"Hay otra pobreza que es la espiritual y afecta también a los países considerados ricos"
El Papa Francisco advirtió hoy que, además de la pobreza material, existe "la dictadura del relativismo que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia”.

Viernes 22 de Marzo de 2013

El Papa Francisco advirtió hoy que, además de la pobreza material, en el mundo hay una pobreza espiritual “que afecta a los países más ricos”.

El sumo pontífice hizo estas declaraciones en el marco del  discurso que dirigió al cuerpo diplomático del Vaticano, al que recibió hoy en la Sala Regia, del Palacio Apostólico.

 
Allí, Jorge Bergoglio dijo que “no hay verdadera paz sin  verdad y no puede haber verdadera paz si cada uno en la medida de  sí mismo reclama sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo  tiempo del bien de los demás”, según consignó la agencia de  noticias EFE.
 
 
“¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! ¡Y cuánto sufrimiento afrontan estas personas!”, afirmó el papa, que añadió:  “Pero hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días,  que afecta gravemente también a los países considerados más ricos”.
 
 
“Es lo que mi predecesor, el querido y venerado papa  Benedicto XVI, llama la `dictadura del relativismo`, que deja a  cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia  entre los hombres”, completó el obispo de Roma ante los  embajadores.
 
 
Además, Francisco destacó la “preocupación de la Iglesia por  el bien de todos los hombres de la Tierra”, al tiempo que exhortó  al diálogo entre los pueblos para construir la paz.
 
 
En ese sentido, el papa subrayó que uno de los títulos del  obispo de Roma es “pontífice”, “es decir, el que construye puentes,  con Dios y entre los hombres”, y abogó por que el diálogo “ayude a  construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno  pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino  un hermano, para acogerlo y abrazarlo”.
 
 
Bergoglio advirtió que no se pueden construir puentes entre  los hombres olvidándose de Dios, “pero también es cierto lo  contrario: no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios  ignorando a los demás”.