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Javier Solari: "No me gusta decir que soy tal cosa, solamente hago"

Juega con la plástica, la música, la literatura, el cine. El martes Javier Solari ofrecerá un recital vía YouTube antes de instalarse en España.

Sábado 12 de Septiembre de 2020

Javier Solari es un tipo que hace cosas. El rótulo de artista le suena pedante y además no le interesan las etiquetas, así que prefiere encauzar su ser en el hacer.

Decir que ha incursionado en diversas disciplinas es poco, una incursión es un viaje superficial. Él se ha metido hasta el cuello en todas las formas de expresión que le interesan, aunque prefiere decir que juega con el arte. Sus trabajos en el área de la plástica son muy conocidos, también su banda David Bovril y Los Porotos Mágicos. Escribió Cowboys from Chajarí –un western litoraleño con delirios autóctonos– libro publicado por La Ventana Ediciones. En lo que al séptimo arte refiere, filmó La tristeza de Mustafá. Acaba de lanzar un nuevo disco, Música de mierda, que puede escucharse en Spotify y Youtube. Justamente a través de esta última plataforma, el martes a las 16 va hacer un recital a la gorra virtual para juntar recursos para su próximo viaje a España, donde irá a establecerse.

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Javier Solari: "No me gusta decir que soy tal cosa, solamente hago"

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No hay margen para la duda: le gusta hacer cosas y estar en movimiento. “Siempre me gustó dibujar, me gustaron las historias, las imágenes, las palabras, la música. Siempre me sedujeron y me gusta jugar con todo eso, es mi manera de evadir la realidad desde chico. Voy pintando, por ahí escribo, pero todo más o menos parte de lo mismo. Soy un vago que hace cosas, explorando con lo que le gusta y lo que tiene a mano. He hecho varias cosas como me han salido, tampoco es que tengo una formación académica, me gusta conocer la técnica, pero lo académico me hincha un poco los huevos”, sentencia.

Si bien no tuvo una educación formal, sí tuvo sus maestros. El gran Carlos Asiaín fue uno de ellos pero, más que nada, fue un amigo. “Es un tipo que para mí fue muy determinante en muchas cosas, un tipo con el que tenía muchas conversaciones sobre literatura, sobre arte en general, una persona muy sensible, con las cosas muy claras y una poesía impresionante. A Carlitos le he tenido una admiración y cariño muy grandes, para mí ha sido un referente en muchas cuestiones de la vida”, cuenta.

Para él es importante tener la libertad de hacer lo que siente, pero no quiere ser encasillado por sus experiencias: “No me gusta decir que soy una cosa u otra, capaz que no soy ninguna, simplemente hago. No sé si soy músico, pero hago música y juego con eso; dibujo y pinto, pero me molesta definirme como artista plástico. Definir me queda incómodo y me aburre. Soy un caos, un quilombo, voy haciendo una cosa y salto a otra, me enredo y sigo. Soy un poco así en todos los ámbitos de mi vida. Para algunas cosas, el ser así te las complica; y para otras en el caos me funciona mucho, más que nada en el arte. Porque me divierte”.

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—¿Y qué hay de tener una disciplina o una rutina en el arte?

—Sí, creo también en la disciplina en el trabajo, pero disciplina me suena a esfuerzo y yo no lo he sentido nunca, porque para mí es un gozo. Es como estar con una mujer y decirle ‘voy a hacer el esfuerzo de hacer el amor con vos’, es horrible. No me sale de esa manera la relación que tengo con lo que hago, lo vivo como un gozo. Por ahí hago un esfuerzo en lo que refiere a mover la obra o vender lo que hago, pero lo artístico es un gran alivio para mí. No me gusta la palabra disciplina, pero no está mal tampoco. Lo que me pasa ahora es que estoy todo el tiempo haciendo algo y eso me estimula, me encanta. Pero en lo que a mover la obra respecta, hay que encontrar un público que se lleve bien con tu lenguaje, ámbitos que encajen con tu lenguaje, y eso tiene que ver con las experiencias personales de cada artista. También es un juego interesante darse cuenta por dónde va lo que uno hace, y es algo que lleva un montón de tiempo.

—Eso implica que no hay una separación arte-vida, sino que el arte es un estilo de vida.

—Sí, la verdad que sí. Igual, no me gustan las palabras grandes como ‘el arte, el artista’, me siento más como una persona que hace una cosa, así como un panadero hace pan y otros hacen otras cosas para vivir. Sí digo que mi vida es bastante distinta a la de la mayoría, no sólo en cómo se encara, cómo se vive y cómo se piensa. Y yo me encontré con un estilo de vida que me fue haciendo a mí, no sé si lo hice yo. Moldeó mi forma de relacionarme con los demás y conmigo mismo.

—Y en esto de relacionarse con los demás, ¿qué te interesa transmitir?

—No sé ni me lo planteo; hay temáticas que son más sencillas y otras más complejas, quizás algunas se repiten. Pero no importa mucho, no me interesa transmitir una cosa, cuando uno está jugando con algo va haciendo, y no piensa en lo que va a transmitir. Lo que me sale me sale en el momento, por lo que ocurre en ahí, en el lenguaje. Pero no es algo preciso, es algo amplio. Y por ahí el tema es una excusa, y donde está el juego es en los detalles.

—¿Cuáles son los preconceptos que más te hinchan en lo que al arte refiere?

—En este momento, lo que me hincha mucho las bolas es la idea de la certeza, del saber absoluto, del tener una verdad y no dar lugar a la duda, al juego, a las circunstancias donde uno puede cuestionarse las propias ideas. Eso de tenerla re clara de cómo son los demás y cómo deberían ser las cosas me incomoda mucho. Me jode cada vez más el lugar de las personas que tienen una soberbia muy grande, las frases taxativas acerca de cosas. Eso me parece estúpido, el estar tan seguro de uno mismo y de los pensamientos propios, tenerlos en tan alta estima, largar esas frases de autoayuda soberbia. Y eso es no jugar a absolutamente nada, es un bardeo sin sentido. Pero también me gustan muchas cosas de personas y de vidas que tengo a mi alrededor por eso no me preocupo tanto.

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—Y ahora te estás por ir a España, ¿qué proyectos te mueven para allá?

—Allá voy hace tiempo y tengo mi gente también allá, tengo también muchos intereses que suman y que acá están un poco más difíciles, o aburridos, o tristes. Allá tampoco está muy fácil en este momento, pero es un lugar que siento muy mío, donde siento que tengo que estar en ese momento, si bien conlleva un trauma grande el llevar la vida para allá y acomodarla, porque acá tengo muchos lazos. No es que voy a una cuestión segura, pero tengo mucho cariño allá y muchos proyectos que tienen que ver con la música y la pintura.

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