Humor
Miércoles 14 de Febrero de 2018

Tres comediantes perfeccionando el difícil oficio de hacer reír

Gabriel Gómez, Gustavo Valiente y Germán Ven se presentan esta noche en el Thompson, de la mano de Litoral Stand Up Comedy

Gabriel Gómez, Gustavo Valiente y Germán Ven, integrantes del grupo Señales de Humor, presentarán esta noche su show más reciente en Selenio (Bravard S/N, Thompson), a las 22.
Esta será la cuarta vez que Señales de Humor (CABA) se presenta en Paraná; previamente lo hicieron en contexto de talleres, pero en esta oportunidad será en el marco de su Gira 2018 –que ya los llevó por Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero– lo mejor y más actual del grupo. En este nuevo show, los comediantes durante más de una hora recorren diversos temas, generando identificación con el público, llevando sus ideas hasta el absurdo en un clima de humor y un ritmo vertiginoso, que no da tregua al espectador.
A pesar de estar presentándose en el noroeste argentino, deciden cruzar el país a lo ancho para llegar a la capital entrerriana, de la mano de Litoral Stand Up Comedy.
"Esta función es el cierre de una gira que estuvimos haciendo por el norte: estuvimos en Salta, en San Salvador de Jujuy, en Tilcara, ahora estamos en Tucumán, esta noche (por ayer) en Santiago del Estero y después vamos hasta Paraná, donde cerramos la gira y ya nos volvemos a Buenos Aires. Es la cuarta vez que estaremos en Paraná, siempre nos llevó la gente de Litoral Stand Up Comedy y siempre la pasamos muy bien allá. Así que estamos con ganas y muchas expectativas. Aparte, va a ser una función frente al río, un muy lindo marco", señaló Gustavo Valiente en charla telefónica con Escenario.
—Los chicos de Litoral Stand Up Comedy son sus discípulos...
—Sí, son nuestros discípulos. Fue por una iniciativa de ellos, creo que fue en 2015 que nos invitaron a Paraná para que desarrolláramos la técnica, y nos divertimos como locos, porque ellos ya tenían una predisposición al humor, de hecho ya trabajaban en teatro. Pero ellos desarrollaron la técnica y le dieron el tinte local, la idiosincrasia entrerriana.
—¿Cuáles son las cualidades y requerimientos necesarios para dedicarse al stand up?
—En principio, hay que animarse, hay gente que es muy graciosa pero por ahí dice "no, yo soy muy tímido". Woody Allen, por ejemplo, hizo de su timidez una carrera. Primero hay que animarse, ponerse a prueba, descubrir el lado cómico. Y después hay que tener persistencia, como toda profesión. Para dedicarse a la comedia hay que laburar de forma independiente, ir buscando espacios, público. Lo que no implica que no haya mucha gente que puede hacer stand up, que divierte a su gente, que le gusta ser cómica, pero lo hace simplemente como una actividad puramente social. De hecho, en Buenos Aires, hay mucha gente que se dedica al open mic, o micrófono abierto, un espacio donde gente amateur prueba el material, lo comparte ante un público y se desarrolla como actividad social. El stand up no es una actividad necesariamente para comediantes profesionales, vale la pena experimentarla.
—En tu caso, ¿cómo surgió la idea de dedicarte a esto?
—Yo era el gracioso del curso, el que en los cumpleaños se paraba arriba de la mesa a bailar y en algún momento, ya de grande, descubrí que existía esta técnica. A los 30, ahora tengo 43. Y fue porque el stand up realmente no estaba en la Argentina, sino que llegó aproximadamente en el 2000, 2002. Con el resto de los chicos del grupo, Germán Ven y Gabriel Gómez empezamos a ir a talleres de stand up en 2006, y ya para el año siguiente estábamos haciendo funciones en el teatro, mandándonos a hacer, como lo hace los chicos de Litoral Stand Up Comedy. Nos enganchamos, nos gustó y paso a paso se fue dando que desde hace ya 11 años vivamos de la comedia. Se fue dando naturalmente. Yo, en lo personal estudié locución y soy licenciado en periodismo, y un día me dije basta de noticias serias, vamos a desdramatizar y a empezar a reírnos de todo.
—En tu opinión ¿por qué prendió tanto este formato de comedia en la Argentina?
—Hay muchas teorías al respecto: una tiene que ver con lo económico, los costos de producción. Una cosa es montar una obra con escenografía, iluminación compleja, un elenco, vestuario; y otra cosa es un comediante, en un bar, con una iluminación básica, sin ninguna escenografía. Ese minimalismo del género hace que sea fácil el montaje y no tenga el costo de otros tipos de producciones. Y, por otro lado, también es un género que atrae gente que por ahí no va al teatro; quizás no va a ver Antígona, pero sí va a ver a un comediante, a tomarse una cerveza, a pasar un buen momento con amigos o en pareja. Y eso es lo que hace tan atractivo el género, que es simple, es una sola persona vinculándose con el público y haciéndolo reír. Cuando digo simple, lo digo desde lo que es la puesta, después el comediante se encarga de la parte difícil, trabajar para hacer reír a una audiencia. Porque captarlo, interesarlo y hacerlo reír al público es un trabajo que lleva meses y años de desarrollo, pero que a primera vista parece simple. La risa es la punta del iceberg, detrás hay mucho trabajo para generar ese clima. Por último, otro motivo por el cual ha pegado tanto el stand up tiene que ver con nuestra idiosincrasia, a los argentinos por lo general nos gusta hablar de nosotros mismos, somos jodones, de hacer humor en los asados, y de pronto encontramos una vía, un medio artístico para poder desarrollar todo eso. En Buenos Aires dejó de ser un boom para ser una tendencia, porque nosotros hace ya 11 años que hacemos esto y no vemos un techo, arrancamos en teatros chicos, pasamos a teatros más grandes, giras nacionales, estuvimos en la tele, en Comedy Central, Hora de Reír y vemos que en distintos puntos del país se van generando polos de comedia como el que hay en Paraná, también hemos dado talleres en Tucumán y Mendoza. Se puede apuntar a un circuito nacional.

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