Secciones
Sergio Denis

Sergio

"Sergio" es un cuento que tiene como protagonista a Sergio Denis. A varios Sergios Denis. A veinticinco Sergios Denis. Su autor, Elián Del Mestre fue ganador del Premio Escenario 2017 en el rubro Letras. El cuento fue publicado en 2017 (*)

Miércoles 20 de Marzo de 2019

Voy a la Costanera a correr. No sé por qué pero voy ahí. La semana pasada estaba corriendo, el río para mí solito. El martes. Una y media de la tarde, verano. El fin del mundo, cuarenta y cinco grados. Todos comiendo con aire, preparándose para la siesta. Y yo corriendo. Cuando iba por el municipal, vi a lo lejos un señor que corría como un dukenuken 3d hacia mí, como se corre en las películas Miami. Estaba todo bronceado, como se usaba en los noventa. Rubio platinado, traje blanco. Me encandiló la luz que le salía de los dientes. Eran tan blancos y grandes, se comportaban como un espejo mientras sonreía. Nos empezamos a acercar.

Era Sergio Denis, el de traje blanco era Sergio Denis. Miré para todos lados buscando aliados: Sergio Denis estaba en Paraná corriendo. De traje. Busqué testigos de aquél momento, alguien que me acompañara en la sorpresa. Ni un alma. Lo saludé con la cabeza. Ni respondió, sólo sonreía de forma constante y me miraba, como desde una tapa de la revista Gente. Tétrico. Corría sin agitarse ni transpirar. Ni respiraba el tipo. De traje blanco y zapatos de charol beige. Toda una cuestión. En ningún momento dejó de sonreír.

Traté de seguir en la mía. Al rato Sergio Denis estaba corriendo en la misma dirección, pero un toque más atrás, dos o tres metros. Cambió de sentido, entendés, iba para el otro lado y de repente cambió de sentido. Me asusté, me apuré y le metí pata, corrí. Corrí como nunca antes en mi vida, corrí de un pique sin mirar atrás como dos cuadras, de una sola vez. Cuando no daba más, cuando mi cuerpo empezó a aflojar, lo sentí a la par, corriendo a lado mío. Hice como que estaba terminando, que iba a elongar un poco. Una pierna, la otra. Sergio Denis elongando al lado mío. Copiando mis posturas de elongación. Sonreía todo el tiempo. No transpiraba.

Traté de resolver esto lo mejor que pude, intenté ser sociable, hablar. Hola Sergio, qué calor eh, cada verano es peor. Dicen que es el calentamiento gloCADA VEZ/ QUE SALE EL SOL/ DESPIERTAS TÚ/ DESPIERTO YO. Empezó a cantar. Y la luz/ sale a buscar/ las cosas que escondió la oscuridad...

Miré para todos lados, no había absolutamente nadie. Como si fuera parte de un plan macabro. Intenté escabullirme tan rápido como pude. Me siguió, corriendo exactamente como corre el T-1000 en Terminator 2, el prototipo creado por Skynet, el que es una polialeación mimética de metal líquido que mediante nanochips puede autorregenerarse. Me mandé por una barranca, para perderlo. Cuando estaba llegando a la cima vi que estaba Sergio Denis parado ahí, mirando, esperándome. Frené en seco, pegué la vuelta, bajé. Sergio Denis en la base. Otro, un nuevo Sergio Denis. Miré la barranca para entender si hubo teletransportación o algún fenómeno que explique eso, y allá estaba el otro, incólume, mirándome.

Traté de hablarle, de entender qué estaba pasando. Le dije que no quería que me siguieran. No me escuchó ni me registró, sonrió, se le activó el chip y se puso a cantar. Me alejé de modo imperceptible, me moví hacia un costado y pude observar cómo se quedaba quieto cantando al vacío. Son robots, pensé. Está clarísimo, son robots. Hoy querida mía/ hagamos el amor con alegría/ Tratemos de vivir con fantasía/ juguemos sin temor que hoy es el día/ nuestro día..

Apareció un Sergio Denis desde atrás, un susto me pegué. Sigiloso se paró atrás y empezó a cantarme al oído. Instintivamente le metí un codazo, vestigios de mis años de mirar Karate Kid. Así pude percibir que se trataba de un humano, empecé a tocarlo para corroborar que no eran robots. Se dejaba, mientras cantaba. Efectivamente era un ser humano. Lo observé con detalle, era Sergio Denis posta, la misma voz, las arrugas en el mismo lugar, los mismos movimientos al vivir, todo igual. El mismo Sergio que todos los años comía en el programa de Mirtha desde 1972.

¿Todos eran humanos? ¿Había alguno verdadero? ¿Eran clones? ¿Extraterrestres? ¿Qué mierda estaba pasando? Me vi rodeado de ocho Sergios Denis, cantando hacia distintos lados diferentes canciones. Traté de huir de eso, crucé a la playa. Sergio Denis en la playa. Son varios, más que los de enfrente. Estamos hablando de veintipico. Que encima empezaron a acercarse. Todos cantando cosas distintas. Un caos. Hasta que se amucharon, formando un frente de avance, dando inicio a una especie de ritual. Movían los brazos y cantaban, a capella, cantaban lo mismo: el estribillo. Al unísono, en coro, un coro compuesto por las mismas voces. Te quiero tanto/ no me preguntes más, te quiero tanto....

Encaré para el río, pero enseguida me di cuenta de que no sabía nadar. Esquivé la muchedumbre de Sergios Denis que se acercaba lentamente y a paso firme. Me encerré en el baño del municipal, pensando que podía engañarlos, que su comportamiento era automático. Lo cierto es que tenían conciencia, una conciencia diferente, instintiva. Empezaron a azotar la puerta, golpeaban fuerte. Siempre al ritmo de esa canción, que era infinita, que si terminaba volvía a empezar. Cerré con llave, pero tiraron la puerta abajo. Me encerré en uno de los inodoros. Pero no sirvió de nada, rompieron todo, desmantelaron las instalaciones de fibrofácil. Una horda de Sergios me arrinconó.

Entre todos me llevaron a la zona central del baño, frente a los espejos. Pataleaba, pero no servía de nada, eran muchos. Formaron un círculo, decían cosas, practicaban respiración, hacían ejercicios de canto, tiraban notas. La la la LA LA LA la la laa. Estaban eligiendo al Sergio Denis que iba a llevar adelante la ceremonia. Una vez que se definió eso, todo fue muy rápido. El elegido, que para mí fue el primero que me crucé, aunque es difícil saberlo con certeza, me mordió.

Una vez que desperté del trance, miré para todos lados, con la sensación de haber estado desconectado mucho tiempo. Estaba en el piso acostado, trajeado, un traje blanco. Todos me observaban con ilusión. Me levanté con la ayuda de uno que me ofreció la mano.

Me convertí en uno de ellos, un nuevo Sergio Denis, uno más. Con la fisonomía de todos ellos, con exactamente la misma ropa. Como si hubiese estado pactado desde siempre nos miramos, como una especie de hermandad, nos amuchamos y empezamos: Yo soy la aventura/ y tú la realidad, tú la ternura/ Yo soy la libertad...



(*) Sergio es un cuento de Elián Del Mestre. Lo publicó por primera vez La gota ediciones en 2017, y en 2018 lo publica Punto Aparte Cultural. Del Mestre es escritor y editor de Paraná, ganador del Premio Escenario 2017 de Diario UNO de Entre Ríos en el rubro Letras. Publicó El libro que no fue jueves (2010), Pulóver (2014), Así conocí una Rom (Cuaderno de Elefantes 2017), Sergio (La Gota Ediciones 2017, Punto Aparte 2018), Dame la mochila (Chatmuyo Ediciones 2018) y Después de los pájaros (2018), Tal vez mañana mariposas (2018), Como si fuera de día" (2018), ganador del FEICAC 2018.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario