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Redoblando esperanza y coraje

La agrupación con 18 componentes prepara su noveno show. En la previa, su letrista y director repasó el trabajo de nueve años

Sábado 02 de Noviembre de 2019

La murga uruguayense Manso Guachazo presenta Despolitizados, su noveno show con una doble función el 16, a las 20 y 22.30 en el salón del Centro Israelita en Concepción (Ameghino 132). Javier Kolker, el letrista y director de la agrupación charló con UNO sobre el nuevo show y lo que les genera el nuevo desafío.

—¿Cómo será el nuevo espectáculo?

—Se llama 9 años Despolitizados. El título se refiere de manera irónica a esa expresión tan en boga últimamente: “Tal cosa está muy politizada”, como si fuera posible que algún hecho o actitud no tuviera una mirada política. La idea es festejar el aniversario de la murga, y en vez de hacerlo en un número redondo como sería el 10, lo hacemos ahora. Por eso este espectáculo será el primero en nueve años que tendrá una mitad completamente nueva y el resto estará conformado por algunos cuplés con los que nos sentimos más representados.

—¿Cómo surge la idea?

—La idea surgió porque este año –por una situación personal– supuse que iba a tener menos tiempo para escribir un espectáculo entero. Primero iba a ser solo un compilado de cosas que nos gustaban y que ya habíamos cantado. Pero mis compañeros me pidieron una presentación nueva (que por primera vez en la murga tiene música original, es decir, compuesta especialmente para la ocasión), y después una retirada nueva y que también haya un salpicón en este año de elecciones, por lo tanto terminé escribiendo medio show original y buscando un eje temático para los cuplés que íbamos a usar.

—¿Cuánto tiempo llevó armarlo?

—Generalmente escribo rápido, en un mes aproximadamente, pero este año lo que había que escribir era menos y se resolvió en pocos días. El proceso de aprendizaje y ensayos es gradual, y nos lleva cada año entre seis y siete meses, a un ritmo de dos ensayos semanales.

—¿Cómo y quienes trabajaron el armado, letras, ropa, puesta en escena, pinturas, etc.?

—Las letras y la elección de las músicas generalmente las hago yo, y Nati Reynoso (que es además la directora escénica) colabora con algunos cuplés, este año quedó el que escribió sobre los paros docentes que está muy bien logrado a mi entender. Los trajes los hacen mayormente entre Nati y Víctor Caire, con momentos de colaboración de otros cuantos murgueros, y el armado del show se va consiguiendo con los ensayos. En cuanto a la sonoridad de la murga la responsable es Nati, y los arreglos corales los hacemos nosotros dos. Muchas veces los diálogos y las situaciones actorales se van enriqueciendo con las colaboraciones de los principales cupleteros (actores) Marcelo Méndez y Pablo Anzorena.

—¿Qué les deja, como murga, el show que despiden y qué esperan del nuevo?

—Siempre que uno se despide de un show hay sensaciones encontradas: por un lado la sensación de que se podría haber cantado más veces y el cariño que uno le toma a los espectáculos. Por otro lado, la ansiedad de mostrar lo que venimos trabajando durante el año y descubrir de qué manera lo va a recibir la gente.

—¿Cómo “bancan” los gastos?

—Los gastos se cubren con el dinero que genera la murga: las recaudaciones de los eventos que organizamos nosotros o alguna actuación paga. Hay ocasiones en que se decide no cobrar, actuaciones a beneficio o actos en los que siempre queremos estar, como los 24 de marzo. Apoyo oficial desde el punto de vista económico nunca hubo, lo que resulta sano porque no nos condiciona en lo que se quiere decir.

—¿Cuántos integrantes son?

—En este momento somos 18 integrantes fijos y algunos amigos y familiares que siempre están dando una mano. Es la primera vez que somos tantos.

—¿Competirán en tablados orientales?

—Por el momento no se ha hablado en el grupo de participar este año en algún carnaval uruguayo del interior, como puede ser Paysandú, Salto o Fray Bentos. Nunca ha sido objetivo primordial de Manso Guachazo, ni un incentivo el competir en Uruguay. En las dos ocasiones que se participó fue vivido como un paso más en el transitar de la murga, no como un sueño cumplido ni nada semejante.

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