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Cultura

Un lustro abrazando la cultura y resistiendo desde la diversidad

La Biblioteca Popular Pedro Lemebel celebra cinco años de vida. Los festejos comenzarán mañana, con la Fiesta de Reyes Magos.

Sábado 04 de Enero de 2020

La Biblioteca Popular Pedro Lemebel está ubicada en el corazón del barrio El Sol y se enorgullece de ser la primera y única biblioteca para la diversidad de la Provincia. “La diversidad, el derecho de las minorías, étnicas, religiosas, culturales, de identidad tienen un espacio aquí”, dice en su página de Facebook.

Este mes, más precisamente el 23, la Biblioteca cumple su primer lustro como un espacio educacional y de inclusión, donde niños y adultos son contenidos. Por eso, durante el mes realizará diversas actividades para celebrar en su sede, ubicada en los locales 3 y 4 de la Galería Comercial de barrio El Sol, en calle Santos Vega 1754, frente a la escuela Bazán y Bustos.

Escenario dialogó con Nora Aracil, la presidenta de la ONG que sostiene esta Biblioteca, quien refirió: “La biblioteca nació como un lugar desde el cual promover la lectura a través de los libros y otras actividades. La idea la tuvo su hijo mayor, Tadeo Mansilla, que cuando iba a la escuela no entendía por qué la señorita los amenazaba a él y sus compañeros con mandarlos a la biblioteca si se portaban mal. Desde su infancia él amaba los libros. Tanto Tadeo como su hermano Ciro estuvieron en el Plan de Lectura de Arcor cuando asistían a la Primaria, fueron finalistas y todo, estuvieron muy vinculados a los libros desde pequeños”, dijo.

Pero no se trata sólo de libros, la biblioteca es un encuentro de militancia. Ya desde hacía tiempo, con su grupo de danzas Tribu Nuralain, Aracil venía militando cuestiones que tienen que ver con lo LGTBIQ y las feminidades sagradas de culturas no judeo-cristianas. El año anterior a la creación de la biblioteca, trabajaron con artistas LGTBIQ en una gira que se llamó Se dice de mí. Paralelamente, Esteban Amatti –su compañero– también venía de la militancia social y del deporte, así que hubo un encuentro de voluntades que empezaron a madurar la idea de tener un espacio propio, más formal, desde el cual poder trabajar.

Justo cuando estaban poniendo manos a la obra, el 23 de enero de 2015 se enteraron del fallecimiento de Pedro Lemebel, militante LGTBIQ, escritor y performer chileno.

“Todos teníamos en común que seguíamos su trabajo. Nosotros habíamos buscado un espacio físico y nos habíamos encontrado con la Galería Comercial del barrio El Sol, que estaba abandonado, y frente a la última performance de Pedro Lemebel, porque su velorio fue en una parroquia barrial, donde el templo se habitó de feminidades disidentes, gitanos y pobres, entonces decidimos ponerle su nombre a la biblioteca”, recordó.

No fue tampoco casual el decidir habitar locales de la Galería del barrio El Sol. “Cuando yo era chica era un lugar pujante, cuando mis hijos eran chicos era un lugar de contención, donde podían ir a comprar sin estar en peligro. Y hoy era un lugar deshabitado, un nido de violencia. Por eso sentimos que era ese el espacio”.

El grupo no concibe a la biblioteca como un depósito de libros, sino como un lugar vivo, en cambio y movimiento. “La gente cuando viene se sorprende, porque nunca encuentran los libros en el mismo lugar. Nosotros queremos que sea un lugar de abrazo y promoción cultural donde el libro no sea un objeto fuera del alcance de las personas, o como el castigo de la Primaria. Sino como un lugar de habitabilidad cultural”, comentó Aracil.

Una diversidad es ancha

Vale destacar que entre sus múltiples actividades, la biblioteca cuenta con talleres de Apoyo Escolar, que en la práctica suelen funcionar como talleres de Alfabetización; de Producción Audiovisual, Música, Artes Plásticas, Reciclado y Reconstrucción del Hábitat, y de Diversidad. Este último tiene mucho que ver con hacer honor a la vida y obra del hombre que le prestó su nombre a la biblioteca.

Allí se discute la diversidad de género desde teoría, desde un análisis profundo y real sobre hechos y experiencias, trabajando la resiliencia.

“Nosotros decimos que abonamos al Colectivo TTT (transexual, transgénero y travesti) y otras mariconerías, como decía Pedro. Tiene que ver con visibilizar la situación de ese ser social que Pedro Lemebel llamaba ‘el puto de barrio’, este ser que se gana el respeto en la cotidianidad, el amor y el desamor del otro por elección, su corporalidad es una construcción política. Por eso en nuestra biblioteca participa activamente gente como Alfredo Monzón, más conocido como La Yara Ponzo; Claudio Galeano, o Iara Quiroga. Son corporalidades que habitan el barrio y sostienen la biblioteca, construyendo desde su lugar de identidad y resistencia. Hablamos de maricones de casi 60 años en algunos casos, que no son travestis ni se autoperciben como la ley les dice, pero tampoco son el estereotipo de lo binario. Son la construcción de lo que Pedro llama la loca”, destacó Aracil.

En este sentido, subrayó que en el espacio de la Biblioteca Popular Pedro Lemebel se dan discusiones cruciales hacia el interior del colectivo LGTBIQ: “Ellos tienen otro recorrido diferente al que hoy se suele mostrar desde los colectivos LGTBIQ, que están habitados por chicos que no saben lo que significa ser puto, porque nacieron y se criaron en un país donde ya hace años existe la Ley de Identidad de Género, el Matrimonio Igualitario, que les permiten ir libres por la calle, incluso provocando al otro. Muchos de los maricones más viejos están enojados con los chicos, porque una cosa es habitar tu identidad y otra muy diferente es faltarle el respeto al otro e incluso a uno mismo. Por eso, la Biblioteca Pedro Lemebel es un lugar de mucha discusión, de debate y empoderamiento”.

Festejos

Mañana lunes, a partir de las 19, la biblioteca celebrará la Fiesta de Reyes Magos, con música en vivo, juegos, merienda, regalos y la presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar.

“Nosotros tomamos esto como una fiesta popular, que tiene que ver con el imaginario colectivo, que está más allá de si estamos o no a favor de la separación entre la Iglesia y el Estado. Así arrancaremos el enero de nuestro quinto aniversario. Más adelante vamos a salir a las calles con una Comparsa Infantil que está hecha con elementos reciclados y estamos construyendo alas, colibríes, mariposas, unicornios para las niñas que habitan la biblioteca y que no tienen acceso a esas cosas. Acá se lee La Bella y la Bestia, la Cenicienta, El Mago de Oz y otros clásicos; no digo que esté mal leerles Antiprincesas, pero estas nenas están en contacto con cosas a las que no pueden acceder”.

La biblioteca está construida con miras a la diversidad, pero fundamentalmente a la minoría de clases. “Aunque estamos a siete cuadras de la Casa de Gobierno, somos la tierra de lejos, la puerta del Lejano Oeste. Trabajamos con muchos talleres que ahora, con la comparsa van a salir a la luz y mostrar lo que hacemos”, manifestó.

Sobre la participación de la gente de la zona, contó: “Aunque estamos en el corazón del barrio El Sol, hay mucha más participación de los barrios que están alrededor, como Giacchino, Pirola, Libertad, el asentamiento Villa Latina, La Floresta. Primero porque no hay muchos niños en El Sol, está envejeciendo con sus habitantes; y después hay gente del barrio que medianamente te acompaña, otra que aplaude de lejos, y otra que boicotea, directamente. Pero creo que festejos populares como la Fiesta de Reyes, el Pesebre Viviente que hacemos, o el Carnaval Popular, tocan fibras que hacen que la gente se acerque, de a poco, y vayan perdiendo el prejuicio a nuestra Biblioteca”.

Por último, recordó que el 23 de enero, partir de las 21 para el aniversario de la Biblioteca y del “paso a la inmortalidad de Pedro Lemebel”, van a hacer una feria editorial, con micrófono abierto, música en vivo y la presentación de una imprenta artesanal que funcionará en la biblioteca, de la mano de Adrián Rodríguez. Para esto, serán bienvenidas donaciones de mimeógrafos.

Pedro Lemebel, el provocador

Pedro Lemebel pasó de ser un niño pobre criado a orillas de un basural y un artista travestido que usaba la provocación como herramienta de denuncia política, a ser uno de los autores chilenos más comentados y exitosos de las últimas décadas.

Nació en 1952, en la orilla del Zanjón de La Aguada, un cauce natural que recorre la ciudad de Santiago de Chile. Vivió en medio del barro hasta que, a mediados de la década siguiente, su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales. En ese medio, en el cual los niños tenían limitado acceso a la educación, ingresó a un liceo industrial donde se enseñaba forja de metal y mueblería y, posteriormente, cursó estudios en la Universidad de Chile, de donde egresó como profesor de Artes Plásticas.

Sus primeros acercamientos sistemáticos a la literatura ocurrieron en un taller literario a comienzos de los 80, donde empezó a escribir cuentos. Trabajaba como profesor de Artes Plásticas en dos liceos, de los cuales fue despedido ese mismo año, presumiblemente por su apariencia, ya que no hacía mucho esfuerzo por disimular su homosexualidad. Después de esa experiencia decidió concentrarse en los talleres de escritura. Allí fue forjando redes intelectuales, políticas y afectivas, principalmente con escritoras feministas y de izquierda como Pía Barros, Raquel Olea, Diamela Eltit y Nelly Richard, quienes lo acogieron.

Sin embargo, su inserción en las filas de la militancia de izquierda fue problemática, ya que su homosexualidad tampoco fue bien recibida allí. La primera vez que usó sus famosos tacones y maquillaje fue en 1986, en una reunión de los partidos de izquierda en la Estación Mapocho, donde el escritor leyó su manifiesto Hablo por mi diferencia, ante una audiencia perpleja. Ese mismo año, Pedro participó con siete relatos suyos en la antología Incontables, editada por el taller de Pía Barros.

Pasó del anonimato literario a la performance artística, al formar junto al poeta Francisco Casas el dúo Las Yeguas del Apocalipsis, que se caracterizó por irrumpir de manera sorpresiva y provocadora en lanzamientos de libros y exposiciones de arte, transformándose en un mito de la contracultura.

Con el tiempo fue dejando atrás al personaje teatral para consolidarse definitivamente como escritor. En 1995 Lemebel publicó su primera colección de crónicas, La esquina es mi corazón. A partir de entonces comenzó a convertirse en un cronista urbano que husmeaba por los pliegues más oscuros de la vida cotidiana chilena. En los años siguientes publicó Loco afán y De Perlas y cicatrices, nuevas recopilaciones de crónicas en las que se fue afianzando su singular voz literaria, que mezclaba lo barroco y lo marginal en un tono de provocación y resentimiento.

Hacia fines de la década de los 90, Lemebel se consolidó como figura literaria en el ambiente local y emprendió su proyección internacional. En 2001 incursionó en la novela con Tengo miedo torero, volumen que permaneció durante más de un año entre los libros más vendidos en el país, además de ser traducido a diversos idiomas. Posteriormente, continuó desarrollando su labor de cronista publicando títulos de crónicas como Zanjón de la Aguada y Adiós mariquita linda.

Murió el 23 de enero de 2015, a los 62 de años, por un cáncer de laringe.

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