Cultura
Miércoles 11 de Abril de 2018

Un compendio de cuentos y relatos donde Mandinga metió la cola

Mañana, desde las 20.30, en el centro cultural La Hendija, tendrá lugar la presentación de "El que existe es el Diablo", de la escritora oriunda de Viale

Mañana, Tochi Eymann presentará su quinto libro de cuentos y relatos, El que existe es el Diablo. La presentación tendrá lugar a las 20.30, en la Sala 2 del centro cultural La Hendija (Gualeguaychú 171, de Paraná).
El libro fue publicado a través de la Editorial Fundación La Hendija, y pertenece a la colección La vida es ancha. El tomo reúne 44 cuentos breves, donde el Diablo, de alguna manera, mete su cola.
"Hay algunos cuentos y muchos relatos que se terminan convirtiendo en cuentos al ser leídos porque la otra parte la hace el lector, sin querer hago trabajar al lector. No era mi propósito, pero me salieron cortitos, fluidos, y me gustó la dinámica que iba tomando el grupo de cuentos. Y me fui dando cuenta de que el 'maligno' era un personaje que aparecía en todos, coincide con que en este momento el Papa ha dicho que no existe más el infierno, así que me dije, qué buen título (El que existe es el Diablo), porque de él no dijo nada, así que el que quedó suelto por ahí es el Demonio. Y quedó dando vueltas en mis cuentos un diablito que por ahí tiene forma de león, por ahí de un gato montés; otra, de una yema de huevo, y otras veces es Mandinga, es Satanás. Él es el nexo entre estos distintos universos", contó Tochi a Escenario.
Ella sostiene que son cuentos para leer a la siesta, o cuando se está cansada o cansado, porque resulta un libro fluido, que le puede ganar al sueño.
Tochi –oriunda de Viale– es abogada, actriz y, desde hace casi 20 años, redescubrió su pasión por la escritura: "Yo hace muchos años que escribo; mi primer libro lo publiqué en 2001 y se llama A la siesta, la vuelta manzana, después publiqué otro como a los nueve años, y luego comencé a publicar más seguido. El que le precede a este fue publicado hace dos años, así que me he puesto más productiva", comentó, y destacó que realizó varios talleres teatrales a lo largo de los años: "Mi historia teatral viene desde hace largo, debo ser la última alumna que queda de Isidoro Rossi, y después de forma no sistemática, porque acá el teatro se hace como se puede. Y de vez en cuando me llaman y me encanta volver a las tablas, por eso creo que estos cuentos tienen algo de teatralidad, porque los personajes son fuertes".
Ha publicado los libros A la siesta, la vuelta manzana; El carozo y el caracol (junto a Federico Celecia), Pedaleando historias y Perfiles de muñecas, los cuales le valieron el reconocimiento de la comunidad literaria de la región. También escribió la obra de teatro La luna llena. La autora destacó que los cuentos tienen una impronta disparatada, como a ella le gusta: "Mi historia con la literatura siempre tuvo que ver con lo que la lógica dice que es imposible que sea, pero yo lo pongo como cierto. Si bien yo siempre trabajé como abogada, siempre leí mucho; mi padre escribía, mis hijos Florencio y Felipe Nicolau escriben también. Se nota que en mi familia la literatura no es una cosa rara. Igualmente, yo empecé a escribir después de que me jubilé y empecé a trabajar con el dramaturgo Mauricio Kartún, que me abrió a la locura, al disparate, al absurdo, y yo me enganché con eso. Incluso, mis libros anteriores son mucho más absurdos".
Sin embargo, en sus textos ella deja huella, se nota lo que piensa y lo que quiere, su escritura es delatora y quienes la han leído reconocen su pluma.

Dos anécdotas
Al preguntarle si ella cree o alguna vez creyó en el Diablo, el protagonista de sus cuentos, Tochi fue categórica: "No, en realidad me hizo indignar un poco y reír mucho. Todo nació así: a un amiguito de mi hijo menor, cuando eran chicos, se le ocurrió tomar la comunión aunque sus padres no eran de ir a la iglesia. Así que empezó a ir a catecismo y, de pronto, su mamá me cuenta que empieza a llamarla de noche, porque ahora, a sus 9 años, le empezaba a tener miedo al Diablo, este personaje nefasto que acechaba en todas partes. Al principio me largué una carcajada, porque es al último personaje al que yo le hubiera tenido miedo, creo que la Biblia es un cuento, una historia que pudo haber tenido algunos personajes reales. Y hace poco, estaba haciendo cola en el banco, y empecé a acordarme del caso, que ahora ese chico es ingeniero Civil, trabaja en varias partes, tiene cinco hijos, y le tenía miedo al Diablo. Me causó gracia".
El recuerdo del caso la impulsó a escribir sobre el tema. Para ensayar un primer cuento, que no fue incluido en el libro, Tochi se inspiró en una antigua fotografía de una tatarabuela suya que había nacido en Suiza. "Mamá recuerda que había unos libros maravillosos de Astrología, y esta tatarabuela se había sacado una foto con una mano sobre la pila de libros y en el otro hombro, un loro. Mamá me contó que esta viejita no creía en Dios, ella practicaba una religión que nada tenía que ver con la historia sagrada. Entonces me puse a pensar dónde descansará esa viejita que no era cristiana. Y me puse a escribir un cuento donde el Diablo se niega a recibirla porque ella era tan buena persona. Hay un diálogo entre él y la vieja; y al final el Diablo le dice 'le voy a hacer un infiernito para usted'. Y le puse de título El infiernito de la abuela, pero no lo publiqué porque me pareció infantil. Es que creo que, lamentablemente, cuando morimos la cosa se termina acá".

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