Sábado 10 de Febrero de 2024
Varias son las ciudades que en el interior de la provincia no tienen librerías, y si tienen hay una sola, como ocurre en Gualeguay, la tierra del gran poeta Juan L. Ortiz. Allí, en el sur entrerriano, existe y resiste Papelucho, la histórica librería de la zona que funciona desde 1968. Este año, la misma cumple 56 años.
En conversación con UNO, Alejandra Cordero, licenciada en letras, autora de Diente de León y Abusos permanentes (Ana Editorial) y dueña del lugar, contó en detalle cómo fue construida la leyenda literaria: “Papelucho es la única librería que hay en Gualeguay, al menos con material de literatura para adultos. Abrió una nueva librería que trabaja lo infantil y también algunas librerías escolares que venden materiales, pero una librería que abarque literatura infantil, juvenil y adulta, sí es la única. ¿Por qué? Pienso que es difícil vivir del libro como rubro, incluso por eso mismo nosotros completamos la librería con librería de papelería, digamos, con papelería escolar, tenemos un sector de papelería escolar. Pienso que por eso no hay más y, quizás, porque no hay tantos lectores como nos gustaría. Además, Papelucho está registrada como librería para poder concurrir a los días que se va a la Feria del Libro en Buenos Aires, específicamente como librería. Creo que falta generar conciencia de la importancia de la lectura y creo que falta también mostrar a la lectura y al libro con una faceta atractiva, por decirlo de algún modo”, afirmó ante la ausencia de otros comercios que vendan libros para todas las edades y de todos los géneros.
La historia de Papelucho comenzó en 1968 en el garage de la casa de Elsa Barbagelata (suegra de Alejandra y fundadora de la librería). “En un primer tiempo, ella trabajó mucho con lo que era el canje del libro usado, es decir, vendía libros nuevos y tenía librería con venta de libros, pero también tenía un sector para el canje del libro y con el tiempo destinó una pared de la librería para estar siempre exponiendo dibujos o pinturas de artistas. De Gualeguay siempre recuerda a Derlis Madonis y a Cachete González. El negocio de los libros le vino por tradición de su familia donde había un par de librerías. Su padre, Pepe Barbagelata, había tenido una librería en Paraná durante muchos años, la librería Fénix, y en ese caso, que la disposición del espacio y del lugar era muy grande, él dejó una sala para las muestras de pintura, muestras de artes plásticas. Papelucho se llama así por un personaje literario, de ahí tomó el nombre Elsa”, contó.
LEER MÁS: ABUSOS PERMANENTES, LA NOVELA DE ALEJANDRA CORDERO
Con los años, el lugar se fue afianzando y hoy es una marca registrada de la ciudad. Hace 7 años, Elsa decidió dar un paso al costado y así llegó al mando Alejandra. “Junto a mi esposo nos hicimos cargo de la librería y le dimos vital importancia a forjar lectores en la primera infancia para que incorporen al libro como objeto y fomentar así la relación del niño con el libro”, comentó y agregó: “En los últimos siete años, nosotros hicimos mucha campaña para la lectura en la primera infancia y por eso intentamos tener libros baratos para el acceso del bolsillo de todos los padres, no queremos que los chicos no se priven de poder tener un libro. Hemos ido a leer a las diferentes escuelas, vendimos obras en localidades cercanas y hemos participado de ferias del libro de la zona. Siempre poniendo el foco en esto de militar por la lectura no solamente en la vida adulta sino en la vida y en el desarrollo del niño, del infante. Es muy importante que haya algunos libros económicos para que todos puedan acceder al libro. Además, se nos ocurrió ver si podíamos colaborar, de alguna manera, con la circulación del arte y de la cultura como capital simbólico acá en la comunidad de Gualeguay, por eso, hemos estado armando distintos tipos de eventos como fue, por ejemplo, la ronda de mujeres en torno al homenaje a Tuqui Carboni. Realizamos también ciclos de presentaciones y narración para niños”, indicó.
Además, la dueña de Papelucho se mostró en contra de los recortes hacia la cultura y defendió a la misma contacto su historia con la lectura: “Mi conexión con la lectura y la escritura antecede a que yo esté acá, en Papelucho. Leo desde niña y siempre traté de no perder el hábito de la lectura, más allá de los tiempos que uno va teniendo. Me identifico con la actividad, con la tarea de leer, de escribir. Siempre escribí, hasta que dejé durante muchísimo tiempo y me negué a dedicarme a la escritura. Luego, con el tiempo empecé a tomarlo con mayor seriedad y empecé a aceptar que la escritura era parte de mi vida”.
Entre sus autores favoritos, la licenciada destacó a Emma Barrandéguy, a quien tuvo el honor de conocer durante sus últimos años de vida. “En la actualidad argentina me gustan mucho Julián López y Selva Almada, Cortázar siempre. Y si salgo de nuestra lengua, me gusta mucho José Saramago. He tenido épocas en que leí mucho a los rusos y me gustaba mucho Tolkien y Fiódor Dostoyevski. Ahora estoy leyendo a Alice Munro, a partir de que fue premio Nobel y toda su obra se tradujo. Me cuesta mucho elegir un autor o decir cuál es mi autor favorito, pero últimamente me gusta mucho la escritura de mujeres y la escritura que ronda el universo femenino”. sostuvo.
Sobre sus proyectos a futuro, Alejandra reveló que quisiera seguir por el camino de las letras y la cultura: “Quiero apoyar la gestación de eventos culturales totalmente ligados a la literatura, que me parece es el punto más flaco de nuestra circulación de cultura en Gualeguay. Si bien tenemos un montón de escritores, me parece que no siempre se hacen muchas movidas en torno a la literatura, la escritura, los libros, las letras, el lenguaje que es lo que nos interesa y nos convoca como librería. Junto a Pedro, mi esposo y compañero, todos los días trabajamos para que Papelucho sea más grande y se extienda, para que se consolide. Todos los días tratamos de hacer una librería de puertas abiertas no solo para los clientes, sino para todos los escritores y más aún si son entrerrianos. Papelucho es y será un punto de encuentro”.