Domingo 31 de Octubre de 2021
En las últimas horas se reabrió la discusión de los beneficios que perciben las personas que llegan al poder, y cómo se dan situaciones de legalidad, frente a injusticias que sufren otros ciudadanos de la Argentina.
El debate surgió por la decisión del gobierno de Alberto Fernández, de no cuestionar el pedido de la expresidenta, actual vicepresidenta y viuda de Néstor Kirchner, Cristina Fernández. Basándose en la ley que le permite percibir un par de beneficios muy importantes económicamente, tal vez en la peor crisis económica, financiera, social, sanitaria, laboral y educativa que vive la Argentina, la señora Kirchner reclamó lo que la avala el Derecho: cobrar las pensiones por haber sido expresidenta y ser la esposa de un presidente.
Estos beneficios no fueron abonados, ya que en la anterior gestión de gobierno, se entendió que había situaciones incompatibles. Fue así, que ahora la actual titular del Senado de la Nación, va a percibir 2.500.000 pesos por mes, más unos 120 millones de pesos por no haber cobrado esos dineros en tiempo y forma.
Es legal, sí. ¿Es ético?, esa es la pregunta, sea Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri o cualquier otro ex presidente o integrante de la Corte Suprema de Justicia.
La discusión se da, justo cuando el Estado argentino asegura que a los jubilados nacionales solo les pudo pagar un porcentaje de suba, que lleva la mínima a unos 30.000 pesos.
La sensación que queda con todo esto, es que la clase política, sea del color que sea, siempre "trabajará" para "blindar" con beneficios a las personas que llegan al Poder.
El sentido común indica, que la actual vicepresidenta que cobra por su actual cargo -se entiende-, puede vivir dignamente con el merecido sueldo de presidenta del Senado. Sería hasta lógico que se le permita cobrar otra suma similar por su cargo anterior, pero tambien darle la posibilidad que se lleve otro millón de pesos a su casa por la pensión de su ex esposo, es como medio mucho. Insisto, es legal, sí. Pero no sé si ético.
El Estado argentino ahora tiene que buscar los dineros que faltan para generar trabajo, mejorar los sueldos en la educación, salud, seguridad, empleados públicos y ni hablar de jubilados, para PRIORIZAR el pago de la deuda que se tiene con la vicepresidenta.
Nuestros dirigentes dicen que saben cómo está de crítica la situación, y nadie hasta el momento hizo gestos de colaborar con la realidad. Por decir, desde el Presidente Fernández, pasando por sus ministros o miembros del Poder Judicial a nivel nacional, ninguno donó ni un peso para ayudar en la pandemia de Covid. Sí, alertaron que no podían dar aumentos a los trabajadores para no poner en jaque las finanzas públicas. Pero para pagar 2.500.000 de pesos por mes, si debe aparecer el dinero, sea como sea.
La familia Kirchner amasó una extraordinaria riqueza. No voy a valorar cómo la hicieron, por lo que podrían ser un poco más solidario con el pueblo y demostrar que en la vida no todo es juntar plata. Tanta voracidad.
Lo mismo hizo Mauricio Macri, que al ser presidente priorizó a sus familiares con empresas para que obtuvieran más beneficios del Estado. Esto es inaceptable por donde se lo mire, y tal vez por eso y por su mala gestión, es que la gente lo castigó con el voto hace dos años atrás.
Los buenos ejemplos de la Política en la historia deberían ser imitados, desde el renunciamiento histórico de Eva Perón, pasando por la donación de una parte de su sueldo a la biblioteca de Chascomús por parte del Presidente Raúl Alfonsín, y hasta la renuncia a percibir la pensión como vicepresidente del radical Elpidio González.
En la actualidad, dicen los expertos en previsión social que el sistema jubilatorio en el país está quebrado. Y eso los políticos lo saben, pero con los ejemplos dados en los últimos tiempos, parecería que no les importa. Cobremos todo lo que corresponde por ley, esa es la premisa. Primero nosotros, los del poder, los que tenemos privilegios, para luego si queda algo, al resto de la población.
El mensaje no es bueno. Y con esa boca, hablan de pobreza, culpan a las ideologías, al resto de los partidos, a los adversarios, hablan, y hablan por qué hay que seguir votándolos, pero en la primera de cambio, los derechos de ellos nadie se los debe tocar.
Afectar el derecho de los jubilados y el resto de los trabajadores, que cobran menos de 68.000 pesos, que es el sueldo mínimo para no ser pobres en el país, a muchos del poder no les interesa. Darles sueldos de hambre, aumentos irrisorios, es una receta fácil. Porque en la Argentina hay arbitrariedades que son legales, pero no éticas.