Cine
Lunes 27 de Noviembre de 2017

"Taxi", una película que burla la censura, se verá en Cine Club Musidora

El miércoles, Cine Club Musidora propone un nuevo encuentro, esta vez con un filme poco convencional, Taxi, del iraní Jafar Panahi. La cita será a partir de las 20.30, en el Casal de Catalunya de Paraná (Nogoyá 123).

Panahi vive desde hace años una situación absurda. Detenido por las autoridades de su país en marzo de 2010 bajo la acusación de filmar un largometraje "crítico" con el Estado de Irán y de "planificar su proyección fuera del país", logró que le concedieran la libertad condicional en mayo de ese mismo año, pero unos meses más tarde, en diciembre, el Tribunal de la Revolución Islámica lo condenó a seis años de prisión domiciliaria por encontrarlo responsable de fomentar la propaganda contra el Estado. Se lo inhabilitó para ejercer cualquier actividad profesional, pública o social durante 20 años.

Lisa y llanamente, Panahi, de 55 años y ganador de varios premios importantes –la Cámara de Oro en Cannes por El globo blanco (1995), el León de Oro en Venecia por El círculo (2000)–, no puede escribir guiones, filmar películas ni viajar al extranjero. Sin embargo, decidido a enfrentar esa situación exótica e injustificable, ha seguido produciendo cine en condiciones particulares y con un espíritu decididamente provocador.

Desde que fue condenado, estrenó –siempre fuera de su país– Esto no es una película, un documental sobre su vida bajo arresto domiciliario.

En Taxi, estrenada en 2015, Panahi ignora su arresto domiciliario, se convierte temporalmente en chofer de un taxi que recorre las calles de Teherán y dialoga con distintos pasajeros de temas diversos, siempre con la clara intención de poner el dedo en la llaga.

Aunque trabaja en un registro en apariencia documental, está claro que los personajes actúan y que las situaciones están armadas para permitirle al director pintar un panorama crítico de la situación política de su país, condimentado con permanentes referencias a su propia obra (ahí están los pececitos que transportan dos señoras, alusión directa al que desvelaba a la niña protagonista de El globo blanco, por caso).

Filmada con apenas 32.000 euros y la fundamental colaboración de unos cuantos allegados, la película tiene la virtud de matizar su tono de denuncia con un humor liviano, pero eficaz. En su recorrido internacional ha sido celebrada por su osadía, y fue ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín.


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