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Relámpago Verde proyecta "Asiaín", de Alejandro Marín

Hoy, en la Casa de la Cultura de Entre Ríos, se verá el documental que retrata distintas aristas del genial artista entrerriano.

Martes 19 de Noviembre de 2019

Esta noche, en Casa de la Cultura, el Cine Club Relámpago Verde presenta un estreno sobre uno de los artistas icónicos de la identidad entrerriana. En dos funciones (a las 20.30 y a las 21.30) se proyectará Asiaín, un documental que recoge la historia, la obra y el pensamiento de un creador que dejó como legado su permanente búsqueda de la belleza, entre el fárrago de los días y las preguntas que dispara el devenir.

El director Alejandro Marín capturó las últimas entrevistas con Carlos Asiaín, recorriendo en la poética de su lenguaje las diferentes etapas de su vida, pero también su visión sobre el arte, la artesanía; la ciudad y su paisaje; la amistad, la soledad y la muerte.

El filme da cuenta del perfil de un personaje que transcurrió en el arte, desde sus modos de observar, decir y hacer. Eso también se refleja en las voces que asoman a la escena para ofrecer diferentes enfoques: así lo hacen la escritora Graciela Pacher, el crítico de arte Marcelo Olmos y el artista –amigo inseparable de Asiaín– Rubén Ballesteros.

En 30 minutos, Marín rinde tributo a la figura de uno de los creadores más queridos y valorados de la región y el homenaje cobra particular sentido este 20 de noviembre, justamente a un año del fallecimiento del artista.

Organizado por el Relámpago Verde, la actividad es con ingreso libre y aporte a la gorra. Habrá servicio de cantina de Parientes del bar.

El filme

Alejandro Marín quiso transmitir la historia de uno de los artistas centrales de Entre Ríos, a través de sus propias palabras. Palabras flotantes, como nubes –claras, moradas, oscuras–, desde donde el artista observa, juega y se desliza, al modo de una poesía de viaje, que se hace materia, se evapora, pero deja impregnado de sentido el paisaje con el polvo de su magia.

Asiaín cuenta y separa, entre las horas anodinas, lo que va de cajón al olvido y aquello que permanece: el dolor y la belleza. Es el registro final del artista antes de su muerte y es un recorrido por su estar y su hacer, pero especialmente por su forma de concebir el atropello de la vida, únicamente a través del arte. Su obra, construida desde el mismo día que apretó un lápiz y leyó la poesía del ocaso, no tiene modo de hacer un paso al costado. No hay vida y obra. Asiaín es arte que transcurre y permanece.

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