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Jueves 19 de Septiembre de 2019

Faltan 38 días para las elecciones y 82 para el cambio de gobierno. Casi tres meses en la Argentina no son tres meses comunes. Planificar algo de aquí a diciembre será una travesía que solo promete, como mínimo, problemas. Muchos problemas. Como quien se prepara para resistir la ola, la mayoría de los argentinos está tratando de afirmarse y hacerse chiquitos, no ofrecer ningún tipo de resistencia, para que cuando llegue el golpe se pueda conservar algo del equilibrio perdido.

Pero para eso se necesita al menos un piso firme donde pararse. En Argentina son millones de personas las que no tendrán otro destino que ser arrastrados fuera del sistema. No se sabe cuándo, ni se sabe cómo. Tampoco de dónde llegará. Pero todos sabemos que vendrá.

Sin certezas ni rumbo. Sólo incertidumbre y propaganda que ya nadie cree.

Ni siquiera el resultado de las elecciones aportará una idea clara sobre cómo se transitará desde el 28 de octubre hasta el 10 de diciembre. Después de las PASO Macri perdió el control total del gobierno y el único gesto espasmódico al que recurrió después de las elecciones fue el de desparramar plata en medidas que tendrán un costo estimado superior a los 100.000 millones de pesos.

La Oficina de Presupuesto del Congreso Nacional calculó el costo recaudatorio de algunas de esas medidas en 86.892 millones de pesos, pero la cifra sigue creciendo a medida que avanzan los días y se retoma la campaña. Esta misma área del Congreso estimó que la Nación absorberá el 45,5% de esa menor recaudación, mientras que las provincias absorben el restante 55,5%.

Los gobernadores saltaron al unísono cuando vieron esto, y también comenzaron a prepararse para cuando llegue el golpe de la ola. ¿Alguien puede imaginarse lo que podría suceder en los cuarenta y pico de días que le quedarán por gobernar a Macri si no logra el sueño de revertir el resultado de agosto?

Esta pregunta se la hacen millones de argentinos. Y la falta de una respuesta, aunque sea mínima, mete miedo.

Mete miedo en casi toda la clase media, mete miedo en los mercados, mete miedo hasta en el FMI, que se negó a mandar la plata que le había prometido a su amigo pero que ahora quiere esperar para hablar con el dueño del circo.

Sólo entre los más pobres el miedo tiene competencia. En este sector entró a jugar la esperanza, porque cuando se ha perdido casi todo, sólo resta afirmarse en el fondo esperando a que comience a retirarse el agua para asomar de nuevo la cabeza y volver a respirar.

El blindaje mediático que comenzó a ponerse en marcha para tratar de sustentar el sueño de revertir el resultado de agosto ayudará a transitar sin mayores problemas los 39 días que restan hasta las elecciones.

Pero si eso no sucede, los 44 días siguientes serán de mucho cuidado.

La mayoría de los que esbozaron la idea de achicar esa brecha gigante de tiempo y adelantar el traspaso del mando fueron tildados de golpistas o anticonstitucionales.

Hay que analizar bien la idea.

No serán 44 días normales. Serán 44 días argentinos.

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