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"Rocketman": los fantasmas y excesos juveniles de Elton John

Se estrenó este jueves en Paraná y Santa Fe el filme biográfico de la superestrella de rock británica. Un filme musical y onírico

Viernes 31 de Mayo de 2019

Llegó a la pantalla grande una nueva biografía, esta vez de otra superestrella de rock británica, donde se refleja la intensa vida de un Elton John colmado de fantasmas y adicciones.

Rocketman aborda los traumas de la infancia del artista británico por el desamor de sus padres y su adicciones durante los 80, en un filme musical, onírico y fantasioso dirigido por Dexter Fletcher, que se estrenó este jueves en salas de Paraná y Santa Fe.

A diferencia de la última biopic rockera, Bohemian Rhapsody: la vida de Freddy Mercury (2018), cuya dirección recayó en Fletcher luego del despido en medio del rodaje de Bryan Singer, Rocketman no le escapa a las sórdidos momentos de la vida de Reginald Dwight (nombre real del artista), algo planteado en la primera escena y que con su montaje recuerda a Trainspotting, otro filme sobre personajes reventados.

En ese inicio, un Elton John (consagratorio trabajo de Taron Egerton) vestido de diablo carnavalesco irrumpe en una terapia grupal y dice: “Soy alcohólico, cocainómano y adicto al sexo. Y soy bulímico. Y comprador compulsivo”.

No es casual que la cinta comience con una declaración de lo que será el desarrollo, debido a que el propio John, quien es productor ejecutivo junto a su marido David Furnish, dijo que la única manera de llevar adelante el filme era si se cumplían dos condiciones: que fuera él y que respetase las fantasías que él veía.

“Como dije, viví mucho en mi cabeza cuando era un niño. Y cuando mi carrera despegó, lo hizo de tal manera que casi no me pareció real”, escribió el pianista y cantante en una columna en el diario británico The Guardian.

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El filme encara las múltiples facetas de un hombre que, si bien triunfó en todo el mundo y a los 25 años ya era multimillonario, debió luchar contra una historia familiar aterradora, los prejuicios de las diferentes épocas, la timidez y la soledad. Traumas que lo llevaron –como él mismo admite– a consumir todas las sustancias ilegales imaginables y a desayunar con vodka mientras los demás se servían jugo y café.

La narración va y viene en el tiempo: desde la traumática infancia en tiempos de crisis de la Inglaterra de posguerra con padres poco afectuosos y en varios momentos directamente hostiles, hasta su sociedad artística y amistad de toda la vida con el compositor Bernie Taupin (Jamie Bell), pasando por varias de sus grabaciones en estudio, recitales y hasta la relación de amor-odio con su manager John Reid (Richard Madden).

Rocketman está lleno de picos emotivos, con interpretaciones de 20 de los temas más populares de su carrera (otro punto para Egerton) y con fuertes contrastes entre el Elton John público con coloridos vestuarios, botas con plataformas y gigantescos anteojos y el hombre muchas veces abatido, deprimido, consumido por los efectos de la droga en la intimidad. En definitiva, una fábula sobre los excesos de rock, los peligros de la fama y una épica sobre la fuerza de voluntad para la redención personal.

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