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Cultura Urbana

Juana Labarba deja el alma en cada dibujo

A los 20 años estudia Psicología, juega al hockey en la primera de El Quillá y abrió un camino comercial para el arte callejero.

Lunes 02 de Septiembre de 2019

La chica que cambia los fríos vidrios de los ventanales por queribles dibujos, que renuevan las almas de los antiguos locales, está llena de proyectos y sus días son muy intensos porque su mente quiere todo lo que se propone.

Juana Labarba, a los 20 años, describe que su vida transcurre entre los estudios de Psicología, el edificio de la UCA en calle Buenos Aires, los dibujos y en los entrenamientos para jugar al hockey sobre césped en la primera del Club Náutico El Quillá de Santa Fe.

El encuentro para la entrevista en la Redacción de UNO fue pautado con cinco días de anticipación por todas sus obligaciones. Las que tenía y las que se vienen. En los primeros días de septiembre pintará en un evento de Russel con sus amigos de las hamburguesas Cayó Amarillo y el miércoles concentrará con el plantel de El Quillá para jugar el Campeonato Argentino de Clubes, que es el torneo más importante del país.

Ella tiene perfil bajo pero al poner su nombre y el apellido en Google, en la primera página del buscador, la de mayor impacto, aparecen las crónicas deportivas en donde cuentan los goles que marcó y las jugadas importantes en las que participó.

—¿De qué jugás?

—Volante, izquierda o derecha. Voy y vengo por el carril. Ataco y defiendo.

Cuenta, soltando las palabras rápido, que juega al hockey desde los 4 años, que del CAE se fue a Santa Fe en donde se siente muy cómoda. En la vecina capital también estudió Arquitectura, siguiendo el resultado del test vocacional, hasta que se dio cuenta de que le costaba muchísimo. “Morfología era buenísima pero después aparecieron las operaciones, el dibujo con regla hasta que me di cuenta de que en maqueta era malísima, no cachaba una”, reconoció, volvió habló con sus padres y cambió a Psicología en la UCA.

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Pasiones

Juana cuenta que desde chica fue a un taller de arte en donde aprendió técnicas básicas y en la Secundaria sus carpetas tenían más dibujos que contenidos académicos. Siempre trazó líneas creando personajes que, si un guionista los conociera, podrían tener participación en algún comics moderno.

Todo el material que fue generando, en el verano de este año, encontró un lugar en este plano del universo. Nacho, su novio, se había mudado a un departamento y le preguntó si podía hacer dibujos similares a los de Mr Doodle. Compró un fibrón, probó, quedó conforme con el resultado y Nacho habilitó cuatro paredes para ser intervenidas. Esa fue la primera galería porque un día Camilo de Cayó ingresó al hogar y quedó encantado con el trabajo.

Luego de embellecer heladeras con sus creaciones apareció la primera invitación para pintar en vivo. Lo hizo y abrió un portal por donde llegaron la pared de una verdulería (fotos), gimnasios, vidrieras y por estos días está bosquejando dibujos de hamburguesas en las hojas amarillentas de su libreta moleskine negra tapa dura.

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En el bolso también guarda una cartuchera con algunos fibrones. Sacó dos, uno negro y otro rojo, para mostrar el trazo. Todos sus trabajo los realizó con sus fibrones, algunos más grandes, que antes de la gran devaluación conseguía en el Atelier por 260 pesos cada uno.

“Los fibrones más chicos me sirven para rellenar, los podés limpiar, recargar (aunque ahora es más difícil). Si los cuidás te duran toda la vida y yo los cuido como oro”, explicó sobre sus herramientas de trabajo. En el vidrio el trazo queda, mientras que la pared tiene que estar masillada para poder trabajar con estos elementos.

Si bien todo empezó muy rápido y va aprendiendo sobre la marcha, lo que tiene claro es que necesita tiempo para la creatividad porque, afirma, le "estalla la cabeza de ideas" y no las puede plasmar. Entonces toma un trabajo por semana porque reconoce que es un tiempo adecuado para una persona tan perfeccionista. Siempre vuelve a la pared de la verdulería porque contó 24 horas de trabajo segmentando en turnos de cuatro horas.

Como todo en el arte, el precio por su trabajo sigue siendo un problema por tantas variables. Cuando tiene todo resuelto, llega a los eventos y comienza a trabajar con los auriculares puestos para escuchar Chopin o reggae caribeño con muchos vientos, cercano a la salsa. También le gusta la ópera y cuando puede escucha radio. Vorterix está entre sus preferencias y hace unos días fue como invitada al programa Veníamos Bien en donde se sintió muy cómoda.

Fanática de Star Wars, El Señor de los Anillos y Game of Thrones, cuando puede conecta sus pasiones literarias y cinéfilas o se adapta a algunos pedidos puntuales como lo fue el trabajo de “El hombre puede ser científicamente manipulado”.

Fanática del arte callejero, cruzando el río, lo tiene a Cobre Art al que califica como un genio porque “tiene un sentido de la proporción, fuera, fuera de este planeta”, explica aunque advierte que en las redes sigue a miles de artistas, desde Bansky hasta los que pintan en la región, “que son más grandes (de edad) y que son unos capos”.

Reconoce guiarse por las sensaciones porque “cuando más lo decís, menos pasa y yo, de todo lo que me llegó, no me propuse nada”. Eso sí, para estos cuatro meses que quedan para terminar el año quiere aprender a dibujar en la pantalla por lo que tiene que aprender programas y manejar la sensibilidad del trazo. Va estudiar por Internet y quiere realizar cursos de Ilustración por la vía que sea. Para cerrar se propuso perfeccionarse en el uso del aerosol porque acorta caminos.

En el futuro que sueña, para dentro de 20 años, aparece la idea de convertirse en una marca. Que al mirar uno de sus trabajos se reconozca rápido el alma de Juana.

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