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"Necesitaba una película urgente porque la pobreza es urgente"

Sabrina Blanco cuenta la historia de "La botera", que se transformó en una de las sorpresas de la competencia argentina en el festival.

Jueves 14 de Noviembre de 2019

Una historia que se cuenta desde los márgenes para mostrar lo que pasa bien adentro. Por ese camino ahondó la joven realizadora Sabrina Blanco en su idea de hacer foco en La botera, la película que se presenta en Competencia Argentina del 34º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y que ya comenzó a sonar como una de las agradables sorpresas de este encuentro. Narrada a buen ritmo pese a la parsimonia habitual de Isla Maciel, donde se desarrolla esta historia, Blanco hizo foco en las carencias de la protagonista: “Necesitaba que la película sea urgente, porque la pobreza es urgente”.

La botera recorre la búsqueda de identidad, el despertar sexual y el lazo de vínculos de Tati (Nicole Rivadera), una nena que vive con su papá en la particular geografía de isla Maciel, una zona que fue prostibularia y hoy es “excluida y violenta”, ubicada de cara al Riachuelo en el partido de Avellaneda.

Tati no responde al canon de belleza del establishmet, suele sufrir bullying en el colegio, tiene un amiguito con quien jugar y pocas veces vive situaciones que le generen una sonrisa. Una de ellas es pasear en bote. Por eso se enojará cuando su padre lo venda y no le quedará otra que tomar lecciones de remo con el nuevo dueño, un pibe que le hará descubrir su deseo en medio de tanta miseria y necesidades.

“Yo quise ir desde la historia particular de esa protagonista y ese lugar hacia lo universal. Sobre todo porque hay una cuestión ideológica detrás de eso y es que a los pibes en los barrios populares les pasan las mismas cosas que a nosotros en términos humanos. No hay que mirar ese barrio y a esa gente como un fenómeno. Yo no quería que eso suceda, sino que cada uno que ve esta película se pueda identificar desde un lugar absolutamente humano, más allá de las diferencias sociales y de oportunidades”, dijo Blanco, quien a los 33 años presenta su ópera prima en el festival, con una película que tendrá su estreno comercial el 5 de diciembre.

Uno de los efectos más logrados de la película es recurrir a no actores, una especialidad muy habitual en la filmografía de José Celestino Campusano, que también presentará su filme Bajo mi piel morena en La Feliz, aunque extrañamente fuera de competencia.

Nicole Rivadera, que en el momento de la filmación tenía 14 años y ahora con 16 recibió una ovación de la platea en la presentación de Mar del Plata, fue elegida especialmente por ser del lugar, así como los niños y los jóvenes que actúan en el filme. Los únicos profesionales son Sergio Prina, quien toma el rol del papá, y Gabriela Saidón, responsable del comedor comunitario y quien tiene una relación sentimental con el padre de Tati.

“A Nicole yo la conocí cuando tenía 12 años, vive en el lugar, y yo vi la esencia del personaje que imaginé. Y más allá de que todos los adolescentes tienen soledad, no son las mismas soledades que las que se viven en un lugar de esas características. La de ella es muy particular, se ve en sus miradas, en lo gestual, y es algo que convive con ella porque es su experiencia real de vida y así se construyó. La soledad es mucho más que la soledad afectiva, cuando hay desamparo en términos sociales hay soledad. La soledad de no tener, hay soledad de no poder”, indicó.

En referencia al oficio del botero, que cobra 6 pesos para cruzar el Riachuelo hacia la Boca en un viaje de “tres minutos de reloj”, expresó: “Lo interesante del botero es que se trata de un oficio obsoleto, que plantea una resistencia en un río podrido. Y ahí estaba la metáfora que quise plantear, eso podrido, la resistencia del oficio y la resistencia de ella en su entorno. Ella y el bote eran una analogía de resistencia. Ella encuentra refugio en un lugar podrido”.

Con respecto a la pulsión adolescente del personaje, describió: “Ella va cambiando su objeto de deseo, en un momento es el bote, después es el chico que le gusta, después es su amigo, después el padre, y ese deseo va poniéndolo afuera también”, dijo la realizadora que reconoció influencias en este filme del cine de Leonardo Favio, de los Hermanos Dardenne e incluso de “Los 400 golpes”, de Truffaut.

“No sé si hay una nueva mirada del cine argentino, yo creo que en La botera quise hablar del término de lo femenino, y eso sí es de esta época. Yo busqué que miremos la intimidad de una etapa muy bisagra para nosotras con un poco de verdad y no tanto decorado. Y puse el foco en los estratos más bajos, donde todo se complejiza más”, consideró.

Respecto de la lograda dinámica que tiene el filme, Sabrina Blanco aportó un detalle técnico que, paradójicamente, tiene que ver con la esencia misma de La botera: “Yo necesitaba que la película sea urgente porque la pobreza es urgente. En un lugar donde no pasa nada se vive mucha urgencia. El ritmo de la película tiene que ver con eso, necesitaba esa metáfora para que la película respire como respiran esos lugares”.

Comedias

Dos comedias se destacaron en las competencias del festival: la estadounidense Black Magic for White Boys, de Onur Tukel, y la argentina Por el dinero, de Alejo Moguillansky. La película de Moguillansky se proyectó en el marco de la Competencia Latinoamericana y con un tono hilarante y muy fresco sigue las andanzas de una extraña troupe de artistas de teatro argentinos en Colombia. Black Magic for White Boys, con momentos divertidos y personajes desagradables, transcurre en Nueva York. Tukel, presente en Mar del Plata, los definió como los “decadentes hombres mayores blancos portadores de una masculinidad tóxica”.

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