Luciana Actis/Escenario
Rocamboleros coparon el Museo
Quienes el viernes llegamos con el tiempo justo al Museo de Bellas Artes en Paraná, vimos algo frustradas nuestras expectativas de apreciar en su totalidad la muestra de Rocambole, “La batalla de las pantallas”: a pesar de las pésimas condiciones climáticas, una larga fila de espectadores llegaba hasta Alameda de la Federación y doblaba la esquina.
Minutos después de las 19, se abrieron las puertas del lugar, y la gran masa de personas –en su mayoría, jóvenes seguidores del Indio Solari– copó los salones del Museo. Después de unos minutos, cuando parte de la concurrencia comenzó a dirigirse al patio, pudimos aproximarnos a ver los 50 cuadros: reprografías, acrílicos de grandes dimensiones, y otras obras en técnicas mixtas.
Estética cómic con impronta rioplatense, y recorridos surrealistas por el imaginario rockanrolero. Rostros sufridos, imágenes tenebrosas de un apocalipsis cibernético componían un corpus pesimista, pero que llama a la reflexión sobre la esclavitud cotidiana de la sociedad multimedial, enchufada a monitores, pendiente y dependiente de los teléfonos celulares, sumida en la realidad virtual, conectada a la Matrix.
Pasadas las 20, la multitud copó el salón auditorio, donde Ricardo Cohen –más conocido como Rocambole, el ilustrador de los discos de Los Redondos– daría una charla. Otra fila formó un cuello de botella imposible de franquear en la puerta de la sala, por lo que optamos seguir admirando la obra del artista, que habla por sí misma. “Es el efecto Indio Solari”, comentó alguien, que tampoco pudo ingresar a la conferencia. “El infierno está encantador esta noche”, hubiera querido responder, pero no soy tan ocurrente.













