Cómo los pueblos originarios del litoral transformaban la arcilla en piezas que hoy permiten conocer su historia, sus técnicas y su vínculo con la naturaleza
07:45 hs - Domingo 12 de Julio de 2026
Mucho antes de que los museos exhibieran esculturas de artistas contemporáneos y antes de que existieran los talleres donde hoy se crean obras con metal, piedra o madera, en las orillas de los grandes ríos del litoral había otras manos dedicadas a transformar la materia que ofrecía la naturaleza: los pueblos originarios.
La herencia cerámica de los pueblos originarios de Entre Ríos
Era la arcilla, esa tierra húmeda y maleable que, con paciencia y conocimiento, podía convertirse en un objeto útil, decorativo y cargado de historia. En el territorio que hoy conocemos como Entre Ríos, los pueblos originarios encontraron en el barro una forma de expresión que atravesó generaciones y que, siglos después, permite reconstruir parte de sus modos de vida.
Entre esos pueblos se encuentra el pueblo chaná, una comunidad originaria vinculada históricamente al litoral argentino, especialmente a las zonas cercanas a los ríos Paraná y Uruguay. Su presencia en la región dejó huellas materiales que fueron estudiadas por la arqueología y que permiten conocer aspectos de su cultura, sus actividades cotidianas y su relación con el ambiente.
Una de esas huellas está en la cerámica. A diferencia de las grandes esculturas que forman parte del imaginario artístico actual, los pueblos prehispánicos del litoral elaboraban principalmente piezas de alfarería: vasijas, recipientes y objetos modelados en arcilla que cumplían distintas funciones dentro de la vida comunitaria.
El proceso comenzaba con la búsqueda y preparación de la materia prima. La arcilla, obtenida del entorno natural, debía ser trabajada hasta lograr una consistencia adecuada para poder moldearla. Con las manos como principal herramienta, los artesanos daban forma al barro, construyendo piezas que luego eran sometidas al fuego para endurecerlas y hacerlas más resistentes.
Ese trabajo requería conocimiento y experiencia. No se trataba solamente de fabricar un recipiente: cada pieza implicaba una relación profunda con los materiales disponibles, con el territorio y con las técnicas transmitidas dentro de la comunidad.
La cerámica que sobrevivió al tiempo
La decoración también ocupaba un lugar importante. Algunas cerámicas presentan marcas realizadas sobre la superficie, como incisiones, diseños grabados o elementos modelados que se agregaban a la pieza. Entre los hallazgos arqueológicos de la región aparecen representaciones vinculadas al mundo animal, conocidas como formas zoomorfas, que muestran la capacidad de observación y la creatividad de quienes las realizaron.
El barro se transformaba así en un registro de la vida de aquellos pueblos. A través de una vasija o una pieza cerámica es posible acercarse a una época en la que los ríos eran caminos de comunicación, fuente de alimento y parte fundamental de la organización de las comunidades.
La arqueología tiene un papel fundamental en esta reconstrucción. Como muchas culturas originarias transmitieron gran parte de sus conocimientos de manera oral, los objetos materiales se convierten en testimonios que permiten conocer un pasado que no quedó registrado en documentos escritos.
En Entre Ríos, una parte importante de ese patrimonio se encuentra preservada en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas “Profesor Antonio Serrano”, ubicado en Paraná. La institución conserva colecciones arqueológicas formadas por materiales recuperados en distintos sitios de la provincia y la región, que permiten acercarse a las historias de quienes habitaron estas tierras mucho antes de la conformación de la sociedad actual.
Cada pieza de cerámica conserva algo más que su forma. Guarda rastros de una técnica, de una manera de habitar el territorio y de una mirada sobre el mundo. Son objetos pequeños en tamaño, pero enormes en significado: fragmentos que sobrevivieron al paso del tiempo y que hoy ayudan a recuperar voces antiguas.
Pensar en aquellas manos moldeando arcilla es también recordar que el arte no siempre nació en grandes salas de exposición. Muchas veces apareció junto al río, en la vida cotidiana de comunidades que encontraron en la tierra una herramienta para crear, comunicar y dejar una huella.
Porque antes de las esculturas de piedra, antes del bronce y antes de las galerías modernas, hubo una materia sencilla que unió naturaleza y creatividad: el barro. Una materia que todavía hoy, después de siglos, sigue contando historias del litoral entrerriano.