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Teatro

Mauricio Dayub: "Para mí, teatro es lo que hago imaginar al público"

El actor, autor y productor paranaense vuelve a su ciudad para presentar su nuevo espectáculo. "El Equilibrista"

Domingo 11 de Agosto de 2019

“Siempre sentí que llevar un espectáculo a Paraná era como aprobar definitivamente el examen. En este caso, el espectáculo ha tenido una repercusión tan buena en Buenos Aires que no lo siento tan así. Siento más vale que voy a compartir algo que estoy seguro que les va a gustar y no siento esa responsabilidad de aprobar. Diría que es la primera vez que me siento así”, dice Mauricio Dayub, actor, autor y productor paranaense de probado renombre, talento y don de gente.

El artista vuelve a la ciudad para presentar el unipersonal que presenta con localidades agotadas en el porteño Chacarerean Theatre. El 26 de septiembre, Dayub vuelve a pisar el Teatro 3 de Febrero con El Equilibrista, una obra que la crítica especializada y el público han catalogado como imperdible.

Esta vez, Dayub regresa a la capital entrerriana en su rol de autor –compartiendo autoría con Patricio Abadi y Mariano Saba– y actor del unipersonal que presenta en su sala porteña con gran éxito, agotando las localidades incluso una semana antes de cada función. Con dirección de César Brie, el espectáculo nace de la necesidad de resignificar o redignificar su vocación por el teatro, con un resultado que conmueve.

—¿Qué suele hacer cuando vuelve a Paraná?

—Siempre vuelvo a ver a mi familia. Y esta va a ser distinto porque no van a estar mis padres, así que vuelvo para ver a mis hermanos y el resto de la familia menos directa. Y siempre que voy intento recorrer algunos lugares, siempre relacionados con el río y suelo recorrer la ciudad un poco como la recorremos los que vamos cada tanto; un poco buscando cosas que pasaron antes y no tanto percibiendo lo que ha cambiado.

—Antes de irse de la ciudad, ¿tuvo alguna experiencia teatral?

—Mi experiencia en teatro en Paraná empezó en la Escuela de Música, Danza y Teatro, donde me quise inscribir pero no pude porque no tenía la edad necesaria, creo que había que tener 14 y yo tenía 13. Me aceptaron de oyente, porque mi hermano Gerardo era alumno, entonces el profesor Chiri Rodríguez Aragón aceptó que pudiera ir y observar las clases. Y por fuera de eso, de manera muy amateur, tenía un grupo que animaba fiestas infantiles y hacíamos pequeños shows en escuelas. Éramos chicos y animábamos a otros que eran más chicos que nosotros. Eso lo hice más o menos hasta los 16; a los 19 me fui a estudiar Ciencias Económicas a Santa Fe, una carrera que quería mi familia. Estando ahí me empecé a meter en el primer grupo de teatro en serio, viajando en colectivo vi que pasaba uno de los actores que había visto la noche anterior haciendo La cantante calva. Me bajé del colectivo y le dije que quería ser actor y que me gustaría participar de un grupo. Él me dijo que justo iba a un ensayo en la Casa del Maestro en bulevar Gálvez. Me dijo ‘acompañame, si querés te presento al director’. Y así fue, lo acompañé, me dieron un papel chiquito. Después uno más grande, y me quedé trabajando tres años con ese grupo.

—¿Podría contarme sobre la génesis de “El Equilibrista”? ¿Hay algo de su vida en este espectáculo?

—Es para mí un espectáculo esencial, porque en sí está inmersa la historia de mi familia. Hay algo muy potente que me sucedió en un viaje, cuando fui a rodar una película a Yugoslavia. Cuando llegué estaba lloviendo, teníamos que filmar exteriores, así que me dieron dos días libres. Así que decidí cruzarme a Italia, al pueblo en el que había nacido mi abuela. La llamé a ella y me dijo que no fuera, que no quedaba nadie, ningún familiar; pero yo quise ir igual. Empecé a consultar con el apellido en una zona cercana al puerto y la iglesia. Y así entré a varias casas donde me recibían pensando que era pariente suyo y después de estar media hora en el living, charlando con gente que no conocía, descubríamos que no éramos familiares. Y se me hacía la noche, y me quería ir para seguir buscando y conocer a mi familia antes de tener que volver a rodar. Y en una peluquería de barrio alguien me dijo que conocía a mi familia, que me iba a buscar en un auto y me iba a llevar. Cuando llegué me estaban esperando algunos familiares que esperaban ansiosos que llegara la hermana de mi abuela. Mi nona se había ido hacía 55 años y no se había contactado nunca más con ellos. Llegó mi tía abuela y me empezó a mirar los ojos y la piel, reconociendo rasgos y a su vez yo empecé a ver rasgos similares en esas personas, fue algo muy fuerte. Cuando terminó la gran cena, en la que me pedían que oyera y contara a la vez, mientras todos se presentaban, me llevaron a la casita donde había crecido mi abuela y me contaron la verdadera historia de por qué mi abuela me dijo que no quedaba nadie en ese pueblo y por qué no escribía ni los llamaba por teléfono. Esa historia cambió muchas cosas dentro de la familia, cambió todo. Y esa historia es parte del espectáculo.

—En las funciones en el Chacarerean prometía devolver el dinero a quien no le gustara la obra...

—Sí (risas). Fue una estrategia de comunicación que usé al comienzo. Es un espectáculo relacionado con la historia de la inmigración, se han hecho muchas cosas ya sobre el tema; sin embargo, la convocatoria fue muy fuerte, tanto que están agotadas las localidades para todo este mes, son 19 funciones este mes. Y bueno, después de las funciones salía al hall a ver si alguien quería que le devolviera el dinero, pero hasta ahora nadie lo hizo. Sí me hacen bromas, algunos me dicen que me esperaron para pagar el doble porque les gustó mucho el espectáculo, otros se juntan en grupos de 40 personas para cargarme que les devuelva la plata a todos.

–En definitiva, estaba muy seguro a la hora de estrenar.

–Sí, antes de estrenar hice 10 funciones cerradas en las que invité a actores, directores, autores que respeto mucho; y ellos me fueron ayudando a pulir el espectáculo. Una obra unipersonal no se puede hacer si no tiene muchas pasadas previas, si no está seguro. Yo me entrené más de un año, repetí estos monólogos para aprenderlos y retenerlos en el cuerpo. Lo hacía todas las noches mientras paseaba a mi perro, mientras hacía otras cosas, para así tener una seguridad que le llegue al público. Aparte de esto, el espectáculo está hecho de una manera muy particular, yo revisé un poco cuál era el teatro que a mí me gustaba, el que a mí me había hecho ser actor. Entonces definí qué era para mí el teatro. Y decidí que si yo lo contaba desde arriba del escenario no era el teatro que yo quería mostrar; que si yo lo mostraba desde el escenario tampoco; yo tenía que hacérselo imaginar al público en su cabeza para que cada quien se lo arme en su cabeza. Y tuve que aprender a usar más de 35 objetos, a ser quien opera la escenografía, el vestuario me lo voy cambiando con una especie de trucos mágicos que el espectador va advirtiendo, es una gran puesta en escena que me dio la seguridad de que el público lo iba a aceptar. Aprendí a tocar el acordeón y a caminar haciendo equilibrio sobre una cinta, casi sobre las cabezas del público. Es también un homenaje a esos actores que admiraba de chico, como Buster Keaton, Charlie Chaplin, es una inspiración que pude concretar cuando se cumplen 40 años de haber decidido esta vocación y seguirla con el corazón.

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