Teatro
Sábado 02 de Febrero de 2019

Hugo La Barba, una leyenda viviente y vigente del teatro entrerriano

El actor victoriense, distinguido con el Premio Escenario a la Trayectoria en 2018, sigue trabajando en proyectos teatrales y cinematográficos

"Hacía una obra en la que me transformaba de un personaje en otro en poco tiempo, era algo muy mágico. Pasaba de ser un croto, a alguien elegante que usaba camisa con jabot, galera, tenía sus distintos pares de zapatos. Y ese cambio lo tenía que hacer en 40 segundos, ayudado por alguna compañera de elenco. Cuando aparecía en escena se escuchaba un 'oohhh', una expresión de sorpresa porque me reconocían. Y creo que fue en una función en Concepción del Uruguay, cuando hago la reverencia final para saludar, que me vi los pies y me quise morir: en un pie tenía un zapatito marrón tipo scarpino y en el otro un calzado 'tipo bulldog', creo que le decían. Supongo que la gente que fue a ver esa función, hasta el día de hoy debe estar preguntándose qué mensaje simbólico y oculto intenté dar con eso. Y así como esa anécdota tengo miles: otras veces me he quedado encerrado, me equivoqué en la entrada, me ha pasado de todo", cuenta el actor victoriense Hugo La Barba, uno de los referentes del teatro entrerriano.
El año pasado fue distinguido por Diario UNO de Entre Ríos con el Premio Escenario a la Trayectoria por sus cuatro décadas de camino teatral recorrido. Sin embargo, él explica que son más de cuarenta años, pero hay cosas que no las tiene registradas en el currículum porque no tiene comprobantes ya que no tenía la costumbre de guardar programas de esas funciones.
"Todo empezó en la escuela. El teatro en la escuela es algo a lo que yo le doy total importancia, es una herramienta de aprendizaje; recuerdo en la Primaria a las maestras con sus revistas La Obra, con pequeñas obras de teatro para fechas patrias. Yo he sido San Martín, Belgrano, Pasos, y no recuerdo cuántos próceres más. Después en el Secundario, en la escuela de Comercio, teníamos a un referente a nivel provincia, el profesor Eduardo Allende; en esa época el teatro no era para nada popular como sí lo es hoy. Pero me parece importantísimo que en las escuelas haya una cátedra de Teatro dictada por gente formada en el teatro", recordó, en diálogo con Escenario, y añadió que con Allende hizo de actor, de escenógrafo, de técnico iluminador. En cierta manera, ya estaba haciendo teatro.

De vieja escuela
"No éramos muchos en esa época, pero por suerte hoy hay muchos chicos que se han volcado a la actividad teatral. Antes, el que andaba en teatro no estaba bien visto; y mucho menos después, en la época de la dictadura. Nos convocábamos de boca en boca, por amistad o por recomendación, y así se podría llegar a formar un elenco. Pero los talleres teatrales no existían, por ahí llegaba un director o profesor de alguna otra ciudad y se empezaba a trabajar directamente sobre una obra. Cada cual copiaba su partecita del guión y el pie que le daban en el diálogo y se la llevaba a su casa para estudiarla. Se trabajaba seis o siete meses y se hacían una o dos funciones, si hacías tres eras Gardel. Obviamente, hablo de lo que pasaba en Victoria. Pero hoy hay talleres de juego teatral para chicos, se entra al teatro de manera diferente", manifestó el actor, al recordar sus primeros pasos por las tablas.
Por otra parte, destacó que en la provincia hay cada vez más elencos y más obras, pero especialmente, más actividad "tras bambalinas": "Mucha gente e incluso teatreros, suelen decir '¿qué pasa, que no hay teatro?', refiriéndose a que no están viendo obras en la cartelera, como si el teatro solo sucediera cuando se corre el telón y se encienden las luces. Pero mientras tanto, en ese tiempo en el que no se presenta la obra, el director y el actor están generando proyectos, están ensayando y a veces sale, se corre el telón y se prende la luz; pero otras no, se aborta. El teatro es así".

El teatro es vida
Su trayectoria en su ciudad, la provincia y el país le ha valido el reconocimiento tanto de sus colegas como del público en general, en el ámbito del teatro, como así también en el cine. Con su trabajo recorrió gran parte del país y ha hecho amigos en cada ciudad en la que se ha presentando.
Su debut teatral fue en 1972, en la obra La bolsa de agua caliente, si bien su acercamiento al teatro se dio durante su infancia. A lo largo de su carrera intervino en más de 70 espectáculos como intérprete y también en el rol de director. Ha sido distinguido con el premio Cimarrón Entrerriano, otorgado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia en 2010; el Premio Escenario 2007 a la Mejor Labor Individual en Teatro por su labor en la obra Corazón de humo; entre otras distinciones.
A más de 40 años de su debut teatral oficial, se encuentra con la llama del teatro encendida, aunque un poco "más haragán", dice. Sin embargo, se encuentra programando una reposición y gira de La gota que horada la piedra, obra que protagonizó junto a Laura Porcel de Peralta, y bajo la dirección de Juan Carlos Gallego realizó cuatro funciones a sala llena en Arteatro.
A su vez, está leyendo, un texto teatral escrito por un amigo en vistas a poner en cartel una nueva obra. Y por otro lado, está leyendo el guión de una webserie: "El Premio Escenario es como que vino con un pan debajo del brazo, como los chicos. Me convocaron para una serie documental y a esto se sumó la filmación de un teaser para una serie infantil, que se concretó días atrás, y anoche me llamaron para participar en un largometraje que se va a rodar acá en el interior. No sé si me van a dar los tiempos para todo"
Hugo es un observador meticuloso, cada personaje que interpreta es el resultado de un intenso proceso creativo con el fin de transmitirle ideas y sentimientos a los espectadores: "El teatro es vida, el teatro ayuda a crecer, a abrirse. Un personaje que le haga un tajo a uno y vaya hasta el hueso, de esos personajes que uno quiere, puede abrirnos la cabeza a pensar de otra manera. Es mi manera de sentir".

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