menos de un mes.
El nerviosismo que invade a Vanina no es único. No está sola ante este panorama de incertidumbre. En Paraná hay un grupo de Padres con hijos que han sido diagnosticados con TGD y TEA (Trastorno del Espectro Autista). Son cerca de 40. Y en un alto porcentaje todos están pasando por la misma situación: la de encontrar mucha resistencia como para que sus hijos puedan conseguir un lugar en el colegio que los venía "acogiendo".
El drama no pasa por las políticas de integración que hay en esta materia, ya que hay leyes de por medio que son más que claras (que los debe incluir y no excluir), sino puertas para adentro de las escuelas. La resistencia se da en algunos maestros y directivos. Argumentan que algunos de estos pequeños son "violentos" y que no permiten el desarrollo "normal" de una clase. Hay que aclarar que los niños concurren a las aulas con acompañante pedagógico o terapéutico, dependiendo el caso.
Vanina y el resto de los padres del grupo de los 40 creen que no hay docentes y directivos formados y capacitados en esta materia. Han sido testigos de comentarios "terribles e hirientes" para con sus hijos. Que por tal motivo encuentran esa resistencia para que los niños puedan concurrir al aula como "uno más". Y que esto roza la discriminación. Por eso Mariana, otra mamá del grupo, tuvo que recurrir hace un tiempo al Inadi. Su pequeño Ariel (con síndrome de Asperger), a pesar del buen comportamiento y las buenas notas que lo acompañaban estuvo a punto de perder su banco ya en el nivel Secundario. De no haber sido por la intervención del organismo nacional que lucha contra la discriminación, la historia podría haber sido otra.
Hay otros relatos que respaldan el presente preocupante para conseguir un banco en 2018. Sí coinciden que los que deberían sentarse a estudiar y prepararse son algunos docentes y directivos de colegios. Muchos tienen un desaprobado y deberían repetir. ¿Existe la solución? Será un nuevo desafío para la educación que viene.

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