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Natalia Oreiro: "Siempre pude establecer empatía rápidamente con otros"

Natalia Oreiro estrena el documental "Nasha natasha" el jueves en Netflix. Un viaje a su intimidad y a Rusia, donde es un ícono.

Domingo 02 de Agosto de 2020

Luciana Boglioli

escenario@lacapital.com.ar

Ella es todas: actriz, empresaria, cantante, ídola rusa, embajadora de Unicef, expaquita de Xuxa, conductora, madre y esposa. No hay límites para Natalia Oreiro, la artista uruguaya que llegó a Buenos Aires a los 16 años con mil sueños por cumplir, todo ellos forjados desde su infancia, en la casa de su abuela, en su amada Montevideo, donde entre lo lúdico y lo artístico daba sus primeros pasos como actriz. “Si cierro los ojos, sigo siendo esa misma nena que vivía en la casa de su abuela, que soñaba con ser actriz y se disfrazaba”, cuenta Oreiro.

Oreiro fue y es ícono de las telenovelas argentinas: sus protagónicos en Ricos y famosos, Muñeca brava, Kachorra, Sos mi vida y Solamente vos dan cuenta de ello, mientras que su éxito en la pantalla grande la ubica como una de las actrices más carismáticas del país y del mundo con comedias y dramas como Un argentino en New York, Gilda, no me arrepiento de este amor, Re Loca y las preseleccionadas al Oscar Infancia clandestina y Wakolda.

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Pero la realidad siempre supera la ficción: por primera vez Oreiro sale de su papel de intérprete para convertirse en la protagonista de su propia historia en Nasha Natasha, un documental dirigido por Martín Sastre, que sigue sus pasos de cantante a lo largo de una maratónica gira que realizó en 2014 por 16 ciudades de Rusia. Se estrena el jueves 6 en Netflix. Allí, se puede ver la intimidad del fenómeno Oreiro en la sociedad rusa y también, momentos claves de su vida.

En una charla distendida con Escenario, habló del desafío de mostrar su intimidad por primera vez, el apoyo incondicional de Ricardo Mollo, la luz de su hijo Atahualpa, su labor social con Unicef y la importancia de la lucha femenina.

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—¿Fue un proyecto que nació desde tu amistad con el director Martín Sastre?

—Si Martín y yo no hubiésemos sido muy amigos y no tuviéramos un vínculo de más de 15 años, este documental no existiría. Todavía me cuesta caer en la idea de que se va a estrenar. Siempre tuve el deseo interno o la justificación de que esto era para mis nietos, para que el día de mañana vieran lo loca que estaba la abuela que se iba a Rusia. Es un proyecto que primero tiene que ver con la amistad. Tengo un vínculo con Rusia desde hace 20 años, es difícil de explicar por qué o cómo fue. Porque tiene que ver con lo emocional. Es un sentimiento que siento por ellos que fue cada vez más fuerte a través de los años. He tenido la oportunidad de viajar muchas veces.

—¿Qué explicación le encontrás a tu vínculo con Rusia y con tus miles de fans?

—Siempre pude establecer empatía rápidamente con otros. A los rusos les gusta que los abrace, la calidez. Con el público ruso hay un sentimiento emocional y además un parecido físico. La primera vez que fui a Rusia, a los 20, y me llevaron a la Plaza Roja vi que tenía un gran parecido con las chicas de ahí y con las mamushkas. Entonces de repente vieron una chica con energía latina que les llamaba la atención y parecidas físicamente a ellas. Y mi nombre es ruso. Y hace 20 años, mis personajes no eran la típica chica que sufría y se quedaba en la casa esperando que volviera el marido. Así generó una empatía muy linda.

—En este material mostrás tu vida privada que siempre fue hermética. ¿Te hace sentir más expuesta o te emociona compartir todo esto?

—Para mí es muy raro porque primero no sé a quién le puede interesar. Creo que si hubiese sido consciente de que iba a ser un documental no lo hubiese hecho. Estoy acostumbrada a hacer personajes en historias y que la gente se enganche con el personaje, pero nunca pensé en hacer una película con mi historia.

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