Arte
Martes 21 de Noviembre de 2017

"Ponerte en la piel de alguien que no te gusta es un desafío interesante"

La actriz cuenta cómo es interpretar a la malvada Paulina en "El maestro", la miniserie protagonizada por Julio Chávez

Inés Estévez encarna a la exesposa de Julio Chávez, una bailarina manipuladora y cruel en El maestro, la miniserie de El Trece que el miércoles 29 emitirá el capítulo final por Canal 3, mientras desarrolla su carrera como cantante.
Su personaje de villana, Paulina, en la creación de doce episodios producida por TNT, El Trece, Cablevisión y Pol-ka, dirigida por Daniel Barone, la muestra apasionada y capaz de transgredir la ley con tal de imponer su ambición.
Versátil, luego de haberse alejado de la actuación por un tiempo regresó al cine en 2014 con un protagónico en El misterio de la felicidad, dirigida por Daniel Burman y desde entonces no se detuvo. Ya desde hace un tiempo comparte sus trabajos como actriz con una carrera como cantante con un repertorio que viaja por las geografías del swing y del jazz. Télam habló con la intérprete a días del final del programa.
— ¿Es su primera "mala" en la televisión?
—Casi que sí: con esta apariencia clarita y sutil siempre me convocaron para ser la "buena". De todos modos hice personajes más fuertes, con carácter, por ejemplo en Mujeres asesinas (El Trece). Paulina es una criatura antagónica a Prat (Julio Chávez), tiene una conducta de características manipuladoras, mentirosas y no le importa si cae en el soborno. El equipo estaba muy interesado en que ella fuera malvada, especialmente Adrián (Suar).
— De todo modos, existe cierta vulnerabilidad desde su composición.
—En un unitario, los personajes necesitan profundidad y alejarse de los comportamientos lineales. Los autores, Romina Paula y Gonzalo Demaría vienen del teatro y son buenos, ya están acostumbrados a construir situaciones a partir de una mayor complejidad. Durante la única reunión que mantuvimos, realicé un único pedido: que existiera una razón o un justificativo válido para las actitudes de maldad deliberada de Paulina. Detrás del resentimiento siempre existe un gran dolor y el libre albedrío, ya que un adulto puede elegir si capitalizarlo y transformarlo en algo constructivo, o no.
— Paulina hace lo contrario...
—Sí. Tomó ese hecho de postergación causante de su amargura desde una óptica destructiva y lo enarbola contra el personaje de Julio. Paulina ejecuta acciones que no avalo, pero si no hubiera elegido ese camino el conflicto y la historia no se hubieran desarrollado. Por supuesto que como actriz al ponerse en la piel de alguien que no te gusta o con quien no tenés puntos de contacto resulta un desafío interesante.
— La danza en la serie o la música... ¿Son disciplinas tan importantes como la actuación?
—Sí, de hecho, danza es lo único que estudié formalmente: bailé clásico de los 4 a los 13 años, cuando estaba lista para hacer punta no pude porque aún no tenía los huesos lo suficientemente desarrollados. Vivía en Dolores, donde la formación académica no existía, por eso a los 12 años quise venir a estudiar al Colón, pero mis padres no tenían cómo sostenerlo; luego todo lo relacionado con la música y la literatura fueron mis vocaciones, pero la actuación fue algo que se fue dando y me formé mientras trabajaba. Finalmente me vine a los 17 con la idea de retomar danza y tuve entonces mi primer papel en Saltimbanquis, un musical para chicos que permaneció años en cartel en el Alvear.
—La danza es exigente y a los bailarines los tildan de "perfeccionistas"...
—Sí, el academicismo genera cierta tensión respecto de la excelencia en los resultados, algo que sucede también en el mundo de la lírica: existe una disciplina importante, más una dependencia del instrumento físico que predispone a la tensión y a la neurosis.
— Julio Chávez también tiene fama de perfeccionista.
—Desmitifiquemos eso: él es un sol como persona, lo estimo. Vive enfocado en hacer bien lo suyo y en el resultado final. No tuvimos tantas interacciones en El maestro y lo lamento, porque cuando nos cruzamos es desde la fricción. En cambio, al compartir otros momentos de actuación, nos miramos y surgen las complicidades casi inmediatamente. Me pasa con los actores talentosos y de experiencia, también me sucedió con Mercedes Morán en Guapas (El Trece): patean para que vos la metas en el centro, y cuando vos les tirás la pelota te la devuelven redonda.
— ¿Qué le aporta la actriz a la cantante?
—Son cuestiones diferentes. Cuando actuás, estás protegida o cubierta por la ficción, aparecés sobre el escenario detrás de cierto personaje con determinadas características. Cuando hacés música, en cambio, la exposición resulta más fuerte. Como actor necesitás del rigor: ponés tu cuerpo, alma y mente a disposición del rol pero al cantar, la única disciplina necesaria es la de cuidar la voz. El universo de la música tiene una bohemia capaz de establecer conexiones particulares con el mundo emocional, es algo que está ausente en la actuación.

Últimos movimientos de un juego de pasión y baile
La ficción es protagonizada por Julio Chavez, con Inés Estévez, Juan Leyrado y Carla Quevedo, se emite también los martes por TNT a las 23, con repeticiones los domingos a la medianoche, y además está subida completa a la plataforma Flow, de Cablevisión.
Chavez interpreta a Prat, un bailarín de danza clásica retirado que debe enfrentar nuevos desafíos que le harán replantearse su forma de vida y recuperar una pasión que creía perdida, luego de abandonar su carrera por décadas.
Ya casi en el final de la miniserie, Paulina invita a Prat a almorzar y le confiesa algo que lo hace enojar mucho. Finalmente se lleva a cabo la competencia por la beca, en la que Luisa y Bianca se lucen con sus rutinas. Cuando el jurado anuncia a la ganadora, una tragedia los sorprenderá a todos.

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